
La propuesta de circular obligatoriamente con luces 24 horas ha dado lugar a una de las discusiones más acaloradas entre los lectores de Motorpasión.
Este verano ví la propuesta y la comenté en Motorpasión, en aquel momento no tenía claro si era una buena o mala medida, pero lo que ya tuve claro es que no se llevaría a cabo a menos que se hiciese obligatoria.
Durante estos meses me he estado fijando bastante en la carretera, preguntándome en varios escenarios distintos “qué pasaría si ahora las luces 24 horas fuesen obligatorias”.
Mi conclusión, y no deja de ser una opinión personal, discutible y rebatible, es que merece la pena hacer obligatorio el uso de luces 24 horas.
Es una medida que puede parecer algo exagerada, pero no hay que olvidar que en España se producen más de 3.000 muertos en la carretera cada año. Es una cifra muy elevada, que supera por muchísimo a otros problemas por los que se toman medidas. Los ejemplos extremos, la gripe aviar, o los controles para líquidos en los aviones. Medidas de seguridad que todavía no han salvado ninguna vida, y sin embargo son aprobadas y aceptadas por la sociedad a pesar de la molestia que suponen.
Por otra parte, el coste de llevar las luces siempre encendidas se compensa no sólo con salvar vidas, sino con el ahorro que esto supone para aseguradores, atención médica, etc.
Muchos lo considerarán una medida excesiva, injusta y les costará acatarla. Aunque suene duro, para mí esto es una ventaja. Siempre he dicho que la seguridad vial son tres partes: conductor, vía y vehículo. Y para mejorar el comportamiento del conductor, es necesaria la educación pero también la mano dura para aquellos que no son educables, que tristemente representan la gran mayoría, al menos eso me dice mi experiencia.
El estar obligado a llevar las luces 24 horas, incluso con luz del sol en pleno verano, puede causar una sensación de excesivo control, y una tensión constante por ver que todo el mundo lo está haciendo. Sentirse controlado. Igual que los carteles de radares, o las bolsitas en el avión. A mi tampoco me gusta, pero nos lo hemos ganado, el comportamiento global de los conductores españoles es malo. Es el castigo que nos merecemos.
Lógicamente, para mi este “sentirse castigados” es algo más que una reprimenda moral. Es una forma para darse cuenta de que la carretera no es un juego, que existen leyes que son restrictivas pero lo son por nuestro bien, y que mientras sigamos sin aceptarlo no quedará otro remedio que hacerlas más restrictivas.
En cinco, diez, o veinte años puede cambiar la mentalidad de los conductores, además de las vías y los vehículos. Quizás en ese momento, cuando seamos más maduros (hablo de la totalidad) y el porcentaje de muertes haya bajado a un nivel razonable, será el momento de empezar a aplicar manga ancha, subir los límites de velocidad o permitir encender las luces sólo cuando sean necesarias, no siempre. Porque en ese momento el que no lo haga cuando deba hacerlo estará teniendo un comportamiento socialmente inaceptable.
Además del factor psicológico que he comentado, existen beneficios reales: según estudios realizados por organismos como la RACE se podrían evitar entre 126 y 280 muertes al año.
Las fotografías que véis las he hecho hace un par de días en Galicia. No era un día especial, simplemente saqué la cámara porque sé que cualquier día me puedo encontrar ejemplos de personas que no llevan las luces cuando deberían hacerlo.


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