Rita Barros y Rodrigo Machado buscaban una forma de viajar que encajara con el estilo de vida que ya compartían a través de Oito, su proyecto de nutrición y entrenamiento personal. En julio de 2025 encontraron una Renault Trafic de 1985 que ya había sido transformada en camper y decidieron convertirla en su casa sobre ruedas.
La bautizaron como Jacinto Pinto, un nombre con su propia historia: “JA” son dos de las letras de su matrícula y, después de darle varias vueltas, la pareja decidió combinarlo con el apellido de su anterior propietario.
“La furgoneta ya venía con algunas cosas, pero no tenía nada de lo que tenemos hoy”, explica Rodrigo. Precisamente que ya estuviera camperizada fue uno de los motivos para comprarla: según la pareja, así se ahorraban parte del trabajo, del dinero y, especialmente, las complicaciones asociadas a legalizar una transformación desde cero.
El primer viaje fue la mejor prueba de todo lo que faltaba
La Trafic ochentera tenía inicialmente una ducha, una cama y un pequeño mueble auxiliar. La pareja decidió desmontar prácticamente todo para reorganizar el interior, retirar la ducha, trabajar las paredes y el suelo y aprovechar mejor cada centímetro. Después llegaron nuevas mesas para poder trabajar desde cualquier lugar y una cama más grande y cómoda.
Pero fue el primer viaje el que puso realmente a prueba la camper. Apenas un mes después de comprarla, en agosto de 2025, Rita y Rodrigo viajaron hasta el sur de España y regresaron después a Portugal pasando por el Alentejo. Allí descubrieron uno de los principales problemas: “El sistema eléctrico era muy arcaico y daba mucho trabajo”. También echaron de menos la ducha que habían eliminado para ganar espacio.
Aquello les dejó una lección más habitual de lo que parece al estrenar una camper: sobre el papel puede parecer que todo está resuelto, pero pasar varios días viviendo dentro revela rápidamente qué elementos funcionan de verdad y cuáles necesitan una reforma. En una furgoneta pequeña, además, cada decisión tiene consecuencias: ganar espacio para una cosa significa renunciar a otra.
Más electricidad, más almacenamiento y una cama mejor aprovechada
A su regreso, la pareja decidió atacar precisamente esos problemas, y uno de los cambios principales fue rehacer el sistema eléctrico para ganar autonomía. En el segundo viaje, realizado este año desde Beira Baixa hasta la Serra da Estrela, la diferencia fue evidente: el frigorífico podía funcionar continuamente y también había batería suficiente para mantener encendidos los ordenadores. “Fueron cambios que no hicimos el año pasado, pero que esta vez eran necesarios”, recuerdan.
También construyeron desde cero un nuevo mueble para colocar el frigorífico y reorganizar el almacenamiento, pues se habían dado cuenta que el espacio disponible era demasiado limitado para sus necesidades. “Construimos todo el mueble desde cero para dejar más espacio para la cama y para el almacenamiento”, explican.
La reforma tiene además una segunda finalidad: convertir la Trafic en un pequeño estudio de grabación. Como la alimentación y la nutrición forman parte del proyecto Oito, uno de los siguientes pasos será aprovechar la camper para grabar vídeos de cocina. “Una de las prioridades es tener espacio para eventualmente empezar a hacer vídeos de cocina en la furgoneta”, explica Rita.
Una camper de 1985 que todavía tiene que demostrar hasta dónde puede llegar
Por ahora, Rita y Rodrigo prefieren seguir probando la Renault Trafic en Portugal antes de lanzarse a un viaje más exigente. Y la verdad que es una estrategia lógica en una camper clásica: después de una restauración y varias modificaciones, los viajes cortos sirven para detectar problemas de autonomía, almacenamiento o habitabilidad antes de alejarse cientos de kilómetros de casa.
Su siguiente gran objetivo está bastante más lejos: “Queríamos ir hasta los Picos de Europa, por lo menos”, cuentan. Antes, quieren seguir con su método de prueba y error: viajar, comprobar qué funciona y decidir después qué necesitan construir o modificar.
La historia de Jacinto Pinto demuestra que comprar una camper antigua ya transformada puede ahorrar mucho trabajo inicial, pero también que una cosa es tener una furgoneta preparada para dormir y otra muy distinta tener una camper adaptada a la forma concreta de viajar de cada propietario.
Imágenes | @oito.pt
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