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Mitos, leyendas y realidades de las gasolineras low cost

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Las gasolineras low cost son cada vez más un elemento habitual en algunos puntos de nuestro país. Digamos que son pocas todavía, pero nos llaman la atención con precios que rondan los 10 céntimos de diferencia en los combustibles que oferten, con respecto a gasolineras "pata negra", por así llamarlas. Como es natural, podemos tener dudas sobre si la calidad de combustible que ofertan es peor que "la de siempre", o como mínimo podemos pensar cómo es posible ese precio y por qué los demás no llegan.

Para explicar eso tenemos que ver algunas cosas que seguro que ya sabes, pero que si no habías pensado, este es el momento de saber. Por ejemplo, ¿qué sabes de los aditivos del combustible? ¿Cuánto cuesta tener empleados en una estación de servicio? ¿De verdad necesitas una tienda en la que comprar productos locales cuando vas a repostar? ¿Cuántos tipos de combustible repostas habitualmente?

Márgenes de beneficio y reclamos publicitarios

Las gasolineras low cost que conocemos todos, o casi todos, son las que podemos llamar "de marca blanca". Todos conocemos las gasolineras en los hipermercados, con precios del combustible más baratos de lo normal, o bien con descuentos jugosos que se traspasan a nuestra tarjeta de fidelización en la forma de un porcentaje del importe total del combustible.

Gasolinera low cost

Esa es una de las razones de mantener un precio tan barato en comparación con otras áreas de servicio: el precio es un reclamo para que, una vez hecho el repostaje, nos metamos en el hiper y hagamos las compras de la semana. Punto primero. El punto segundo es que en esas grandes superficies se puede eliminar cualquier detalle superfluo sobre el repostaje en sí: menos empleados o empleados de la empresa (eso, si hay alguno), dos variedades de combustible (las más demandadas), y todo lo demás lo tenemos dentro del hiper, que ya estaba construido y que no influye en el coste de la propia estación de servicio.

Es decir, se puede "montar" una estación de servicio que no de beneficios directos, pero sí indirectos: entrar al hiper y gastar allí. La estación cubre gastos y listo, a otra cosa, mariposa. No es el caso de las gasolineras low cost que no pertenecen a grandes áreas comerciales. En ese tipo de negocio se necesitan beneficios, y lo que se busca ahí es acceder a un público que no quiere pagar más dinero del que toca por un producto que no está claro que aporte diferencias sustanciales al coche.

Uno solo quiere repostar, y además quiere pagar el mínimo imprescindible, y por eso se dirige a una gasolinera low cost. En ella podría ver, por ejemplo, un surtidor por tipo de combustible y un sistema de pago automatizado. Puede que vea alguna máquina de vending, una pequeña tienda gestionada por un empleado (el único, si me apuráis), y en algún caso no habrá ni un empleado visible, ni probablemente tengan un túnel de lavado, ni ningún accesorio del que se pueda prescindir para abaratar costes. Prácticamente surtidores y máquina para pagar y adiós, muy buenas. ¿No es eso un buen servicio según se mire?

Los aditivos del combustible

CLH

El combustible que sale de las refinerías españolas se transporta hasta cualquier estación de servicio de cualquier punto de nuestro país. Ese transporte lo realiza una única empresa, CLH, que se encarga de la logística para estos menesteres, recoge los metros cúbicos necesarios en el origen, y llega al destino a tiempo para rellenar los depósitos del área de servicio.

El combustible que sale de las refinerías es un combustible que cumple unas normas de calidad, que pasa una serie de controles y que es exactamente igual para todos, ya vaya a una estación "pata negra" como una la low cost en el punto más perdido del país: es combustible certificado, controlado y con una calidad legal. ¿Qué pasa entonces? Cada cual añade aditivos, o no, al combustible que llega a sus depósitos, y por tanto así varían los precios del producto final.

Los aditivos son productos químicos que añaden alguna característica al combustible. Si os acordáis de cuando hablamos del aceite del motor, los aditivos conseguían mantener a raya a las impurezas en suspensión, prolongar la vida del filtro de aceite y muchas cosas más. Los aditivos en ese momento eran los buenos de la película. Con el combustible pasa algo similar: los aditivos pueden conseguir mantener limpios los conductos, conseguir un (levemente) mayor octanaje y dar algo más de potencia (ejemplo típico: la F1), o bien prolongar la vida del motor, aumentar la eficiencia de combustión... y contaminar menos.

Si una compañía incluye aditivos, el precio del combustible aumenta. Las gasolineras low cost venden combustible básico. Ese que pasa todos los controles de calidad, que sale de las refinerías y que es totalmente recomendable para tu coche. Lo único que no tiene son esos aditivos que ayudan a mantener limpio el sistema de combustible, que hacen más eficiente ese carburante y... todo lo que hemos dicho. No es que vayas a echar diésel corrupto, es que no lleva aditivos.

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