L&L Classic Auto es uno de esos lugares especiales en el mundo: no por ser bonito, no por tener una historia ejemplar o por tener los coches más caros del mundo. Es un cementerio de coches, pero no uno cualquier; es uno de los más grandes y bestias que existe en todo el planeta tierra.
Empezó siendo el problema de un chapista al que se le acumulaban demasiados coches y acabó convirtiéndose en eso, uno de los cementerios de coches más vastos de la tierra. Tan gigante como que ocupa 50 hectáreas, o unos 90 campos de fútbol. Allí descansan 8.000 vehículos fabricados entre las décadas de 1920 y 1990.
No es un desguace, es una excavación arqueológica del automóvil
Su historia se remonta a 1968, en Wendell, una pequeña localidad rural al sur de Idaho. Allí trabajaba un tal Larry Harms, el propietario de un taller de chapa y pintura que poco a poco empezó a acumular coches para desguace, ya que le servían para piezas… Primero fue uno, luego otro, y hasta diez más.
La colección crecía a tal ritmo que llegó a ocupar una manzana entera del pueblo, hasta el punto de que llegó a atesorar más de 300, y el ayuntamiento le apercibió porque, evidentemente, no podía seguir dentro de la ciudad. Tras la multa, Harms decidió comprar 80 acres (unas 32 hectáreas) de terreno vacío y escampado por 8.000 dólares (unos 6.800 euros al cambio actual).
Y así, tendría el lugar para sus coches para piezas. Lejos de frenar en la expansión, durante los siguientes años seguiría comprando terrenos colindantes. Y sin saberlo, Larry acababa de poner la primera piedra de lo que décadas después se convertiría en una auténtica leyenda para restauradores y aficionados al automóvil. Lo llamó L&L, que no eran solo sus iniciales, sino también las de su esposa: el lugar pasó a llamarse Larry & Linda Auto Classic.
Sin embargo, no hablamos de un desguance estadounidense más. Estamos hablando de el desguace (casi con mayúsculas); aquí nada es moderno, al contrario. Mientras la mayoría de cementerios de coches se llenan de utilitarios relativamente recientes destinados al reciclaje, en Wendell sobreviven miles de clásicos que llevan décadas esperando una segunda oportunidad.
Hablamos de Cadillac de los años ‘50, Chevrolet de la posguerra, Ford anteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchas marcas americanas como Buick o Lincoln, incluso europeas como Citroën. Es tan vasto que los visitantes suelen describirlo más como una búsqueda del tesoro que como un desguace tradicional.
Aquí hay miles de coches y nadie sabe exactamente qué queda por descubrir
Los coches aparecen repartidos entre caminos de tierra, pequeñas colinas, afloramientos rocosos y zonas donde la naturaleza parece haber recuperado el terreno. No existe un orden perfecto ni un inventario absoluto de todo lo que hay allí. Parte de la magia consiste precisamente en no saber qué aparecerá tras la siguiente curva.
Ni los trabajadores del propio desguace pueden saber todo lo que hay allí dentro, porque dicen que les resulta prácticamente imposible catalogar al cien por cien todo el contenido acumulado en el recinto. Pero el toque ‘cyberpunk’ se lo da el lugar donde está: el sur de Idaho goza de un clima extremadamente seco y desértico, donde la humedad es muy baja y las precipitaciones, casi inexistentes. Eso significa que la corrosión avanza muchísimo más despacio que en estados como Michigan, Ohio o Nueva York.
Claro, muchos vehículos llevan allí medio siglo abandonados a su buena suerte, y sobre todo, a la intemperie, pero siguen conservando todas sus partes originales: molduras, cromados e incluso carrocerías completas que en otras partes del país habrían desaparecido hace décadas. Es el gran secreto de L&L.
Entre los coches hay muchos sorprendentes, en auténtico estado de revista. Entre los hallazgos documentados, por ejemplo está un DeSoto Firedome Convertible de 1953, un descapotable extremadamente raro perteneciente a una marca desaparecida en 1961. Especialistas estadounidenses lo consideran uno de los descubrimientos más sorprendentes jamás realizados en un desguace.
O un Mercury Monterey Sun Valley de 1954 con techo de Plexiglas, un Buick GS California Special de 1969, un Dodge Coronet Super Bee de 1970, un Citroën DS19, varios Ford de preguerra y un AMC Eagle que parece salido directamente de otra época.
Autocar llegó incluso a documentar un Cadillac funerario S&S de 1954 construido sobre uno de los escasos chasis comerciales fabricados por la marca aquel año. En cualquier concentración de clásicos sería una rareza absoluta. En L&L permanecía simplemente aparcado entre miles de coches más.
Imágenes | @hiddenplacesiamerica, DF
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