Chrysler Norseman, o cómo el futuro del diseño de Chrysler se perdió bajo el mar

"Pude ver el coche en un par de ocasiones. El coche estaba en unas condiciones pésimas. El agua salada se comió una buena parte del metal del Norseman, la mayor parte del coche es óxido y un montón de chatarra indescriptible. Los neumáticos aún están ahí, lo que ayudó a identificarlo". Así describía el buzo David Bright (1957-2006) lo que quedaba del Chrysler Norseman en la bodega número 2 del Andrea Doria.

Esta es la historia de una tragedia, pero también la de un coche que pudo influenciar el resto de la producción de Chrysler de los años 50 y 60 y que por un golpe del destino, se quedó en nada. Nunca podremos ver el Chrysler Norseman, pues yace en el fondo del Atlántico Norte desde el 25 de julio de 1956.

"El barco más lujoso y seguro del mundo"

El 25 de julio de 1956, el buque de línea italiano Andrea Doria navega a lo largo de la isla de Nantucket, frente a las costas de Massachusset, procedente de Italia. Al día siguiente tiene que atracar en el puerto de Nueva York. El Andrea Doria era uno de esos trasatlánticos que enorgullecían a la compañía que los gestionaba y, de paso, a todo el país. Además, al igual que otro famoso barco hundido tenía la reputación de ser el más lujoso y el más seguro del momento.

El Andrea Doria fue el primer barco en contar con tres piscinas exteriores, mientras que la Societá Italiana de Navegazione se gastó más de un millón de dólares sólo en la decoración del barco, con obras de arte en las suites y los pasillos y hasta una estatua de tamaño natural del almirante genovés Andrea Doria. En cuanto a su seguridad, contaba con doble casco, 11 compartimentos estancos, botes salvavidas suficientes para los 1.241 pasajeros y los 500 miembros de la tripulación y lo último en radar de aviso temprano.

Sin embargo, tenía tendencia a escorar (inclinarse) cuando era sometido a grandes fuerzas, como una ola al frente de Nantucket en su viaje inaugural que le hizo escorar 30 grados. El problema es que con un ángulo de escora superior a los 15 grados los botes salvavidas no pueden descender del barco. Y si es superior a los 20 grados, el agua que pueda entrar en uno de los compartimentos estancos, se trasvasa al siguiente.

"Tú por allí." "No, tú primero."

En la zona de Nantucket es habitual que se formen espesos bancos de niebla, donde se encuentran las aguas frías del Labrador y las cálidas del Gulf Stream. No es ninguna novedad y a bordo del Andrea Noria, el capitán Piero Calamai no se preocupa por eso. Por su lado, el buque Stockholm, que zarpó de Nueva York en dirección a Gotenburgo, se adentra él también en la niebla. Los dos navíos se detectan en el radar, pero no se ponen en contacto por radio para determinar con exactitud sus rumbos e intenciones. Es un error trágico, pues ambos efectuaron una maniobra de evasión. Primero el Stockholm y a su vez el Andrea Doria volvió a modificar su rumbo, creyendo que evitaría así el buque sueco, cuando en realidad se volvía a poner en su camino.

Hacia las 23 horas el Stockholm colisionó con el Andrea Doria clavando su proa en el lado de estribor (flanco derecho) en medio de las cabinas de clase turista, matando casi al instante a 46 pasajeros del Andrea Doria y a 5 tripulantes del Stockholm. El Andrea Doria entró en una escora de 22 grados. La tragedia no fue mayor porque muchos otros buques cercanos acudieron al rescate. El Andrea Doria tardó 11 horas en hundirse con el Chrysler Norseman a bordo.

Un concepto novedoso

Desde los inicios de los años 50, Chrysler tenía por costumbre encargar la fabricación de sus concept cars y show cars a Ghia, en Italia. Por una parte apreciaban la calidad del trabajo de los carroceros italianos y por otra pare, el coste de fabricar el coche en Italia y enviarlo por barco a los Estados Unidos les compensaba todavía más.

En el caso de este Chrysler, el diseño no era obra del equipo de Ghia sino del propio equipo de la Chrysler, con Virgil Exner al mando e impulsando las ideas, mientras que Billie Brownlie y Cliff Voss se encargaban de plasmar esas ideas en bocetos y maquetas para que lo pudiesen fabricar en Ghia.

El Norseman era un cupé de cuatro plazas con un característico techo flotante. De hecho, carecía de pilar A y B, sólo el último pilar -el C- mantenía el techo en posición. Algo que a nivel estructural resultaba totalmente novedoso (los cristales experimentales eran obra de PPG) y le daba un aire futurista. El interior contaba con un cuadro de instrumentos típico de la época que recordaban a los usados en la aviación, mientras que se había aplicado pintura luminiscente en el dorso de los asientos delanteros como método experimental para iluminar el habitáculo.

A pesar de ser un show car, el coche funciona perfectamente. Equipa un V8 de 331 ci HEMI (5.4 litros) de 235 CV asociado a un cambio automático Powerflite de 2 marchas que se controlan vía pulsadores en el salpicadero, como en un Aston Martin DB9 actual, por ejemplo. En cuanto al chasis se cree que era el de un Chrysler 300 sacado de la línea de montaje.

Según Chrysler, el Norseman estaba pintado con dos tonos de verde y unos pocos elementos en color rojo, mientras que otras fuentes aseguran que Virgil Exner había pedido que fuese color plata, quizá para recalcar que los paneles de carrocería eran de aluminio. Por si fuera poco, los periodistas que pudieron ver el coche en Turín antes de ser enviado a Estados Unidos aseguran que era de dos tonalidades de azul. Por desgracia, las únicas fotos que hay del coche son en blanco y negro.

¿La ira de Odín?

Lo que nunca se supo es el por qué del nombre. Claro que tampoco tiene porque haber una razón particular para ello, muchas veces es cosa del departamento de marketing y lo eligen "porque suena bien". Y es que "norseman" significa escandinavo. Damos por sentado que los vikingos son los antepasados de los escandinavos. Y lo son, pero se autodenominaban "norse" en tiempos de paz y vikingos en tiempos de guerra. Ya veis venir la burla del destino...

Después del naufragio, Chrysler emitió una nota de prensa explicando, entre otras cosas, que perdieron el coche en el Andrea Doria y que a pesar de haberles costado 15 meses de trabajo y 150.000 dólares, el coche estaba asegurado. Tampoco encargaron la fabricación de otro modelo. Ya sea porque el equipo de Exner estaba inmerso en otra cosa o porque alguien en Chrysler vio como una mal presagio que su coche lo hundiese un barco sueco bautizado Stockholm.

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