Nissan Juke-R, miniprueba por las calles de Madrid (parte 1)

Son las 6 AM. Me despierto de repente con cierto sobresalto, salgo de la cama y abro rápidamente la persiana para ver que tiempo nos espera en la calle. Son síntomas inequívocos de que hoy toca probar un coche de los gordos, los exclusivos, esos que no te dejan dormir plácidamente. El susodicho es ni más ni menos que un Nissan Juke-R.

Lo que vi tras abrir la persiana auguraba una prueba divertida de de este mastodonte del asfalto con 485 caballos. El día anterior llovió a cántaros durante día y noche, pero por suerte el cielo azul ya brillaba sobre la capital, aunque la temperatura exterior apenas pasaba de los 7 grados centígrados y hacía que el rocío que había sobre el asfalto convirtiese a este en una pista de patinaje.

Nissan había traído a Madrid uno de los dos únicos prototipos de Nissan Juke-R que existen a nivel mundial. Uno tiene el volante a la derecha y el que habían traído a Madrid tenía por suerte el volante a la izquierda, lo cual me daba un poco más de confianza.

El hijo bastardo de Nismo (siglas de Nissan Motorsport) nació como una idea de Nissan UK, y tras generar algún que otro enfado con Japón por no haber informado sobre este proyecto a la central en el país del sol naciente, todo parece indicar que el Nissan Juke-R se ha convertido en un acierto en todos los sentidos.

Mi compañero Javier Costas estuvo en el mes de enero en Dubai viendo como el Nissan Juke-R era capaz de batir a coches superdeportivos de la talla de los Lamborghini Gallardo, Ferrari 458 Italia y Mercedes-Benz SLS AMG con Lucas Ordóñez al volante.

El pequeño SUV consiguió ganarles sobre el abrasador asfalto de Dubai y despertó las miradas y el interés de muchos petroricos que comenzaron a suplicar a Nissan que por favor lo pusiese en producción. En el mes de mayo Nissan les hizo caso y anunció la producción de una limitada serie de 20 Nissan Juke-R con 550 caballos de potencia y un precio nada despreciable de 450.000 euros.

Hace unos días se entregó la primera unidad de esa serie limitada, pero casi al mismo tiempo recibía la llamada de Nissan diciéndome que iban a tener una unidad por Madrid y si me apetecía probarla. ¿Hace falta que os diga cual fue mi respuesta?

El Nissan Juke-R y yo

La cita era a las 9 AM en una carretera que apenas dista 3 kilómetros de mi casa. Es una zona muy habitual en las pruebas de Motorpasión y tal vez muchos de vosotros la identifiquéis por las fotos. Mientras me dirigía habia el punto de encuentro conduciendo un aburrido y ruidoso coche diesel, no paraba de rezar para que apareciese un mínimo atisbo de sol que secase la carretera y que la densa niebla que apenas dejaba ver más allá de 4 metros por delante despejase.

Era muy temprano y nuestro turno para una breve toma de contacto iba a ser de los primeros de la mañana. Pronto llegué al lugar indicado, y no voy a negaros que sentí un cierto escalofrío al ver por primera vez ante mi el Nissan Juke-R con su imponente carrocería de color negro mate acompañado de un Nissan GT-R Track Pack que también tendríamos ocasión de catar.

Aparco el ruidoso diesel como si se tratase de un cacharro viejo y me olvido de él durante toda la mañana. Mi atención estaba puesta, como no podía ser de otra forma, en el Nissan Juke-R. Me doy una vuelta alrededor del coche mientras trato de controlar la saliva para no mojar más el suelo.

La carrocería del Nissan Juke de serie que tanto me gusta ha pasado por una impresionante dosis de anabolizantes hasta convertirse en el coche que tengo ante mi. El Nissan Juke-R impresiona lo mires por dónde lo mires.

En el frontal lo más destacado es lo abajo que llega la parte inferior del faldón. En los laterales los aletines me recuerdan a los Kit Car que corrían en rallyes hace ya más de una década. En la trasera las dos gigantescas salidas de escape carenadas con la carrocería o el enorme alerón doble hacen de él un coche de armas tomar.

No puedo aguantar más, quiero ponerme al volante de esa bestia y sentir el empuje de sus 485 caballos de potencia. Aunque los Nissan Juke-R de serie desarrollarán 550 caballos, los dos prototipos “solo” llegan a 485 caballos. Creo que son más que suficientes para mover el pequeño SUV con algo más que alegría.

Es tu momento, es el Juke-R

Después de una larga y tensa espera llega mi momento. Los responsables de Nissan me dicen que es mi turno, puedo ponerme al volante del Nissan Juke-R. Abro la puerta y lo primero que veo es un habitáculo que mezcla de forma magistral elementos de un coche de carreras y de un coche de calle.

También hay una curiosa combinación de algunas partes del Juke y del Nissan GT-R. De este último aparte del motor, el prototipo del Juke-R hereda los mandos que permiten configurar la dureza de la suspensión, el reparto de potencia entre ambos ejes y la intrusividad del control de tracción. También el volante es herencia GT-R.

Los asientos firmados por OMP son auténticos baquet de competición, a los que te unes como en matrimonio gracias a los arneses de cinco puntos. Van situados en una posición muy retrasasda para que delante quepa el motor V6. Es un auténtico coche de carreras homologado para rodar por la calle y eso me encanta.

Mientras me siento en el baquet tras haber hecho contorsionismo con la jaula de seguridad y ajusto los arneses, comienzo a hablar con el que será mi copiloto durante la breve toma de contacto programada. Se trata de Christian y su misión consiste en enseñarme todos los detalles del coche y como es lógico, tratar de que todos lleguemos sanos y salvos al final de la prueba.

Pulsando el botón rojo situado entre ambos asientos, justo debajo de la palanca de marchas, el motor V6 biturbo cobra vida y se hace notar en el habitáculo. Tengo dudas de que con este estruendo sea capaz de pasar las pruebas de homologación de ruidos, pero no seré yo el que se queje por ello.

Engrano la posición D de la palanca selectora del cambio automático y me pongo en marcha. Desde un primer momento el Nissan Juke-R me transmitió un tacto casi idéntico al del Nissan GT-R que probé a mediados de 2009 (parte 1, parte 2, parte 3 y parte 4), pero en este caso es mucho más racing.

Aunque la posición de conducción es bastante más baja para tratarse de una base SUV y las dimensiones de la carrocería son completamente distintas a las del superdeportivo, las semejanzas entre ambos son perfectamente apreciables. El asfalto no está para tonterías todavía. Hace apenas 7 grados y la densa niebla se cierra ante nosotros, así que me tomo los primeros minutos con calma para hacerme con todos los mandos y el tacto del coche.

Poco a poco voy cogiendo confianza. El tacto de la dirección muy directa y un chasis y suspensiones con un tarado 100% deportivo hacen que tenga la sensación de estar saliendo por el pit lane del Circuito del Jarama más que haciendo una prueba en carretera.

El tacto del equipo de frenos es duro e inmediato cuando pisas el pedal de freno. Me gusta pero hay que adaptarse a él si no quieres llevarte un buen susto y que a Christian le de un infarto en el asiento de la derecha.

Me voy sintiendo poco a poco más cómodo y de reojo veo que Christian tiene cara de estar relajado, así que a la salida de la siguiente curva rápida de derechas piso con un poco más de ímpetu el acelerador. El coche tracciona de forma sorprendente sin apenas pérdidas de tracción y me pego más si cabe al baquet.

Los 485 caballos que se esconden bajo el pie derecho son muchos para mover los poco más de 1.500 kilos de peso del conjunto y hacen que de forma progresiva y rápida lleguemos a la siguiente curva a un ritmo muy alto. No corto porque se que el remedio puede ser peor que la enfermedad, así que marco con la dirección mi trayectoria hacia el vértice y el coche se mantiene firme y estable durante toda la circunferencia.

A la salida de la curva se abre ante nosotros una recta bastante larga con buena visibilidad, así que esta vez piso a fondo sin contemplación. Entre las actuaciones del control de tracción que evitan que derrapemos sin control, el coche acelera de forma contundente, tanto que me atrevo a admitir que es capaz de mantener el ritmo a los mejores superdeportivos del mundo.

Todas y cada una de las irregularidades del asfalto se transmiten a tu espalda de forma inmediata, tu cabeza no puede dejar de moverse de arriba abajo durante todo el recorrido y eso es parte del encanto de conducir un coche de estas características en carretera abierta.

Sin apenas darme cuenta he vuelto al punto de partida. Ha sido una toma de contacto breve, muy breve pero suficiente para sacar conclusiones de este prototipo descabellado llevado un paso más allá.

Continuará...

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