La conducción autónoma y el placer de la conducción, ¿son contradictorios?

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Conducción autónoma

Últimamente empezamos a oír hablar de una tecnología en vías de desarrollo, la conducción autónoma. En un futuro no muy lejano, los coche seguramente seguirán sin volar, pero podrán recorrer distancias de A a B sin la intervención humana. Será poner a un ordenador a conducir.

En Motorpasión nos gustan los coches, de una forma especial. Los vemos como algo más que meros medios de transporte o una unión de acero, plástico, cobre, vidrio y aluminio. Ante la perspectiva de que un día los coches conduzcan solos, algunos sentimos cómo puede verse amenazado eso que tanto nos gusta, sobre todo al poner el debate de si un coche autónomo es más seguro, entonces no se debe permitir a las personas conducir.

Sin embargo, como siempre ha ocurrido en la Historia, los cambios más importantes acarrean consigo una dosis de escepticismo, de miedo al cambio, de incertidumbre. El hombre ha hecho muchos cambios bruscos en los dos millones de años que lleva en el planeta, este parece uno más: delegar la tarea del transporte en inteligencias creadas de forma artificial.

Conducción autónoma

¿Qué es la conducción autónoma?

Grosso modo, se trata de que una máquina asuma la tarea de conducir. Eso implica percibir la información que rodea al vehículo, procesarla y tomar las decisiones que sean necesarias para llegar al destino, respetando las normas de circulación ya conocidas y protegiendo la vida de las personas o la integridad de su carga.

A nivel computacional, el hecho de conducir tiene una extraordinaria complejidad. Aquí todos hemos visto un videojuego de conducción y ya vemos máquinas conduciendo. Lo que pasa es que no hablamos de una simulación, donde todos los factores están acotados, nos referimos a algo tan caótico y complejo como el Mundo Real™.

Para recopilar toda la información relevante para la tarea de conducir hacen falta múltiples sensores y de tipos muy variados: visión artificial, percepción del sonido, medición de distancia a obstáculos mediante microondas, posición por GPS, sensores de condición atmosférica… Lo hacemos todos los días pero para nosotros es algo ya natural.

Toyota Prius autónomo de Google

Los prototipos que están en circulación conduciendo “solos” necesitan capturar constantemente información de naturaleza muy variada, van muy cargados de sensores, apéndices y antenas. Toda esa información es, informáticamente hablando, cuantiosa, por lo que hace falta mucha potencia de cálculo para procesarla en tiempo real.

Los retrasos en la toma de decisiones no son aceptables, de ahí que hable de tiempo real. Ahora mismo los prototipos tienen casi todo el habitáculo y parte del maletero llenas de sensores, cables, equipo informático y demás parafernalia. Es difícil imaginar un uso práctico de eso, pero no subestimemos el ritmo al que crece la tecnología.

Solo hace 10 años, algo como el iPad era industrialmente irrealizable. Solo hace 20 años, los teléfonos modernos eran de ciencia ficción. Solo hace 30 años, pensar en meter varios gigabytes en el tamaño de una uña podría habernos valido el ingreso en un psiquiátrico por su mera mención.

Conducción humana

El ser humano y la conducción

Nosotros, en la cima de la cadena alimenticia y evolutiva, procesamos de forma natural mucha información. A diferencia de una máquina, no somos capaces de tomar una decisión en milisegundos, tenemos un tiempo de reacción. La información la captamos bien, pero no la trabajamos lo suficientemente rápido.

Por otra parte, el homo sapiens sapiens no funciona igual que una máquina basada en la estricta lógica y matemáticas. Una persona conduce distinto en función de su edad, estado anímico, salud, sus posibilidades psicomotrices e incluso por sus gustos personales. En un sistema informático no hay nada de eso.

Después de haber dedicado unos 25 años de mi vida a la informática, he llegado a la conclusión siguiente: los ordenadores no fallan. Si fallan, siempre encontraremos la explicación llegando a un ser humano implicado, como el programador o el usuario. Si no es nada de eso, hablaremos de un fallo eléctrico, electrónico o de diseño (relacionado con humanos).

Conducción humana

El simple hecho de conducir tiene un componente pasional y otro racional. La conducción autónoma se basa en la racionalidad pura y dura. Nunca veremos a un ordenador saltarse las normas de circulación que le han sido programadas, salvo que se le programe para saltarse las normas de acuerdo a algún criterio o mediante aleatoriedad.

Análogamente, muchos creemos que si se eliminasen las decisiones humanas en la conducción, los accidentes de circulación se reducirían hasta tal punto que hablaríamos de algo residual. Los coches ya no son simples máquinas “tontas” que se dejan llevar. De una manera o de otra ya limitan su uso mediante sistemas electrónicos.

Considerando el coste humano y económico de los accidentes de tráfico, una de las enfermedades artificiales más lesivas para nuestra especie, resulta tentador eso de poder erradicar los accidentes. Para ello habría que renunciar al placer de conducción, y ¿resignarnos a ser pasajeros por los restos?.

KITT “Michael, yo creo que la conducción autónoma es mejor, y lo sabes”

La tercera vía

Por un lado está la conducción totalmente humanizada, por otro la totalmente informatizada. Yo apuesto por un tercer modelo, y es la convivencia entre la conducción manual (o asistida) y la automatizada por completo. Eso ya ocurre en el sector de la aviación, donde no siempre el piloto está a los mandos, y lo está un ordenador.

Yo no creo que se vaya a erradicar la conducción manual, pero sí creo que se abandonará en gran medida por varias razones:

  • Por comodidad
  • Porque no a todo el mundo le gusta conducir, o no sabe, o no puede
  • Por seguridad
  • Por ahorrar en pólizas de seguro, averías y reparaciones
  • Por restricciones legales

En el futuro que tengo en mente, dentro de unos años conducirá quien realmente se sienta cómodo haciéndolo. El resto de la gente, y hablo de millones de personas, preferirán ser llevados, como el transporte público, pero totalmente personalizado. Convivirán de forma indefinida los que quieran conducir y los que no.

Motor y caballos

Y para defender mi teoría, recurro a dos ejemplos muy cotidianos hace unos años (décadas o siglos). Inventado el automóvil, el ferrocarril, el avión, el barco y demás medios de transporte de propulsión mecánica… ¿ha dejado el hombre de caminar? Lo cierto es que no, pero la inmensidad de la gente camina cantidades moderadas o bajas.

Lo mismo pasaría con el caballo, ese animal fiel que ha movido durante miles de años a los seres humanos y a sus bienes. Ahora, salvo que a alguien le dé un ataque de romanticismo, sea ganadero o compita, no le veo ensillando el caballo para desplazarse de un lugar a otro, menos aún si es un lugar lejano.

La conducción autónoma solo será una amenaza para la pasión por la conducción si la imponen a golpe de leyes. Para lo demás, es hasta ideal: conductores que no van a hacer pirulas, ni se van a picar, que generarán menos atascos, bajarán las primas de los seguros y se salvarán miles de vidas cada año.

Conducción autónoma

Hemos de rendirnos a la evidencia de que en determinadas tareas, una máquina lo hace mejor. La invención de la calculadora no ha mandado a los matemáticos al paro, pero el ábaco ya no es un objeto de uso habitual. Tampoco se han muerto de hambre los pintores por la fotografía. Hubo un cambio de chip.

Ese cambio de chip supone aceptar que es preferible a que conduzcan máquinas a personas que no deberían estar haciendo eso por cualquier razón. Podría hacer un chiste cruel con determinado personaje de la actualidad reciente, pero me abstendré. Eso es más razonable que pensar en que un día sea ilegal la conducción manual.

Por lo tanto, creo que los amantes del motor y la conducción —aunque no tenga ninguna finalidad práctica— no deberíamos temer a este cambio, sino adaptarnos a ello. La transición durará décadas por mucho que avance la tecnología. Pensemos en todos los vehículos que están en circulación hoy día, como para ponerles “cerebro” a todos…

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