Begoña tiene 62 años, cobra poco más de 1.200 euros al mes y vive con su hijo Héctor, de 22 años, en una caravana de sólo cuatro metros cuadrados en Mallorca. Tras perder su vivienda en 2022, encontró en este pequeño espacio por la que pagan 250 euros mensuales una alternativa para no quedarse en la calle.
Su historia, que se dio a conocer en el programa de televisión Espejo Público, refleja la cara más dura de la crisis de la vivienda en Baleares: tener trabajo y cobrar un sueldo ya no garantiza poder permitirse un alquiler, especialmente en una isla donde los precios han dejado a muchas personas sin opciones asequibles.
De perder su casa a compartir una caravana con su hijo
En 2022 Begoña perdió la vivienda en la que vivía al no poder afrontar el alquiler. Entonces la renta ascendía a 850 euros mensuales, una cantidad que se había vuelto inasumible con sus ingresos. Tras pasar por distintas soluciones y buscar una alternativa que pudiera pagar, llegó a dormir durante seis meses en su coche, en ocasiones acompañada por su hijo, hasta que consiguió la caravana en la que reside actualmente.
La diferencia entre pagar 250 euros por un espacio reducido y asumir un alquiler convencional puede parecer evidente sobre el papel, pero las condiciones de vida son muy distintas. Según ha contado a la COPE, Begoña tiene que organizar su rutina en un habitáculo diminuto, con recursos básicos para combatir el frío y el calor. La falta de una ducha propia también condiciona su día a día, ya que necesita recurrir a instalaciones externas para asearse.
Una habitación por el sueldo de todo un mes
El dato que mejor explica su situación es el precio que, según ha contado, han llegado a pedirles por una habitación: hasta 1.400 euros, más de lo que cobra al mes. Si aceptara esa oferta, no le quedaría dinero para comer, desplazarse al trabajo o afrontar cualquier otro gasto cotidiano.
El problema tampoco se resuelve necesariamente teniendo dos personas con empleo en la familia: su hijo Héctor trabaja como camarero en Palma, pero encontrar un alquiler que puedan asumir sigue siendo una barrera. En un mercado con precios tan altos, disponer de ingresos no garantiza que un propietario acepte la candidatura de cualquier inquilino ni que la renta deje margen suficiente para vivir.
Mallorca, entre la presión turística y la falta de vivienda asequible
El caso de Begoña no es aislado. Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en 2025 un 10,6 % de las personas que buscaron vivienda en Baleares no encontraron ninguna, frente al 7,6 % de media nacional. Entre quienes no consiguieron encontrar alojamiento, casi siete de cada diez señalaron la imposibilidad de pagar los precios ofertados como principal obstáculo.
La elevada demanda residencial, la presión turística y la escasez de alternativas asequibles en determinadas zonas dificultan especialmente la situación de quienes necesitan vivir cerca de su empleo. En este contexto, una caravana puede convertirse en un recurso para evitar dormir en la calle, pero no ofrece las condiciones ni la estabilidad de una vivienda convencional.
La dimensión del problema también se aprecia en el aparcamiento del polideportivo de Son Hugo, en Palma. Según COPE, el lugar pasó de albergar unas 20 caravanas en 2023 a reunir alrededor de 180 personas: allí han surgido redes de apoyo vecinal, con intercambios de comida y ropa, mientras la posible expulsión de quienes viven en el recinto añade incertidumbre a una situación ya precaria.
Imágenes | Espejo Público
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