Auburn 12-160A Speedster: V12 160 CV, 1932Ayer os estuve contando acerca del hortera y genial E.L. Cord. Escribí sobre que tenía el don de gentes imprescindible para realizar el sueño americano. Gracias a éste, durante los años veinte pasó de vendedor de coches a presidente de un imperio del transporte que llevaba su nombre.
El supervendedor Cord era un advenedizo. Es decir, no pertenecía ni a la vieja aristocracia automovilística pionera de Detroit ni mucho menos a las élites estadounidenses. Por ello, fue mal recibido y peor considerado cuantos más y mejores negocios arrebataba a la competencia.
Cometió irregularidades fiscales y la agencia tributaria post crack del 29 fue a por él. Le obligó a capitular y liquidar su corporación, hecho con el que su vida en el paraíso llegó a su fin. Sin embargo, en herencia dejó tres dioses de la automoción norteamericana: Auburn, Cord y Duesenberg. Veamos el primero de ellos.





