Hay coches que representan un punto de inflexión para una marca. Es el caso de este nuevo Range Rover Electric, aunque viéndolo a simple vista pueda parecer el mismo coche que se ha convertido en icono entre los todoterreno de lujo actuales.
Pude verlo en persona el pasado mes de julio, durante mi estancia en Goodwood coincidiendo con el Festival of Speed, y ya entonces tuve la sensación de que Range Rover estaba ante uno de esos momentos importantes de su historia.
Porque electrificar un modelo de la gama es relativamente sencillo. Lo han hecho con muchos, tanto los Sport como los Velar o los Range Rover grandes tienen versiones híbridas enchufables.
Lo realmente complicado es conseguir que un coche que durante décadas ha construido su identidad alrededor de un enorme motor de combustión, del lujo y de unas extraordinarias capacidades todoterreno siga siendo reconocible cuando desaparece, por completo en este caso, el motor térmico.
Y eso es precisamente lo que ha intentado hacer Range Rover con este coche: no crear un SUV eléctrico que casualmente lleva el nombre Range Rover, sino conseguir que sea, antes que nada, un Range Rover y después un coche eléctrico.
La propia marca lo resume con una frase que define perfectamente el proyecto: “ser ante todo un Range Rover y, en segundo lugar, eléctrico”. Y después de conocer sus cifras y, sobre todo, de haberlo visto en directo, creo que esa es la clave para entenderlo.
El Range Rover que inaugura una nueva era
Desde 1970, Range Rover ha construido una identidad muy concreta. Lujo, capacidad todoterreno, confort y una forma muy particular de entender el automóvil. Con el paso de los años se ha convertido en mucho más que un vehículo capaz de desenvolverse fuera del asfalto: es uno de los grandes iconos del automóvil británico.
Un coche con el que se dice que puedes ir por la mañana de cacería al campo, darle un manguerazo e ir a cenar al restaurante más lujoso de Londres por la noche. ¿Podrá hacer lo mismo el nuevo Range Rover Electric?
Estamos ante el primer Range Rover completamente eléctrico y llega con la intención de elevar todavía más algunos de los atributos que tradicionalmente han definido al modelo. La ausencia de un motor de combustión, sobre el papel permite reducir todavía más el ruido y las vibraciones, consiguiendo una experiencia más refinada en un coche que es referente en este sentido en todas sus versiones.
Además la entrega instantánea de par encaja especialmente bien con esa sensación de avanzar sin esfuerzo que siempre ha buscado Range Rover.
La marca asegura que es el Range Rover más silencioso, receptivo y con mayor par motor de la historia. Y no hablamos precisamente de un SUV falto de prestaciones: sus dos motores eléctricos de imanes permanentes desarrollan hasta 550 CV y 850 Nm de par, cifras que lo colocan en territorio de auténtico V8.
Y lo más interesante es que todo esto no ha obligado a cambiar radicalmente su personalidad. De hecho, a simple vista sigue siendo el mismo coche de siempre.
Lo vi en Goodwood y sigue siendo inequívocamente un Range Rover
Una de las cosas que más me llamó la atención al verlo en Goodwood fue precisamente que, a pesar de tratarse de un coche completamente nuevo desde el punto de vista de la propulsión, no intenta llamar la atención como muchos eléctricos.
No necesita formas extravagantes, elementos aerodinámicos exagerados ni una estética futurista para dejar claro que estamos ante un coche eléctrico. A primera vista sigue siendo ese Range Rover cómodo y elegante, igual que el que me acababa de llevar a Goodwood desde el aeropuerto de Heathrow, aunque ese era un SV con motor V8.
La filosofía de diseño es lo más continuista que he visto en un coche eléctrico en mucho tiempo. Se mantienen todas las cotas, las proporciones, superficies limpias y líneas rectas que han convertido a la actual generación en una de las más reconocibles de su segmento. Las modificaciones introducidas buscan principalmente mejorar la eficiencia aerodinámica.
La parrilla delantera ha sido optimizada para reducir la resistencia al aire y también se han introducido elementos específicos en las llantas y en la parte inferior de la carrocería. Los logotipos del centro de los bujes no llevan la doble RR introducida en los modelos 2026, lleva las siglas EV.
Es una evolución muy al estilo Range Rover: cambiar mucho sin que aparentemente cambie demasiado. Y personalmente creo que es uno de sus mayores aciertos, porque cambiar este coche radicalmente a nivel de diseño hubiese sido un craso error.
550 CV y 850 Nm: prestaciones equivalentes a las de un V8 sin un V8
Bajo la carrocería encontramos una configuración de dos motores eléctricos de 260 kW cada uno. En conjunto alcanzan esos 550 CV y 850 Nm, con una respuesta inmediata que permite acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos.
Más sorprendente todavía es la capacidad de recuperación: pasar de 80 a 120 km/h requiere solamente 2,7 segundos. Son cifras que hace no tantos años habrían parecido completamente fuera de lugar en un Range Rover destinado principalmente al lujo y al confort, y que mejoran incluso los registros del Range Rover SV que era la versión más prestacional hasta ahora.
Cada eje cuenta con su propio motor y el sistema Intelligent Driveline Dynamics puede distribuir el par trasero desde el 100 % hasta el 0 % para evitar pérdidas de tracción. A esto se suma el Integrated Traction Management, capaz de controlar la velocidad de los motores y gestionar el deslizamiento en apenas 50 milisegundos.
Según Range Rover, esa respuesta es hasta 100 veces más rápida que la de un sistema equivalente en un vehículo con motor de combustión. Y aquí es donde este Range Rover empieza a demostrar que la electrificación no tiene por qué ser enemiga de las capacidades todoterreno.
Un eléctrico capaz de vadear 900 milímetros
Porque si hay una característica que Range Rover no estaba dispuesta a sacrificar es su capacidad fuera del asfalto. El Range Rover Electric puede vadear hasta 900 milímetros de agua, una cifra realmente impresionante incluso dentro del mundo de los grandes SUV todoterreno.
La gestión instantánea del par permite mantener la tracción sobre superficies de muy baja adherencia y, además, la ausencia de un motor térmico tradicional facilita determinadas situaciones en las que resulta especialmente útil poder dosificar con enorme precisión la entrega de potencia.
También dispone de un nuevo modo Single Pedal que permite controlar con mucha precisión el vehículo a baja velocidad y arrancar con suavidad en pendientes de hasta 33 grados. La marca asegura que puede afrontar ascensos continuos de hasta 45 grados.
Es uno de esos datos que, sobre el papel, pueden parecer anecdóticos. Pero en un Range Rover son fundamentales porque demuestran que la electrificación no ha supuesto rebajar sus aspiraciones todoterreno.
Una batería enorme de 118,5 kWh
Para alimentar todo este conjunto se utiliza una batería de ion-litio de 118,5 kWh utilizables, formada por 344 celdas prismáticas y situada dentro de una arquitectura eléctrica de 800 voltios.
El tamaño de la batería tiene una explicación evidente: un Range Rover es un coche grande, pesado y destinado a ofrecer prestaciones y autonomía en carretera. Y en este tipo de vehículos, conseguir una autonomía razonable exige disponer de una gran capacidad energética.
Range Rover anuncia hasta 600 kilómetros de autonomía WLTP, mientras que sus propias pruebas apuntan a una autonomía real de hasta 535 kilómetros.
No son cifras que debamos interpretar como una promesa universal, la autonomía real dependerá de temperatura, velocidad, terreno, carga y estilo de conducción, pero sí permiten situarlo como un eléctrico perfectamente utilizable para viajes largos.
Y aquí aparece otra de las cifras importantes del coche.
350 kW, o del 10 al 80 % en 22 minutos
Cargando en un cargador rápido de corriente continua de hasta 350 kW, el Range Rover Electric puede pasar del 10 al 80 % de carga en aproximadamente 22 minutos, siempre que se den las condiciones necesarias para alcanzar su máxima potencia de carga.
También puede recuperar hasta 220 kilómetros de autonomía WLTP en solamente 10 minutos. Para conseguirlo, la batería utiliza una arquitectura de 800 voltios y un sistema de carga dividida. Además, el sistema de gestión térmica ThermAssist tiene un papel importante a la hora de mantener la batería en unas condiciones óptimas de funcionamiento.
De hecho, Range Rover asegura que este sistema puede añadir hasta 25 millas de autonomía y reducir hasta un 40 % el consumo energético destinado a la calefacción.
El lujo llevado a otro nivel: el silencio
No pude conducir el Range Rover Electric, pero sí su hermano casi gemelo el Range Rover Sport Electric, y después de hacerlo, hay un aspecto en el que creo que la propulsión eléctrica puede transformar realmente la experiencia consiguiendo un nivel de refinamiento nunca visto hasta ahora en un Range Rover.
Un Range Rover siempre ha sido una especie de refugio rodante. Un lugar en el que aislarse del exterior mientras el coche avanza con enorme suavidad. Yo siempre los he situado en este sentido más cerca de coches del segmento superlujo como Rolls-Royce que de otros posibles rivales como el BMW X7, el Mercedes GLS y otros.
La electricidad encaja aquí casi de forma natural. Sin el ruido y las vibraciones de un motor de combustión, el habitáculo se converte todavía más en ese espacio aislado del mundo exterior que Range Rover pretende ofrecer.
Y después de ver el coche en persona en Goodwood y darme una vuelta con su hermano gemelo, creo que esa es una de las claves del proyecto. No busca presumir de ser eléctrico. Busca aprovechar la electricidad para hacer todavía más Range Rover al propio Range Rover.
Más de 1,5 millones de kilómetros de pruebas
Llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Nada sencillo. Es posiblemente el proyecto que ha sufrido más retrasos en los últimos años en JLR.
Range Rover asegura que el Electric ha acumulado más de 1,5 millones de kilómetros de pruebas, además de más de 250.000 horas de ensayos virtuales.
Se ha probado a temperaturas de hasta -40 ºC en Suecia, en el calor del desierto de Dubái y en las instalaciones de JLR en Eastnor Castle, en Reino Unido.
Y hay otro dato especialmente llamativo: se han presentado más de 300 solicitudes de patente relacionadas con el vehículo, lo que convertiría al Range Rover Electric en el Range Rover con mayor número de patentes de la historia de la marca.
La batería también ha sido sometida a pruebas extremas de vibración y choque en un rango de temperaturas de -40 a +90 ºC.
Es decir, la intención no ha sido simplemente desarrollar un Range Rover eléctrico que funcione bien en carretera. El objetivo ha sido asegurarse de que siga siendo un Range Rover independientemente del terreno y las condiciones.
Fabricado en Reino Unido
Además de todo esto, hay algo más que me parece importante destacar. El Range Rover Electric se fabrica en Solihull, Reino Unido, el mismo lugar donde se producen los Range Rover desde 1970.
JLR ha tenido que transformar buena parte de sus instalaciones para incorporar la producción de baterías y sistemas de propulsión eléctrica. Según la compañía, unos 9.000 trabajadores de fabricación en Solihull han recibido formación específica en electrificación.
Los motores eléctricos y las baterías se fabrican en el Electric Propulsion Manufacturing Centre de Wolverhampton, dentro de una transformación industrial que ha incorporado nuevas líneas de producción específicas para estos componentes.
No deja de ser simbólico que el Range Rover que abre una nueva etapa tecnológica siga naciendo en el mismo lugar en el que lo ha hecho durante más de cinco décadas.
También habrá batalla larga y una First Edition
El Range Rover Electric estará disponible con carrocería de batalla corta SWB o larga LWB, dependiendo del mercado, y contará con versiones SE, HSE y Autobiography, además de las variantes SV, SV Ultra y SV Black.
También existirá una First Edition, disponible en colores Belgravia Green, Santorini Black y Varesine Blue, combinados con un nuevo interior Light Cloud realizado con Ultrafabrics PU y Kvadrat.
Y para quienes quieran llevar todavía más lejos la personalización, Range Rover Bespoke ofrecerá prácticamente infinitas posibilidades de combinación de colores, materiales y acabados.
Desde 163.250 euros
El nuevo Range Rover Electric ya está disponible para pedidos en España con un precio de partida de 163.250 euros. No es, evidentemente, un precio que vaya a convertirlo en un coche eléctrico de masas. Tampoco pretende serlo.
Su verdadero objetivo es otro: demostrar que la electrificación puede entrar en el segmento de los SUV de máximo lujo sin obligar a renunciar a aquello que ha hecho reconocible a un Range Rover.
Y después de haberlo visto en persona y casi conducido en Goodwood, creo que esa es precisamente la parte más interesante de este coche.
Porque cuando ves un eléctrico de 550 CV y 850 Nm capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos, cargar del 10 al 80 % en 22 minutos y recorrer hasta 600 kilómetros, puedes quedarte con las cifras.
Pero hay algo más importante, y es que Range Rover ha conseguido que todas esas cifras estén al servicio de una idea mucho más sencilla: hacer que un Range Rover sea todavía más silencioso, suave, confortable y fácil de conducir sin dejar de ser el mismo Range Rover que conocemos desde hace décadas.
Y quizá ahí esté la verdadera revolución. Porque el primer Range Rover eléctrico no pretende enseñarnos cómo será el futuro del automóvil. Pretende demostrar que el futuro también puede seguir teniendo alma de Range Rover.
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