
Dios da pan a quien no tiene dientes. Desde que Lewis Hamilton es quien es, al señor Anthony Hamilton le ha cambiado un poco la vida. Le prestaron un Porsche Carrera GT, un deportivo de más de 500 CV. Sus habilidades como conductor no se lo permitían, y a los hechos me remito.
Tras salir del hogar familiar, Anthony vio público objetivo y le pegó un par de acelerones para impresionarles. Pasó lo que tenía que pasar, mucha máquina para poco maquinista, perdió el control (trompo de 180º) y se comió la valla protectora de un parque infantil, aunque no había niños.



