"La vergüenza está en temer fracasar": así fueron los batacazos de Henry Ford antes de dominar el mundo del motor

La tenacidad y carácter obsesivo de Ford le hicieron perder la Detroit Automobile Company, que después se convertiría en su rival: Cadillac

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Victoria Fuentes

Todos conocemos el apoteósico éxito del Ford Model T y cómo cimentó la industria del siglo XX, pero se habla menos de los sonoros batacazos económicos que se pegó su creador antes de 1903.

Y fueron precisamente la capitalización de esos fracasos lo que impulsaron el paso de Henry Ford. Por eso advertía: "Prepárate para revisar cualquier sistema, abandonar cualquier método, tirar cualquier teoría, si el éxito del trabajo lo requiere". E insistía es que había que prepararse para fracasar.

Usar el fracaso como retroalimentación

Henry Ford lo tenía claro: "No hay vergüenza en el fracaso honesto; la vergüenza está en temer fracasar". Este empresario sabía que solo observando los logros de la competencia y aplicando el ensayo-error podía tener éxito, y sabía que un fracaso era una oportunidad para empezar de una forma más inteligente.

Y de esto sabía bastante.

En 1986, cuando Ford trabajaba como ingeniero jefe en la Edison Illuminating Company, Ford construyó su primer vehículo autopropulsado: el Quadricycle. Aunque funcionó, Thomas Edison y sus superiores le aconsejaron no perder el tiempo con "juguetes a gasolina". Tras venderlo por 200 dólares para financiar su siguiente prototipo, Ford descubrió que la fabricación artesanal no era comercialmente viable.

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Entre 1899 y 1901 llega un varapalo mayor: la quiebra de la Detroit Automobile Company. Ford cofundó la empresa para dedicarse en cuerpo y alma a ella. Se volcó tanto que pasaba meses y meses perfeccionando prototipos en lugar de producir vehículos para vender, y los pocos que fabricaba -una camioneta de reparto- tenían precios astronómicos. Los inversores se cansaron y disolvieron la compañía en 1901, dejando a Ford valiosas lecciones.

En 1902, después del golpe, Ford recibiría otro: la salida forzada de la Henry Motor Company, una empresa que él mismo diseñó con el objetivo de fabricar coches de carreras. No era el objetivo de los inversores, que le desplazaron y convirtieron la empresa en la archiconocida Cadillac Automobile Company. Ford se marchó con 900 dólares y el derecho a usar su nombre.

En 1903 Ford asimila el golpe. Entiende que no puede hacer coches pesados y caros (su primer error), ni centrarse solo en las carreras (su segundo error). Se enfoca en la fiabilidad extrema, la sencillez y la producción barata. Así nace en 1908 el Model T, aplicando todo lo aprendido en sus años de fracasos.

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