Mientras las marcas se esfuerzan por sacar coches eléctricos más baratos, Tesla ha vuelto a meter un subidón a sus precios

En el contexto actual es habitual ver los fabricantes subir ligeramente el precio de sus modelos, sean o no eléctricos, salvo Tesla. El fabricante texano ha decidido subir el precio de sus coches en Estados Unidos a lo bestia, podríamos decir. Y es que la subida es de hasta 6.000 dólares.

En España, de momento, la marca estadounidense no ha subido sus precios. Sin embargo, este movimiento podría ser la antesala de una subida similar en España y en Europa.

A lo largo de 2021, Tesla subió poco a poco sus precios, pero a principios de 2022 las subidas se frenaron y el último fuerte incremento de precio fue en marzo de 2022. En ese momento, en Estados Unidos, la subida fue de entre un 5 y un 10 %, con el precio del Model 3 de acceso subiendo más de 4.000 dólares y el del Model X más potente subiendo 12.500 dólares. Ahí es nada.

Ese incremento también llegó poco después a España. También en el mes de marzo y en las mismas proporciones, en torno a un 10 %. Salvo, claro está, en el caso de los Model S y Model X que siguen sin volver a nuestro mercado.

Así, los precios actuales del Tesla Model 3 van desde los 51.990 euros para el Model 3 RWD de acceso hasta los 67.020 euros del Model 3 Performance. Hablamos de precios al contado o PVP, no de los indicados en grande en el configurador que suelen implicar financiación.

En el caso del Model Y, tampoco han cambiado aún. El Model Y Gran Autonomía se mantiene en 69.070 euros y el Model Y Performance en 70.980 euros.

Con el precedente de las anteriores subidas, y en especial la subida de marzo, es muy probable que veamos en breve un incremento en el precio de toda la gama Tesla en Europa y por tanto en España. Veremos si en las mismas proporciones o de forma más contenida.

Y es que los costes de un Tesla Model 3 y de un Model Y fabricado en Estados Unidos para el mercado local no es el mismo que los modelos fabricados en la factoría de Berlín o de Shanghai, teniendo ambas costes muy diferentes.

Por ejemplo, las baterías de los Model 3 chinos no son del mismo proveedor que para las unidades norteamericanas. Esas diferencias dificultan prever la proporción de la subida.

La lucha por conseguir un coche eléctrico barato

El caso de Tesla es especialmente llamativo por dos razones. La primera es que cada vez más se aleja de la promesa del Tesla de los 25.000 dólares. De hecho, Elon Musk ha explicado a principios de año que la marca está muy ocupada como para desarrollar ese coche y que lo deja para más adelante.

Y la segunda es el contexto. En un momento en el que los fabricantes de coches eléctricos se las están ingeniando para proponer coches eléctricos baratos, como el Chevrolet Bolt, el Fiat 500e o el Dacia Spring, Tesla sube todavía más sus precios.

Ciertamente, fabricar un coche y especialmente un coche eléctrico es cada vez más caro. Las diferentes crisis de suministros, de materias primas o de microchips hacen que los fabricantes se las tengan que ingeniar para no subir el precio de sus coches, o en todo caso hacerlo de forma leve.

Otros fabricantes se esfuerzan por no subir el precio de sus modelos más allá de lo estrictamente necesario (inflación, costes). Por ejemplo, el Hyundai Kona Eléctrico, que en su acabado Style costaba 46.450 euros en 2020 cuesta ahora 47.350 euros, siendo un modelo que ha sido entre tanto objeto de un restyling. O el Renault Zoe, cuyo precio de la versión de acceso era de 30.115 euros en 2020 y es de 30.448 euros actualmente.

La razón de no querer subir el precio de los eléctricos, al menos en Europa, es la necesidad que tienen las marcas de conseguir un crecimiento de ese segmento que sea orgánico, no a base de incentivos. Los fabricantes se juegan su supervivencia a largo plazo.

Y es que si finalmente en 2035 se prohibe la venta de coches nuevos de gasolina (y todo apunta a que así será), no les queda otra que hacer mancha en el mercado y vender cuántos más coches eléctricos les sea posible desde ya para abaratar los costes por unidad y así poder ofrecer en un futuro coches eléctricos realmente asequibles.

Así, el movimiento de Tesla se puede explicar tanto por el incremento de los costes de fabricación, ya sea en materias primas o microchips, como en la voluntad de aumentar sus márgenes de beneficio ante una posible escasez de baterías a medio plazo y una inflación en Estados Unidos que Elon Musk ve como muy grave en un futuro.

Una visión que le ha llevado a decir que Tesla debería desprenderse del 10 % de su plantilla (principalmente cargos ejecutivos) para poder asumir un contexto económico negro.

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