Adiós gasolinera, hola gestión energética. ¿Exageramos si decimos que los coches eléctricos han transformado nuestra forma de movernos?

  • ¿Sabes lo que puedes llegar a conocer sobre gestión energética conduciendo un vehículo eléctrico? 

  • Desde el controlador de flujos de energía hasta la recarga "consciente" en casa, hay muchas formas de controlar la electricidad que consumes.

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Durante décadas, nuestra relación con el coche se ha basado en un modelo de consumo lineal y conveniente. El proceso es sencillo: el depósito se vacía, acudimos a una gasolinera y, en pocos minutos, repostamos sin necesidad de entender bien qué ocurre bajo el capó. El motor de combustión, que sigue siendo extraordinario por su densidad energética y facilidad de repostaje, nos tiene acostumbrados a un papel secundario en la gestión del combustible. Simplemente delegamos en una red externa de suministro cada vez que baja la aguja, asumiendo (no sin cierto fastidio) el coste del mercado en ese instante preciso.

Sin embargo, la transición hacia el coche eléctrico está introduciendo variables más allá de la cuestión medioambiental, y que influyen en nuestro papel como usuarios. Quizá lo estemos normalizando tanto que no nos demos cuenta, como lo fue nuestro salto a internet hace décadas o el uso de herramientas IA en la actualidad.

La transición hacia el coche eléctrico está introduciendo variables más allá de la cuestión medioambiental, y que influyen en nuestro papel como usuarios

Pero el hecho es que estamos pasando de ser conductores pasivos que "gastan" energía a verdaderos gestores energéticos que la administran. Un nuevo rol que, lejos de suponer una carga, ofrece un nivel de control sobre el gasto y el rendimiento que parecía imposible en la era térmica. El coche eléctrico ya no es un simple medio de transporte, sino un elemento móvil en un ecosistema energético mucho más amplio y eficiente. 

Si te interesa el tema, te lo contamos más en detalle en este artículo.

De consumidores de combustible a gestores de kilovatios

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Hasta hace poco, la eficiencia con un coche térmico solía ser una métrica estática que consultamos en el cuadro de instrumentos con cierta indiferencia. Sabemos que el consumo sube en ciudad o a altas velocidades, pero nuestra capacidad de reducirlo en tiempo real es limitada. En cambio, el conductor de un vehículo eléctrico vive una curva de aprendizaje técnica con conceptos como la curva de carga, la temperatura de las baterías o la aerodinámica activa. Y ya no habla de "llenar el tanque", sino de gestionar flujos de energía con una importante capacidad de influir en la eficiencia.

Ya no hablamos de "llenar el tanque", sino de gestionar flujos de energía con una importante capacidad de influir en la eficiencia

¿Exageramos? No si vemos por ejemplo cómo funciona la frenada regenerativa: mientras que en un coche convencional frenar supone un gesto mecánico, en el eléctrico es una oportunidad de recuperar energía, aprendiendo a leer el tráfico y la orografía para optimizar el proceso. No se trata de una conducción "sufrida" para ahorrar, sino de una conducción más consciente (y no exenta de cierta satisfacción personal) donde decidimos cuánta energía queremos recuperar y cómo queremos utilizarla en el siguiente tramo.

Además, esta gestión energética nos hace mucho más conscientes de los costes reales. Mientras que poco podemos hacer con el precio de la gasolina (más allá de irnos a otra gasolinera), el coste del kWh es una variable que sí podemos ajustar a nuestras necesidades (sobre todo en casa). Como “gestores energéticos” aprendemos cuándo es más barato cargar, la diferencia entre una carga lenta en casa y una carga rápida de viaje, y a adaptar nuestra conducción para minimizar el gasto. El coche eléctrico, en este sentido, premia nuestro conocimiento técnico de una forma que el motor de combustión, por su propia naturaleza mecánica, no puede hacer.

¿Quién dijo incertidumbre?: la tecnología y la planificación le dan la vuelta a todo

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La autonomía sigue siendo (aunque cada vez menos) una de las principales barreras psicológicas a la hora de dar el salto al coche eléctrico. Pero si lo analizamos en profundidad, el problema no es la capacidad de las baterías en sí, sino la falta de información de la que puede disponer el conductor (como el eterno debate entre “autonomía homologada” y “autonomía real”). Por suerte, en las últimas generaciones de coches eléctricos modernos, como los de la gama E-Tech de Renault, la autonomía pasa de ser una conjetura a una ciencia más precisa gracias a la integración profunda de la tecnología.

Cuando ponemos una dirección en Google Maps, el coche no se limita a darnos una ruta, sino que realiza un estudio energético completo en tiempo real

En sistemas de infotainment como el openR Link, cuando ponemos una dirección en Google Maps, el coche no se limita a darnos una ruta, sino que realiza un estudio energético completo en tiempo real. Cruzando la información geográfica, meteorológica y del tráfico de todo el trayecto, el sistema puede calcular con un margen de error mínimo aspectos como cuándo y dónde parar a recargar, cuánto tiempo necesitaremos en cada parada y con cuánta batería llegaremos a nuestro destino. Y no solo eso, sino que al tener esta información, el coche también puede pre-acondicionar térmicamente la batería al acercarnos al punto de recarga para que esta sea más óptima y eficiente.

Por supuesto, todos estos cálculos internos se traducen en información dinámica para que nosotros como conductores podamos participar en todo momento y de forma activa en la gestión eficiente de los recursos (la energía del coche y nuestro preciado tiempo). 

Además, en los coches eléctricos E-Tech de Renault se nos pueden mostrar multitud de indicadores (según modelos), como medidores de energía en tiempo real (económetros que marcan kWh), gráficos de flujo de energía e incluso la puntuación de nuestra conducción y consejos para circular de forma más “eco”. Así con todo, la autonomía deja de ser un limitante para convertirse en un recurso gestionable, y a la postre, esa transparencia y capacidad elimina el factor ‘incertidumbre’ y lo sustituye por el de ‘control’.

No todo acaba en la carretera, el coche eléctrico es tu nuevo partner energético

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Este nuevo rol de “gestor energético” no termina cuando aparcamos el coche eléctrico en el garaje. En el modelo tradicional, un vehículo es un gasto pasivo mientras está detenido, pero con la movilidad eléctrica, el coche es una batería móvil que se integra en la infraestructura energética de nuestra vivienda. La posibilidad de cargar en casa no solo aporta comodidad, sino que permite ajustar el gasto energético contratando tarifas eléctricas flexibles o, idealmente, haciendo autoproducción con placas solares.

Podemos programar el coche eléctrico para que solo consuma energía en las horas valle de nuestra tarifa, o para que utilice el excedente de una instalación fotovoltaica

Aquí entran en juego conceptos como la smart home y la recarga inteligente, en donde podemos programar el coche para que solo consuma energía en las horas valle de nuestra tarifa, o para que utilice el excedente de una instalación fotovoltaica. Pero también otros que aprovechan la movilidad del coche, como la tecnología V2L (Vehicle-to-Load). Los últimos modelos eléctricos de Renault, incluso el pequeño Renault Twingo E-Tech eléctrico, ya cuentan con ella, y permite alimentar dispositivos externos en cualquier lugar, como equipos de acampada o incluso un puesto de teletrabajo en mitad de la naturaleza.

Está muy bien lo de la gestión energética, ¿pero cómo lo aplicamos?

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Aunque muchas de estas posibilidades suenen técnicamente complejas e incluso de ciencia-ficción, hay numerosas formas prácticas de participar de forma activa en la gestión energética del vehículo. En los modelos eléctricos de Renault podemos encontrar muchos ejemplos, como las levas para controlar los niveles de la frenada regenerativa y con la que podemos decidir en todo momento (y de forma muy ergonómica) la capacidad del coche de recuperar energía. O el botón Multisense en el volante, con el que podemos cambiar fácilmente entre los modos de conducción y escoger aquel cuya relación entre prestaciones y consumo energético más nos interese en cada momento (el Modo ECO, además, cuenta con un botón propio dedicado).

Otro ejemplo de gestión energética en remoto sería la aplicación para móviles My Renault, con la que podemos pre-climatizar el vehículo mientras aún está enchufado y ahorrar esa energía de la batería.

Aunque muchas de estas posibilidades suenen técnicamente complejas, hay numerosas formas prácticas de participar de forma activa en la gestión energética del vehículo

Lo cierto es que Renault ha posicionado su tecnología E-Tech 100% eléctrica como facilitador de este nuevo rol de gestores energéticos. La marca no se ha limitado a reinterpretar modelos icónicos ya existentes, sino que ha diseñado una arquitectura electrificada pensada desde cero para que la gestión energética sea intuitiva y, sobre todo, eficaz. Renault está desarrollando además motores síncronos con rotor bobinado, que además de ser más ecológicos (no utilizan tierras raras) pueden permitir cargas más rápidas y mejoran el rendimiento en carretera. Todo ello permite que la gestión de la autonomía sea más predecible en viajes largos.

En definitiva, la transición al vehículo eléctrico no debe entenderse como perder la libertad de movimiento que nos dieron los motores térmicos, sino como la evolución hacia una libertad más consciente y controlada por el usuario. Las estaciones de servicio (ahora con puntos de carga) no desaparecerán, pero sí la obligación de repostar siempre en ellas, lo que nos impulsa a tomar las riendas de nuestra propia gestión energética. 

Al final, el coche eléctrico nos ha devuelto algo que habíamos perdido en la rutina de los combustibles fósiles: conocer cómo funciona nuestra movilidad y la capacidad de decidir cómo queremos consumir nuestra energía. No se trata solo de un cambio de tecnología, sino el fin de la pasividad al volante.

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