Ya no usamos tanto el aire acondicionado del coche, con el otoño y la bajada de las temperaturas, muchos lo apagamos y no lo volveremos a usar hasta dentro de varios meses. Sin embargo, es un error. Deberíamos usarlo igualmente cuando hace frío.
Obviamente, no es para refrigerar el habitáculo en invierno sino para que el compresor trabaje y el aceite circule por un circuito que, tras meses parado, puede acabar con fugas.
El aire acondicionado, también en invierno
Encender el aire acondicionado en pleno invierno parece un contrasentido, pero nada más lejos de la realidad. Es una buena práctica. De entrada, porque en los coches, todos los aire acondicionados también calientan y permiten mantener el habitáculo a 21ºC. Y luego, porque nos puede evitar futuras averías en el sistema cuando vuelva el calor y ahí sí que vamos a querer tener el climatizador encendido.
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Los mecánicos coinciden, mantener el sistema parado durante meses enteros acaba pasando factura. La razón es sencilla. El compresor necesita funcionar de vez en cuando para que el aceite se reparta por el circuito, y ese movimiento del aceite, la lubricación es precisamente el que protege a las piezas.
Cuando el sistema pasa demasiado tiempo inactivo, algunos componentes se quedan sin lubricación y empiezan a degradarse. Al arrancarlo, en cambio, el aceite vuelve a circular y alcanza elementos tan vulnerables como las juntas o las tuberías de goma, lo que reduce el riesgo de fugas derivadas de esas juntas o gomas que resecas y que se acaban rimpeidno porque se han cuarteado.
¿Y con qué frecuencia conviene hacerlo? Aquí no hay una cifra universal, porque depende del tipo de uso y del kilometraje de cada coche. La idea es activarlo varias veces a lo largo de la temporada fría, sin necesidad de mantenerlo encendido mucho rato. Lo importante, en definitiva, es que no pase todo el invierno sin moverse.
Además, ese uso periódico aporta un beneficio extra. Y es que permite descubrir a tiempo si el sistema ha perdido rendimiento antes de que apriete de nuevo el calor. Al mismo tiempo, mantener los componentes en movimiento contribuye a reducir la humedad acumulada y los malos olores. Dicho esto, es evidente que encenderlo de vez en cuando no sustituye a una revisión si surge una avería o si el aire ya no enfría como antes.
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Si el problema es que sale poco aire, el primer sospechoso es el filtro del habitáculo. Al cargarse de polvo, polen y suciedad, estrangula el caudal incluso cuando el sistema todavía enfría bien. Por ese motivo merece la pena revisarlo y respetar el intervalo de cambio recomendado por la marca del coche.
El aire acondicionado no debe recargarse en gas como parte del mantenimiento rutinario, ya que el circuito es estanco y, en condiciones normales, conserva la carga. De hecho, si el aire enfría menos y el taller propone una recarga, lo más probable es que tenga fuga u otro fallo que exige un diagnóstico adecuado.
Imágenes | Motorpasión, pexels
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