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Jenatzy fue el primero en superar los 100 kilómetros por hora; pero no fue el primer recordman.

Todo empezó a mediados de diciembre de 1898, cuando el director de la tataratatarabuela de Motorpasión, France Automobile, convocó una carrera contrarreloj. A su llamada acudieron los mejores pilotos de la Edad Heroica: Baras, Farman, Mors, Giraud, Rigal y Chasseloup-Laubat, entre otros. Precisamente éste último, conde y uno de los miembros fundadores del después omnipotente Automobile Club de France (ACF), estaba llamado a llevarse el gato al agua.

Para obtener la victoria, se decantó por la utilización de un automóvil eléctrico Jentaud de 40 CV y 1450 kilos de peso, la mitad de ellos correspondiente a las baterías. En una época durante la cual la valía de un coche se medía por la velocidad que era capaz de alcanzar, venció a sus competidores de gasolina al cruzar la línea de meta del kilómetro lanzado a 63,13 Km/h. Se había convertido en el primer plusmarquista de velocidad a motor.

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Los duelos

Casi al instante, la noticia llega al ingeniero electrotécnico belga y constructor de vehículos eléctricos Jenatzy; cuya pasión, por encima de todo, son las carreras. De carácter vehemente y apasionado, apodado por ello y por su barba pelirroja Red Devil; las portadas de los periódicos sacuden su sistema nervioso: inmediatamente envía una carta al conde haciéndole saber que quedaba retado a, dentro de un mes, conservar el título de hombre más rápido del mundo.

17/1/99, carretera de Achères, al norte de París. El piloto belga se lanza y agota el poder de sus baterías al trasponer la línea de llegada, a 66,65 kilómetros a la hora. Chasseloup-Laubat se revuelve en su asiento: sabe que no las tiene todas consigo. Pisa a fondo y revienta el motor de su Jentaud a 200 metros de la meta pero… ¡Aún así gana! 70,31 Km/h lo acreditan.

Jenatzy queda en entredicho, pero él no es de los que se dan por vencido, tal y como lo demostraría en los años venideros convertido en una de las leyendas de Mercedes. Pide la revancha para diez días después y se dedica a mejorar su bólido. Igual actitud asume el aristócrata y se vuelven a ver las caras en la fecha prevista, venciendo esta vez el Diablo Rojo a 80,33.

El asunto está que arde: Chasseloup pide y obtiene el partido de vuelta para marzo. Afina su máquina, le apoda El torpedero y se lleva de nuevo el récord a casa tras batir el kilómetro lanzado a 92,69. (No, lamentablemente no puedo ofreceros ni una foto de ella).

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El record

“Tengo que dar jaque mate de una vez por todas”: esto es lo que debía de pensar el ingeniero belga, el cual construye la Jamais Contente. Ésta es una especie de cigarro (o supositorio, prefiero cualquier cosa antes que misil) pionero en el revestimiento de aluminio y en la aplicación de principios aerodinámicos.

Al verla en acción, su oponente decide retirarse del duelo y contemplar el sprint de su oponente desde la grada. El 29 de abril de 1899, Jenatzy surca la carretera de Achères a 105,88 kilómetros por hora y gracias a ello se convierte en el guardián del que ya había sido nominado como World Speed Record. Lo conservaría durante tres años y ningún vehículo eléctrico podría superar a la Jamais Contente en casi medio siglo.

No sé a vosotros, pero mí todo esto me pone los pelos como escarpias.

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