El concepto de "turismo de gasolinera" ha pasado de ser casi anecdótico a normalizarse en Europa (en Francia lo saben bien). Dinamarca y Países Bajos encabezan los países con los combustibles más caros del club comunitario (no hablamos ya de Noruega, donde están disparados).
En este escenario Países Bajos está viendo cómo sus gasolineras se vacían: los neerlandeses están cruzando la frontera en masa parea repostar en Alemania y Bélgica, y también para reabastecerse de otros bienes. Los comerciantes holandeses temen que sus localidades se conviertan en "pueblos fantasma".
El turismo de gasolinera llevado al extremo y que amenaza con dejar pueblos vacíos
Una brecha de precios imposible para los consumidores. Los Países Bajos suele registrar los precios más altos de la UE en combustible: a fecha de octubre de 2026, llenar el depósito en territorio neerlandés cuesta sustancialmente más que al otro lado de la frontera. Por ejemplo, el litro de gasolina E10 ronda los 2,44 euros en los Países Bajos frente a los 2,10 euros en Alemania, lo que supone un ahorro de más de 13 euros por cada depósito de 40 litros. Recordemos que Alemania ha reducido los impuestos especiales sobre el combustible, abaratando el precio en unos 17 céntimos adicionales por litro.
En Bélgica por su parte sale 17 euros más barato repostar que en los Países Bajos. Esto se debe en parte al conflicto en Oriente Medio, pero también a que la reducción del impuesto especial se eliminó gradualmente a partir de 2026.
UN VISTAZO A...
El éxodo de conductores. Los elevados precios está provocando que los conductores holandeses crucen la frontera a Alemania y Bélgica no solo para llenar sus depósitos, sino para abastecerse de comida y otros bienes que también son más baratos en estos países, y también recargar las baterías de los coches eléctricos.
Los datos sobre pagos con tarjeta del De Nederlandsche Bank muestran que en los primeros seis meses de este año, los consumidores neerlandeses realizaron más de 25 millones de transacciones con tarjeta en gasolineras de Alemania y Bélgica, lo que supone un aumento del 20 % con respecto al mismo periodo del año anterior. El gasto total aumentó aún más: se gastaron alrededor de 1500 millones de euros al otro lado de la frontera utilizando tarjetas de débito y crédito neerlandesas, un incremento del 32 %.
La cara B: el miedo a los pueblos fantasma. Si bien el tráfico transfronterizo está repuntando, las gasolineras nacionales están sufriendo las consecuencias. El número de transacciones en las gasolineras neerlandesas cayó un 3 % hasta los 187 millones en el primer semestre del año. Las asociaciones comerciales neerlandesas fronterizas han advertido del riesgo de que sus localidades se conviertan en "pueblos fantasma" debido a la fuga masiva de ingresos hacia Alemania.
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