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Fauna en ruta: Señoras que te destrozan el coche y se van

Anteriormente, en fauna en ruta

[FLASHBACK] Hoy hay fotos de lo que podría haberse publicado ayer como Dolorpasión™ (…) Primero los hechos, que así mola más (…) Llega mi mujer a un centro comercial y deja allí el coche, bien aparcadito (…) vuelve al coche con el carro de la compra y ya desde lejos ve algo raro (…) ¿Rayado? ¿Qué rayado? ¡Está destrozado! (…) Han visto cómo la mujer detenía el coche y retiraba el papel para luego huir del lugar (…) Los datos ya están en manos de la aseguradora, que se encargará de poner todo de su parte para que las cosas fluyan. [FIN DEL FLASHBACK]

Hoy tenía que estar yo en un juicio. Pero no estoy. Me he quedado ante el teclado para contarte cómo termina aquella historia que comenzó a finales de junio del año pasado, mientras yo estaba de viaje y a mi mujer le rayaban el coche. La titulé ‘Señoras que te destrozan el coche y se van‘.

Si creíste aquel día que la buena mujer era fauna en ruta, por aquello de llevarla al terreno de lo irracional, espera que te cuente cómo se desarrolló el resto de la historia, porque tiene su miga. Es de esas películas que sólo cuando acaban y todo el mundo te dice que ya está, respiras aliviado.

fauna en ruta: historia sin final

A no ser que esto sea una peli de terror y después de los créditos finales haya un plano inquietante del tipo vuelta a empezar, claro.

fauna en ruta

Habíamos quedado en que mi mujer contó con la ayuda de un jovenzuelo que, además, resultó ser forocochero (aka usuario de ForoCoches, aka shurmano), lo cual añade al relato un bello giro en el momento en que más de uno y más de dos se dan cuenta de que están leyendo una misma historia en ForoCoches y en Motorpasión, contada por dos personas que no se conocen.

Y ese mozo y su amiguete dieron a mi señora sus datos para actuar como posibles testigos si llegase el caso. Que no iba a llegar, por supuesto. Al fin y al cabo, el asunto eran faves comptades, que decimos en mi tierra; traducido: que la cosa no tenía más vuelta de hoja. La señora le arreó un cacharrazo al coche, se refregó contra él y… Bueno, para eso están los seguros, ¿no?

Pues no. Pero para seguir la narración en orden cronológico, que mola más, vayamos al momento en el que el perito acude al taller a ver mi coche. Recordemos la estampa, por dolorosa que sea: un Golf MK6 blanco (aka Gunter) con todo el lateral derecho abollado por el paso de un Golf MK4 de color azul (aka el Golf de la señora aquella). ¿Sí? ¿Lo tenemos?

fauna en ruta: Gunter ahostiado“No lloréis” (como decía el poeta), que Gunter ya hace tiempo que se encuentra bien

Nuevamente: pues no. Un consejo de amigo: si puedes, nunca dejes el coche en el taller y ya vendrá el perito. Porque yo lo hice —tenía cosas que hacer, básicamente cosas de trabajo—: me largué del taller con la plena confianza de que llegaría el perito, vería los evidentes raspones en el lateral del coche, y… vamos, que estaba todo bastante claro.

Para mí. Al cabo de unos días, me dicen de la aseguradora que no hay nada que hacer. Que el golpe no se ha podido realizar como lo contamos y que como mucho me pueden pagar por “uno de los pilotos traseros” (sic). ¿Cómor?, exclamé mientras miraba a mi alrededor en busca de la cámara oculta. ¿De qué piloto me hablaban? ¿Del perito piloto?

fauna en ruta

Te ahorro el mogollón de llamadas en busca de una explicación lógica sobre lo que obviamente era un traspapeleo absurdo. Que el perito había consultado el expediente que no era, vamos.

Un lapsus lo tiene cualquiera. Yo mismo soy el rey de los errores: me equivoco, luego vienes tú y en los comentarios me dices: “Oye, que no pueden ser 1025 CV, que un EcoBoost da 125”, y yo me río de mi propia tontería, me cago en el editor que usamos, nada visual y bastante html que me dificulta la lectura de palabras entre código cuando llevo horas ante la pantalla (por culpar a alguien), pienso lo malas consejeras que son las prisas, lo cambio, comento que lo cambio y tan amigos.

El que tiene boca se equivoca, ¿no?

No. Se conoce que el perito era Don Erre que Erre. Al final, vía Twitter (bendito sea entre todas las redes) conseguí que la aseguradora comprendiera el problema. Evidentemente había habido un error involuntario por parte del perito y, en compensación por los cabreos y los berrinches pasados, desde el seguro me daban permiso para reparar el coche de inmediato y al ir a juicio, tanto si ganábamos como si perdíamos, yo no tendría que poner ni un duro.

Una buena forma de solucionar el conflicto; bien por mi aseguradora.

fauna en ruta: juicios

¡Que vamos a juicio!

Porque sí, querido mío, teníamos que ir a juicio. La señora que había estampado el coche, que lo había refregado, que se había ido y que había vuelto para llevarse la nota que había dejado en el parabrisas aquel testigo tan majo… negaba los hechos. Decía aquello de “oiga, amigo, no sé de qué me habla” tan recurrente en las películas de gángsters que daban por la tele cuando yo era pequeño.

“Oye, pero si tenemos dos testigos”, le decía yo a la interlocutora de mi aseguradora.
“No, si ya, pero ella lo niega todo.”

[REPEAT TO FADE]

Total, que llegó a casa la citación judicial.

fauna en ruta

La citación judicial… ¡Si yo todo lo que sé de Derecho y de juicios me viene de haber visto a Perry Mason y a Ally McBeal en la tele! A ver, que lo tenía ganado ya de saque pero, quieras que no, y aun sabiéndome con la razón en la mano, me veía que podía salir boca abajo la cosa, que no en vano me crié también viendo el cine de Hitchcock con sus falsos culpables y conocía la causa por la que don Alfredo tenía aquel trauma basado en un hecho real.

Claro, que luego lo pensaba mejor y me decía a mí mismo que no había nada que temer. Total, si resultara que el día del juicio (final) el juez estuviera borracho por una despedida de soltero con mal fin y a la postre sentenciara contra toda lógica… la aseguradora se haría cargo igualmente de la reparación. Yo no tenía absolutamente nada que perder.

O sea, que no podía ser por eso que me pusiera nervioso al ver la famosa citación judicial.

Al final, tras darle muchas vueltas, llegué a una conclusión. Si tenía reparos en que algo saliera mal, no era por mí, sino porque aquella señora se fuera de rositas tras haber estampado dos coches (el mío y otro), haberse dado a la fuga, etcétera. Porque lo que yo me he preguntado durante todo este tiempo es: ¿Y si aquel día, en vez de dar un refregón, la señora hubiera atropellado a alguien?

Y no, hoy no estoy de juicios… porque hace días llegó a casa una carta del Juzgado que confirmaba “el archivo de las actuaciones por satisfacción extraprocesal”. Entiendo que o la señora en cuestión vio la luz o su aseguradora le dijo que más le valía verla, y cuanto antes. Porque, como decía unas líneas más arriba, una cosa es tener un lapsus o un error, y otra negar la evidencia.

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