Europa aprueba un impuesto ecológico a las importaciones que contaminen, electricidad e hidrógeno incluidas

La Unión Europea ha aprobado una normativa para imponer aranceles climáticos a ciertos materiales que se importen al territorio comunitario, algunos de ellos fundamentales para la automoción. El objetivo es gravar con impuestos los productos más contaminantes.

La medida entrará en vigor en octubre de 2023 y afectará a materiales básicos para la producción de vehículos, como el acero, el aluminio y el hierro. También está dirigida a la importación de cemento, fertilizantes, electricidad e hidrógeno que la Unión Europea considera contaminantes.

Proteccionismo a la europea

En los últimos meses, ciertas regiones del planeta han puesto en marcha políticas proteccionistas que afectan directamente e indirectamente al sector del automóvil. Estados Unidos es uno de los países más activos en este sentido.

En Europa también hay quien pide algo similar desde hace tiempo, como el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, que se inclina por el proteccionismo para defender la industria europea, ahora que Francia y el resto del continente le está viendo las orejas al lobo chino.

Pues bien, parece que Francia no es el único país de nuestro continente que quiere medidas similares porque la Unión Europea acaba de anunciar una normativa por la que impondrá aranceles a los productos importados que considera contaminantes.

¿Y cuáles son esos productos que la UE considera contaminantes? Pues bien, este arancel gravará acero, aluminio, cemento, hierro y fertilizantes, pero también la electricidad y el hidrógeno que vengan de fuera de nuestro territorio.

El objetivo, según la institución europea, es reducir las emisiones de dióxido de carbono en nuestro territorio, por lo que estamos hablando de un arancel climático. En teoría, este impuesto busca igualar condiciones entre los productos importados y los que se fabrican en la Unión Europea.

Y es que las empresas europeas tienen la obligación de pagar por cada tonelada de emisiones de CO2 que produzca (comercio de derechos de emisión), por lo que esta medida pretendería compensar de alguna manera el desequilibrio que puede existir entre las compañías europeas y las extranjeras por ese motivo. Evitando también que la Unión Europea siga perdiendo músculo industrial.

En la práctica, no se puede ocultar que se trata de una medida proteccionista. En el caso de Estados Unidos, la excusa es el coche eléctrico ético, mientras que en Europa la excusa viene de la mano del cambio climático y la contaminación.

La nueva normativa forma parte del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono y se pondrá en práctica en octubre de 2023. Al principio, las empresas que importen los materiales considerados contaminantes solo deberán informar de sus emisiones. Más tarde, en principio en el año 2026 o en 2027, la Unión Europea pasará a cobrar impuestos por esas emisiones.

Ahora queda por ver de qué manera afecta este impuesto a la industria. Pero también al consumidor, porque, si las materias primas importadas que se utilizan para elaborar productos son más caras, irremediablemente repercutirá en una subida del precio final de ese producto.

Por supuesto, la medida afecta a los coches porque utilizan aluminio, acero y hierro, de hecho, son materias primas básicas en esta industria. Y las cuentas son sencillas: si un material que se emplea en la fabricación de un coche encarece su precio, en este caso porque es importado y tiene aranceles, el precio final del coche será más caro. Aunque ese material sea un simple tornillo de acero.

Por desgracia, este tipo de medidas pueden ser muy peligrosas para el consumidor, o más bien para su bolsillo. Y todavía más en el momento en el que estamos, con la inflación disparada y las ventas de coches atravesando uno de los peores momentos de las últimas décadas, ya sean nuevos o de segunda mano.

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