Consejos para ahorrar gasolina con una conducción más eficiente: desde el uso de las ventanillas hasta la presión de las ruedas

Los progresos de la tecnología y la introducción cada vez mayor de sistemas de hibridación han hecho que los consumos medios de los vehículos disminuyan hasta alcanzar cifras impensables hace 20 años.

Aun así, reducir el consumo de gasolina o diésel es tan beneficioso para nuestro bolsillo como para el medio ambiente. Por eso te traemos 10 consejos que, aunque parezcan muy evidentes, permiten ahorrar algo de dinero.

1. Vigilar la presión de los neumáticos

Uno de los elementos primordiales de un automóvil y que sin embargo se suele descuidar con más facilidad es el neumático. Además de ser esencial en términos de seguridad, influye también en el consumo del coche.

Los neumáticos deben ir inflados a la presión recomendada por el fabricante. Solo en invierno, con frío, o si el coche va algo cargado hay que inflarlos un poco más (+0,2 o +0,3 bares, habitualmente).

Conducir usando neumáticos con una presión de 0,5 bares inferior a la correcta hace que el consumo aumente en un 2 % en áreas urbanas y un 4 % en las interurbanas.

2. Evitar acelerones y frenazos

Las aceleraciones repentinas también suponen un esfuerzo para el motor y un mayor consumo, ya sea un coche 100 % eléctrico, híbrido o de combustión.

Lo mejor es conducir con suavidad y anticiparse a posibles paradas, ya sea en un semáforo o en un atasco. Este reflejo puede hacer ahorrar hasta un 20 % de combustible, según el modelo de coche.

3. Planificar los viajes

Cuando realizamos un viaje largo es importante planificarlo. No se trata tanto de prever con antelación las paradas que vamos a realizar, sino más bien dónde.

Lo importante aquí es planificar la ruta que vamos a seguir. Y es que alargar solo 10 minutos un recorrido de una hora provoca un aumento del consumo de combustible de hasta un 14 %.

4. Usar correctamente el aire acondicionado

El aire acondicionado es uno de los sistemas no esenciales para el funcionamiento del coche que más energía consume, pues funciona gracias al motor.

Y en verano, lo vamos a usar mucho. Es importante no poner la temperatura demasiado baja, ya que cuanto más tenga que enfriar el habitáculo, más energía y combustible va a gastar.

Lo ideal y en la medida de lo posible, deberíamos poner el aire acondicionado solo 5°C menos que la temperatura exterior. Además, una diferencia demasiado grande (más de 10°C) podría crear un choque térmico que puede, por ejemplo, provocar una infección respiratoria.

Por último, recordemos que el aire acondicionado sólo es efectivo pasados unos minutos, por lo que no es necesario ponerlo a tope nada más arrancar. Lo más recomendable es abrir las puertas y ventanillas primero para ventilar el habitáculo y rebajar de forma natural la temperatura interior.

5. Las ventanillas, mejor cerradas

A velocidades de carretera o autopista, no es recomendable dejar las ventanillas abiertas (ni tampoco el techo solar). Con las ventanillas y/o el techo solar abierto, el aire se mete en el coche, por lo que necesita más esfuerzo y por ende más combustible para romper la resistencia al aire y alcanzar la velocidad que queremos.

En su lugar, es más eficiente y eficaz utilizar el aire acondicionado (pero en dosis razonables, como hemos visto antes). Por otro lado, en ciudad y a baja velocidad, las ventanillas abiertas no tienen un impacto realmente notable en el consumo de combustible.

6. Hacer un buen uso del control de crucero

Siempre con el objetivo de tener una conducción flexible y de ahorro de energía, es necesario utilizar el control de velocidad de crucero, especialmente en las autopistas.

El ordenador del coche, gracias a sus sensores, siempre será más preciso con el acelerador que nosotros a la hora de mantener la velocidad indicada. Cuesta arriba, podremos marcar una velocidad algo inferior para no forzar el motor y así no consumir más.

7. Mantener una velocidad uniforme

Si no disponemos de control de crucero es importante en carretera mantener una velocidad uniforme o estable. Para ello hay que buscar un cierta fluidez en la circulación evitando frenar, acelerar y cambiar de marcha si no es necesario.

Para ello es también importante anticipar nuestras acciones. Por ejemplo, al acercarnos a un peaje podemos levantar el pie del acelerador mucho antes de accionar el pedal de freno, si la situación lo permite, y así dejar que sea el freno motor quien actúe primero. Si debemos frenar, que sea de forma suave y reduciendo de marcha lo más tarde posible, con especial atención a las cuestas en bajada.

8. Usar las marchas largas cuanto antes

En las fases de aceleración y si nuestro coche equipa un cambio manual, deberíamos subir de marcha cuanto antes. Siempre que sea posible, deberíamos conducir a bajas revoluciones.

No es necesario esperar a que el motor llegue a 3.000 o 3.500 rpm para subir una marcha. Y es que una marcha que no se cambia crea un exceso de revoluciones y, por tanto, un mayor consumo de combustible.

En un coche gasolina se puede pasar la marcha superior entre 2.000 y 2.500 rpm, mientras que en un diésel se puede hacer desde tan solo 1.500 rpm. En muchos diésel, más de 2.000 rpm se considera ya altas revoluciones. En la gran mayoría de los coches, es en la 4ª, 5ª y 6ª cuando el motor consume menos combustible.

9. Apagar el motor cuando estamos parados

En paradas prolongadas, como cuando esperamos a alguien o atendemos a una llamada, es recomendable apagar el motor. De hecho, un motor gasta más estando al ralentí que arrancando y apagándolo.

El consumo de combustible de un motor en ralentí se estima en 0,6 litros/hora por litro de cilindrada. Por ejemplo, un motor de 1,5 litros consume casi un litro de combustible por hora sin moverse.

Es decir, sin darnos cuenta, podríamos gastar un depósito de combustible y sin movernos un solo centímetro en cuestión de dos o tres meses, en función de la cilindrada de nuestro coche.

10. Pasar la ITV y revisar el coche

Un coche en buen estado es un coche que consume menos combustible. La Inspección Técnica de Vehículos es obligatoria a partir del cuarto año de antigüedad del coche y se pasa después cada dos años.

Permite comprobar los principales elementos clave de la seguridad del coche, pero también sus emisiones y por tanto su consumo. Con un coche limpio y con el mantenimiento al día (filtro de aire limpio, cambio de aceite hecho...) y sin averías, ahorraremos combustible.

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