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Discusión al volante, distracción constante

Dicen que la distracción es causa de siniestralidad vial en un 25 % de los casos, y que ha aumentado en un 75 % durante la última década. Normalmente al hablar de distracciones todos giramos la cabeza cual niña del exorcista hacia los móviles, los navegadores y la thermomix, aunque los hay que van por la vida con un buen libro sobre el volante, que ya se sabe que la cultura hay que cultivarla.

Sin embargo, a menudo nos olvidamos de un factor de distracción pri-mor-dial: los acompañantes. Mejor solos que mal acompañados, sí, y nada más apropiado para demostrarlo que un estudio (de la celebérrima serie de los estudiosqueafirmanque) que afirma que (claro…) conducir demasiado rápido es la principal causa de discusión en la pareja cuando ambos viajan juntos en coche.

Vamos ya con el ranking de este estudio, basado en una encuesta realizada por Tesco Cars, la popular cadena de venta de vehículos de segunda mano del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que asegura que dentro del coche los motivos de bronca más habituales son estos:

  • Mentir sobre la velocidad: 23,00 %
  • Conducir demasiado rápido: 22,72 %
  • Apuntar mal una dirección: 18,01 %
  • Otras: 15,86 %
  • Conducir demasiado cerca del coche que nos precede: 13,31 %
  • Ser demasiado agresivo: 11,83 %
  • Aparcar: 5,11 %
  • Elección de la música: 4,70 %
  • Conducir demasiado despacio: 4,57 %
  • Niños peleando en las plazas traseras: 3,90 %

Lo más posible es que el universo de la encuesta y el margen de error nos ofrezcan un panorama lo suficientemente dantesco como para no hacerle mucho caso a estos datos, pero siempre nos podemos echar unas risas a propósito de ellos y compartir nuestras experiencias al respecto. No cambiaremos el mundo, pero al menos echaremos la mañana.

Papá, no corras… ¡copón!

Jeremy Clarkson, probando un Ariel Atom en Top Gear- Vas muy rápido.
- No, ¡qué voy a ir rápido! Voy… como siempre.

Esta pelea se las trae porque tanto una posición como la otra son tan absolutas como subjetivas. En ocasiones, no es tanto el ir rápido de verdad como la diferente percepción que tienen el conductor y el acompañante. Sin ir más lejos, un manejo nefasto de pedales y volante causa al acompañante la misma sensación que si viajara a bordo de una nave Soyuz de 1968 tripulada por un comandante relleno de vodka.

Acelerar a fondo para frenar de repente y/o a última hora son ese tipo de acciones que preocupan, y mucho, al acompañante. Va una pista para ti si eres uno de esos conductores. Si tu acompañante comienza a dar pisotones con el pie derecho hasta rasgar la alfombrilla con la uña del dedo gordo o se agarra al asidero que hay sobre la ventana hasta que se le gangrenan las manos, mal asunto. Y no, no hace falta que te gires para mirarle la cara que lleva puesta.

En situaciones como estas el conductor suele ir más feliz que una perdiz porque su cerebro tiene más o menos controlados los movimientos que realiza el cuerpo y, por tanto, el vehículo, mientras que su acompañante no tiene el dominio de la situación, no sabe con exactitud dónde está el próximo susto del viaje y va literalmente acojonado (2) cuando no mareado directamente.

Perdiendo las formas tras perdernos por el camino

Perdidos- ¿Seguro que era por aquí?

Vale. Y si no era por aquí, ¿ayudará mucho pelearse? ¿Qué más da si la dirección está mal tomada o si el mapa está del revés? Una pelea así es absurda, hombre. Yo mismo he llegado a amenazar a un acompañante con dejarlo tirado en medio de la nada si no paraba de incordiar con indicaciones que hacían referencia a caminos válidos 40 años atrás, pero no hoy. El acompañante era mi padre.

Y es que una de las peores sensaciones que puede tener un conductor es la falta de seguridad en lo que está haciendo. Cualquiera que haya conducido durante al menos un año de su vida sabe que perderse va muy bien para aprender y para ganar sentido de la orientación, pero nunca cuando hay reproches de por medio.

Si eres de los que se pierden mucho y no crees en los GPS, te doy un consejo de buena fe: en vez de preguntar una dirección al primer abuelo que te encuentres y exponerte a acabar más perdido aún, mejor pregúntale por la Policía, que eso todo el mundo lo suele tener más o menos controlado, y una vez en Comisaría ya te enseñarán un plano con el que podrás orientarte, espero.

Y si no, te habré perdido como lector. Bueno, y tu familia te habrá perdido como pariente, claro.

La música en el coche

Música para el coche- Agarafilen dechunáis gonabí a gunnai…

Este es otro de esos puntos que no acierto a comprender. ¿Que la gente se discute por la música que suena en el coche? ¡Pero si eso tiene fácil solución! Se desintonizan las emisoras que no te interesan, se queman los CD que no soportas y se llenan el iPod o la pastilla USB con los grandes éxitos de tu conveniencia. ¿Algún problema?

Ahora un poco más en serio. Hay música y música, y eso de que la música amansa a las fieras, mira… por aquí. Tú métete entre tímpano y caracol una sesión de 15 horas de lo más mejor del reggaeton y si sobrevives a la experiencia me cuentas cuán manso estás. Y si eso mismo lo perpetras dentro de un coche con gente… me solidarizo con el club de damnificados que monten tus allegados.

Para conducir es recomendable un poco de música, claro que sí, pero siempre buscando algo que nos ayude al volante, sin que lo que suene sea un recopilatorio de nanas que te lleve a los brazos de Morfeo y de paso al hospital más cercano, ni tampoco una sesión de thrash que te haga creer muy firmemente que un semáforo en rojo en una opinión tan discutible como cualquier otra.

Cómo aparcar sin divorciarse a cambio

Aparcar, una maniobra de riesgo

Pero si hay una causa de discusión que sencillamente me enamora es la del aparcamiento. Desde el alegre y estimulante “pues aquí no vas a encontrar sitio”, pasando por el edificante “¿seguro que ahí no cabes?” hasta llegar al imprescindible “estos se van a pensar que nos hemos perdido”, siempre interpretados a la perfección por el acompañante que busca bronca en cualquier formato.

A veces hay esa especie de espectáculo cuasi circense que protagoniza un intrépido conductor que se dispone a aparcar mientras su acompañante lo guía desde el exterior. Nunca he sabido si el que la maniobra llegue a buen término se debe a una simple coincidencia o a una inesperada pericia por parte del conductor, pero desde luego no hay razón para pensar que sea por las instrucciones dadas.

Y si encima ahora resulta que esto de aparcar tiene la suficiente enjundia como para llegar a cabrear a 5 de cada 100 parejas que conviven durante un ratico dentro del habitáculo de un coche… es que como sociedad estamos mucho más enfermos de lo que parece. En serio lo digo.

Ah, por cierto… Sí, vale, la noticia es del pasado mes de julio, pero es que yo no la conocí hasta esta semana pasada, que en una página de la competencia hicieron un refrito aprovechando la calor que está cayendo este verano. Pero no nos vamos a pelear ahora por eso, ¿verdad?

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