Yugoslavia excavó una montaña para esconder una base aérea que resistiera una bomba nuclear: una fortaleza de más de 20.000 millones de euros que acabó dinamitada

  • La base es Željava se construyó bajo el más alto secreto durante la Guerra Fría

  • Una inmensa red de túneles para decenas de cazas y miles de soldados, completamente autónoma

  • Fue destruida durante las guerras yugoslavas y sus ruinas se pueden visitar

Base Aerea Secreta Zeljava
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Alejandra Otero

Yugoslavia, durante la Guerra Fría, construyó uno de los proyectos de ingeniería militar más ambiciosos y caros de Europa: excavó una base aérea secreta escondida en el interior de una montaña. Algo así como lo que hacía el ejército rebelde de 'Star Wars' ocultando su base del Imperio, pero de forma permanente. Se trata de la base es Željava

Más allá de esconder los aviones y pilotos, estaba diseñada para resistir el ataque de un inmensa bomba nuclear y seguir funcionado. El resultado fueron kilómetros de túneles rodeados de complejas instalaciones que los yugoslavos, a los ordenes del mariscal Tito, tardaron más de 10 años en concebir. Estuvo en funcionamiento varias décadas, hasta que fue parcialmente demolida en la guerra civil yugoslava. Hoy, esta base ha dejado de ser secreta y se puede visitar. 

El secreto militar más caro de la antigua Yugoslavia

La base Željava, cuyo nombre militar era Objekt Klek 505, se excavó en el monte Plješevica: justo en lo que hoy es la frontera entre Croacia y Bosnia y Herzegovina. La cúpula militar y política de Yugoslavia decidió concebirla al fragor de un periodo histórico donde mandaba el miedo a una guerra nuclear. Su diseño se concretó en 1954, y su construcción se llevó a cabo entre 1956 y 1968. En total 12 años.

El coste total es un misterio, ya que fue de alto secreto. Pero se señala que no escatimaron en gastos, que diría John Hammond: se estima que osciló entre 6.000 y 8.000 millones de dólares. Ajustado a los valores actuales, la cifra equivaldría a más de 22.000 millones de euros.

Esta ambiciosa inversión se tradujo en unos 3,5 km de túneles perforados en las entrañas del Plješevica, estando conectados entre sí y organizados en forma de M. Bajo la montaña no solo había espacio para los aviones: también había talleres, instalaciones técnicas y de comunicaciones y todos los sistemas necesarios para mantener la base operativa, además de espacio para alojar a cientos y cientos de soldados.

Una base aérea-bunker, para sobrevivir a una bomba de 20 kilotones 

Esta inmensa instalación estaba pensada para que el exterior fuera irrelevante: la montaña hacía las veces de escudo y las entradas estaba protegidas por enormes puertas presurizadas de unas 100 toneladas. Había cuatro, diseñadas para la entrada y salida de los cazas a reacción en sendos túneles, conectados con pistas exteriores.

La base aérea secreta de Željava no estaba sola: formaba parte de un enorme complejo militar desplegado a su alrededor, con aeródromos auxiliares, estaciones de radar y posiciones de defensa antiaérea. Pero la instalación clave quedaba oculta en la red de túneles, convirtiéndose en un auténtico bunker militar a gran escala. Su gran reclamo: ser capaz de resistir una bomba nuclear de cerca de 20 kilotones, equivalente a la lanzada sobre Nagasaki en 1945, siendo más potente a la de Hiroshima aunque se cobrara menos muertes.

Base Aerea Secreta Zeljava

Objekt Klek 505 podía albergar casi 60 aviones: dos escuadrones de cazas, incluyendo los MiG-21 de la Fuerza Aérea Yugoslava, y otro de reconocimiento. Tenía asimismo capacidad para 1.000 soldados y personal militar, pudiendo almacenar provisiones para un mes. La red de túneles se acompañaba de un suministro de agua subterráneo y un generador eléctrico, este último alimentado por combustible suministrado desde un depósito oculto situado a kilómetros mediante tuberías bajo tierra.

La guerra nuclear nunca llegó, pero las guerras yugoslavas sí

Base Aerea Secreta Zeljava 03

Željava sobrevivió a la Guerra Fría, en la que no se desató ataque nuclear alguno, pero no a la guerra de disolución de Yugoslavia. En octubre de 1991, el piloto croata Rudolf Perešin desertó, escapando en un caza MiG-21. Poco después otro piloto croata, Daniel Borović, hizo lo propio. La fractura de Yugoslavia supuso que quedara en un territorio disputado entre croatas y fuerzas serbias, así que el Ejército Popular Yugoslavo (JNA) optó por destruir la base para que no fuera utilizada por sus rivales.

Así, en 1992, durante la retirada del JNA que abandonó la base, se destruyeron las pistas exteriores. Luego le tocó el turno al complejo bajo la montaña, dinamitado con varias toneladas de explosivos. Los túneles quedaron quemados, algunos parcialmente destruidos, y el paso del tiempo y los saqueos hicieron el resto.

Actualmente, esta base secreta se ha convertido en habitual destino de turismo extremo, como ocurre con Chernobyl. Lo recomendable es hacerlo con guía, ya que el entorno esta minado y la instalación tiene zonas comprometidas o contaminadas. En la web oficial pueden contratarse, siendo la visita de unas dos horas, incluyendo el recorrido de los túneles, varias zonas subterráneas y un Douglas C-47. Aún así, hay quien se aventura a hacerlo por su cuenta, habitualmente youtubers: gracias a su vídeos podemos ver estas instalaciones nacidas para resistir una guerra nuclear que nunca existió.

Imágenes | Wikimedia, Krunchi en flickr

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