Cubrieron una furgoneta de paneles solares y la pusieron a prueba durante cuatro meses. El experimento funcionó, pero no como se esperaba

Furgo
  • Un experimento alemán logró ampliar un 30% la autonomía de una furgoneta eléctrica gracias a paneles solares integrados

  • Cinco años después, la evolución de las baterías y la eficiencia explica por qué esa tecnología sigue siendo un complemento y no la gran revolución prometida

Irene Mendoza

Convertir el techo de los vehículos eléctricos en una pequeña central solar llena de paneles para ganar autonomía (más o menos como se hace hoy en día con muchas furgonetas camper) tuvo su auge hace tiempo. Hubo decenas de start-ups y fabricantes como Lightyear probando suerte sin mucho éxito, aunque la idea no está muerta del todo.  

Hoy en día la tecnología ha avanzado mucho: en los últimos años las baterías prácticamente han duplicado su capacidad útil y los coches eléctricos más eficientes ya rozan los 800 km reales. Pero los paneles solares siguen reservados a aplicaciones muy concretas, como vimos hace poco en Cuba, con motivo de la crisis de combustible del país. 

Otro ejemplo es un experimento alemán que en su día logró aumentar un 30 % la autonomía de una furgoneta de reparto, aunque en este caso tenía letra pequeña.

El truco de los paneles solares integrados en la carrocería

El estudio, desarrollado por investigadores del Gauss Centre for Supercomputing, el Institute for Solar Energy Research Hamelin (ISFH) y el Ministerio alemán de Economía, convirtió una StreetScooter eléctrica de reparto en un laboratorio sobre ruedas. La furgoneta incorporaba unos 15 m2 de paneles solares repartidos entre el techo y los laterales, con una potencia conjunta de 2,18 kW.

Tras cuatro meses de pruebas, entre abril y julio de 2021, el sistema generó unos 129 kWh útiles para la batería de tracción: es decir, alrededor de 530 km adicionales o aproximadamente un 30 % de los 1.750 kilómetros recorridos durante el ensayo. Fue, en teoría, una demostración muy prometedora del potencial de la energía fotovoltaica aplicada a un vehículo eléctrico.

Sin embargo, los propios investigadores dejaron claro que “el resultado dependía de unas condiciones muy específicas”. La furgoneta pasaba buena parte del día completamente parada (permaneció estacionada cerca del 93 % del tiempo analizado), siempre orientada al sol para recibir la máxima radiación y durante los meses con más luz del año. 

Un escenario muy distinto al de cualquier coche particular o incluso al de la mayoría de vehículos comerciales, que pasan gran parte de la jornada circulando.

Mientras el sol avanzaba poco, las baterías dieron un salto enorme

No obstante, quizá la mayor diferencia respecto a 2021 no está en los paneles solares, sino en los propios coches eléctricos: cuando se realizó aquel experimento, la StreetScooter utilizaba una batería de apenas 40 kWh. Hoy, además de haber baterías mucho más evolucionadas, los eléctricos consumen mucha menos energía.

La mejor prueba llegó el pasado mes de mayo con las pruebas independientes de la asociación automovilística noruega NAF: en condiciones reales de circulación, el BMW iX3 recorrió 781 km antes de detenerse por completo, incluso superando ligeramente su autonomía homologada en ciclo WLTP. También varios fabricantes chinos demostraron que la mejora de las baterías, la electrónica de potencia y la aerodinámica está permitiendo ganar cientos de km sin necesidad de recurrir a paneles solares.

En otras palabras, integrar placas fotovoltaicas sigue suponiendo añadir complejidad, coste y una superficie limitada para captar energía, así que la industria ha optado por una forma mucho más eficaz de aumentar la autonomía: fabricar coches cada vez más eficientes. Hoy resulta más rentable reducir un par de kWh el consumo cada 100 km, que intentar recuperar esa energía del sol.

Los paneles solares siguen teniendo sentido, pero depende dónde

Eso no significa que la energía solar aplicada al automóvil haya fracasado: fabricantes como Mercedes continúan investigando soluciones como pinturas fotovoltaicas y nuevos materiales capaces de generar electricidad desde la propia carrocería, mientras distintos proyectos europeos siguen explorando su aplicación en vehículos industriales.

Y justo ahí parece estar su mayor potencial: furgonetas, camiones, autobuses o vehículos que permanecen largas horas estacionados al aire libre, que cuentan con mucha más superficie disponible y pueden aprovechar esa energía para alimentar sistemas auxiliares o reducir parte del consumo diario.

Imágenes | Wiley

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