La prohibición por parte de la Unión Europea de vender coches nuevos con motor de combustión a partir de 2035 lleva años dando vueltas y todavía no sabemos realmente qué pasará.
Se aprobó en 2023, pero en 2025 se acordó modificarla para flexibilizar los objetivos de emisiones y mantener la puerta abierta a los motores de combustión. Ya tendría que haberse votado esa modificación, pero se ha retrasado.
Mientras el coche chino sigue avanzando, Europa no se pone de acuerdo
No ha pasado mucho tiempo desde que Europa aprobó prohibir la venta de coches nuevos con motor de combustión a partir de 2035. Parecía algo que estaba escrito en piedra, sin embargo, a finales de 2025, Bruselas claudicó y frenó la prohibición, en parte, por la presión de los fabricantes.
Lo que se decidió en ese momento fue dejar pendiente de votación una revisión de los límites de emisiones a partir de 2035. Esa votación debía ser la confirmación oficial de que no tendremos que decir adiós a los motores de combustión en 2035 porque la legislación no está cerrada y realmente no hay nada confirmado ahora mismo, de manera que todo sigue en el aire hasta que no se produzca esa votación.
Ha pasado buena parte de 2026 y estaba previsto que esa votación tuviera lugar esta semana en la Comisión Europea, concretamente el pasado 5 de octubre, pero se ha retrasado, en principio, unas semanas: la nueva fecha para votar podría ser el próximo 23 de noviembre.
Eso significa que, de momento, continúa la incertidumbre que hemos tenido durante los últimos meses y seguimos sin saber si en poco más de ocho años solo podremos comprar coches nuevos eléctricos o si también tendremos derecho a elegir modelos híbridos o de combustión.
UN VISTAZO A...
La propuesta a votar consistía en sacar adelante una normativa que exigiese que los fabricantes deberían reducir las emisiones de CO₂ en un 90% respecto a los de 2021 para el año 2035, en lugar del 100% aprobado inicialmente en 2023, que suponía la desaparición de los motores de combustión.
Esta misma propuesta que llegó a la Comisión Europea en 2025 para modificar el Reglamento 2019/631 también defendía que el 10% restante de las emisiones pudieran compensarse con otros mecanismos, como créditos vinculados a los combustibles renovables y sostenibles o con la utilización de acero de bajas emisiones producido en la UE.
El problema es que los políticos europeos no se ponen de acuerdo, el Partido Popular Europeo quiere conseguir una mayor flexibilización que la que recoge la propuesta, pero hay grupos que no quieren perder el objetivo de electrificación marcado para 2035. Como no hay acuerdo, la votación se ha pospuesto.
La cuestión que hay de fondo en este asunto es que la industria del automóvil europea está en uno de los peores momentos, sino en el peor, porque está perdiendo competitividad frente a China. Unos objetivos de emisiones tan estrictos no le hacen ningún favor a nuestra industria, pero sí a China, que ha hecho los deberes antes que nosotros.
Por eso Alemania, que es la primera potencia en la industria del automóvil europea, pretende flexibilizar los objetivos de emisiones. En cambio, España, junto a Dinamarca, Luxemburgo, Francia, Países Bajos, Suecia y Portugal, defiende que no se deberían rebajar las exigencias de emisiones porque eso iría en contra de las inversiones para electrificar la industria que ya ha hecho Europa.
Mientras tanto, aunque el coche eléctrico no deja de ganar terreno en Europa, son varios los fabricantes europeos que han frenado sus planes de electrificación porque la realidad está demostrando que no se podía apostar tanto y tan rápido por esta tecnología al mismo tiempo que se abandonaban otras.
Imágenes | Unsplash y Fiat
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