Las imágenes por satélite muestran la obra más salvaje de la humanidad: la zanja infinita que quiere acabar con los coches

La cicatriz de los 100.000 millones: las imágenes por satélite que revelan cómo quedó la ciudad sin carreteras ni coches de Arabia Saudí

Plantilla Diagonal
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Daniel Murias

The Line ya es cosa del pasado. Y las imágenes tomadas por satélite resumen mejor que cualquier render lo que es ahora The Line: una cicatriz de 2,4 kilómetros en el desierto de Tabuk, rodeada de maquinaria parada.  

La que iba a ser la primera ciudad completamente lineal en el mundo, con más de 170 km de largo, 200 m de ancho y más de 500 m de altura, con un aspecto de monolito gigantesco cubierto de espejos era uno de sus proyectos imposibles que sólo se ven en los países del Golfo Pérsico. 

The Line, la ciudad imposible del futuro

Curiosamente, para situarse en Arabia Saudí, la mayor monarquía del petróleo y un país donde el coche es rey, The Line iba a ser una ciudad sin coches. De hecho, no tendría ni carreteras, ni coches, ni calles propiamente dichas. Decía el príncipe heredero Mohammed bin Salman que la ciudad “funcionará con energía renovable, priorizará la salud y el bienestar de las personas respecto al transporte y las infraestructuras de las ciudades convencionales y arrojará luz sobre formas alternativas de vivir".

Para el transporte, un tren de alta velocidad uniría un extremo de la ciudad al otro en sólo 20 minutos vía un túnel subterráneo. Sin coches en superficie, toda la movilidad dependería de ese tren. Pero todo quedó en nada. 

Rendering The Line

En septiembre de 2025, el Fondo de Inversión Público de Arabia Saudí (PIF) suspendió oficialmente todas las obras. A esa fecha, solo el 1,4% de la longitud planificada tenía trabajo de cimentación completado. Ningún panel de espejo instalado, ninguna superestructura, nada. 

En marzo de 2026 llegó la confirmación definitiva. Hyundai Engineering & Construction notificó la rescisión formal del contrato del túnel, un encargo de unos 1.000 millones de dólares adjudicado en 2022 para albergar el tren de alta velocidad que debía atravesar la ciudad de extremo a extremo.

La propuesta  de The Line era la de una ciudad sin coches privados, con todo a menos de cinco minutos a pie no era del todo descabellada y apuntaba a problemas reales que experimentan prácticamente todas las grandes ciudades.

The Line Google Earth A la izquierda, desierto de Tabuk en 2019. A la derecha, a finales de 2025 con las primeras obras de The Line.

La dependencia del vehículo privado que dicta la forma de nuestras ciudades, el coste en suelo y emisiones de CO2 de la expansión horizontal, la fragmentación del espacio urbano por las infraestructuras de asfalto (carreteras, autovías). Esas críticas al urbanismo del siglo XX son legítimas. El problema es que The Line nunca fue un experimento urbano, fue un instrumento de relaciones públicas para Mohamed bin Salmán.

De ciudad del futuro a data center

Una auditoría interna filtrada en 2024 reveló que el coste real del proyecto se acercaba a los 8,8 billones de dólares, frente a los 1,5 billones anunciados públicamente, con una fecha de finalización desplazada hasta 2080.

Casi 9 billones de dólares equivale es cuatro veces el PIB de Arabia Saudí o seis veces la economía española entera, gastada de una sola tacada en levantar una ciudad de 170 kilómetros de largo en el desierto. Algo totalmente imposible, incluso para un país sentado sobre las segundas mayores reservas de crudo del mundo.

descripción de la imagen

Sin embargo, lo que causó el fin de The Line es más mundana: el precio del barril. Arabia Saudí necesita el crudo en torno a los 90-110 dólares por barril para cuadrar sus presupuestos anuales. Cuando el PIF inició su recalibración, el Brent cotizaba entre 60 y 70 dólares. 

El fondo soberano que financiaba la ciudad sin coches tuvo que elegir entre sus todos sus megaproyectos en marcha y eligió el Mundial de fútbol de 2034, cuya rentabilidad es más segura y más rápida, especialmente en términos de imagen, y la Expo de Riad.

La construcción inicial del proyecto requirió el desalojo de más de 6.000 personas, en su mayoría miembros de la tribu Huwaitat, que llevaba generaciones habitando la región de Tabuk. Abdul Rahim al-Huwaiti, uno de los aldeanos que se negó a abandonar las tierras de su familia, fue abatido por las fuerzas de seguridad saudíes en 2020.

Su tribu sigue desplazada. The Line ya no existe. Y ahora, lo que queda del proyecto, se convertirá en un centro de datos para la IA.

Imágenes | De Zeen (Giles Pendleton), Google Earth

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