
Los coches que conducen sólos ya no están tan lejos de ser una realidad. Este prototipo es una muestra de lo que se puede conseguir de momento en conducción autónoma, pero enfocada a la asistencia del conductor y no a reemplazarlo completamente. Se trata de conseguir aumentar la seguridad y el confort en los trayectos con la ayuda de sensores que “leen” el entorno.
Basado en un Volkswagen Passat Variant con cambio DSG, el iCar tiene sensores de radar, láser y ópticos (cámara) con los que vigila el entorno de 360º del coche. Un pequeño cluster de ordenadores, que ya miniaturizarán, evalúa las condiciones y si es necesario actúa sobre acelerador, frenos o dirección. Una de sus aplicaciones prácticas es en la autopista.




