La psicología explica por qué siempre piensas que el carril de al lado avanza más rápido. En España, a veces es verdad

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El sesgo de negatividad que tenemos todos no nos deja ver que en realidad avanzamos por turnos

Daniel Murias

¿Alguna vez has tenido la sensación, atrapado en un atasco, de que el carril de al lado avanzaba más rápido que el tuyo, cuando el tuyo se detiene cada cinco segundos? A casi todos nos pasa. Yo, el primero. Y lo peor es que cuando logras cambiarte a ese carril, el que acabas de abandonar empieza a moverse. Y claro, tu nuevo carril se detiene. 

La ley del pobre Murphy no tiene nada que ver en esto. Ocurre por la estadística y la psicología.

No, el carril de al lado no avanza más que el tuyo

En 1999, los epidemiólogos Donald Redelmeier y Robert Tibshirani publicaron en ‘Nature’ un análisis que cuantificaba algo que todos habían sentido, la percepción sistemática de que los otros carriles avanzan siempre más rápido. 

Para determinar si el otro carril avanza siempre más rápido, llevaron a cabo dos experimentos. El primero consistía en simular por ordenador un atasco en dos carriles. Al principio, todos los vehículos tenían la misma capacidad de aceleración y frenado que un Honda Accord. Los investigadores introdujeron después Porsche y 2CV, coches con aceleraciones muy distintas que accedían a esa carretera de dos carriles con intervalos aleatorios. Por decenas primero, luego por centenares.

¿Resultado? Donald Redelmeier y Robert Tibshirani observaron mediante este modelo teórico que ambos carriles avanzaban al mismo ritmo durante los diez minutos de la simulación. A veces, un carril frenaba o se detenía, y luego le tocaba el turno al otro. Pero, al final, se nos adelanta tanto como adelantamos nosotros, concluyen los dos científicos. 

Sin embargo, añaden los investigadores, los dos flujos de tráfico no son simétricos. Debido a la distancia entre cada coche, pasamos de hecho más tiempo adelantando que siendo adelantados. Cuando un carril está detenido, los conductores del carril vecino podrían, teóricamente, adelantar tres coches en un segundo. No obstante, como los vehículos en movimiento están separados por cierta distancia, nunca nos adelantan tres coches en un segundo, señalan los investigadores. 

La impresión de que el otro carril es más rápido procedería, por tanto, de esta asimetría y, sobre todo, de cómo focalizamos la atención en los atascos. En un atasco, el conductor observa simultáneamente dos o tres carriles mientras el suyo apenas ocupa su atención. Como los atascos son irregulares, es estadísticamente probable que en alguno de esos carriles observados haya un tramo más fluido en ese momento.

A eso se suma que cuando el carril propio avanza, el conductor conduce y por tanto se centra en su carril, obviando a los que tiene alrededor. Al final del trayecto, recuerda más los momentos en que el otro carril fluyó que los momentos en que fluyó el suyo.

Esta percepción distorsionada no operaría tan bien sin el sesgo de negatividad. Todo lo tenemos, y es que  los estímulos negativos pesan más en la memoria que los positivos. Quedarse atascado mientras el de al lado avanza molesta más de lo que satisface que el nuestro avance. El conductor no lleva la cuenta de manera neutral; lleva una en la que las pérdidas están multiplicadas.

Ahora bien, la psicología no lo explica todo y en algunas ocasiones, hay un carril que sí suele ser realmente más fluido, en las fases previas a un importante atasco, esa en los que toda la autovía parece circular a 50 km/h. Ese carril es el derecho. Ese que algunos creen que es exclusivo para los camiones o para los lentos.

En estas situaciones, el carril derecho a menudo sí avanza más. No siempre, pero con suficiente frecuencia como para que la ilusión tenga cierto sustrato real. La causa es conocida. Una parte significativa de los conductores usa el carril izquierdo como carril de crucero, no de adelantamiento. La normativa es clara en España. El artículo 31 del Reglamento General de Circulación obliga a circular por la derecha salvo que se adelante, pero la realidad de cualquier autovía española es muy distinta.

El resultado es paradójico. El carril derecho, el que algunos llaman erróneamente el carril lento, puede efectivamente avanzar antes en un atasco precisamente porque lleva menos tráfico. En ese contexto, cambiarse a él no es siempre una ilusión óptica. A veces es un cálculo correcto.

Lo que sí es casi siempre contraproducente es cambiar repetidamente en busca del carril más rápido. Estudios de ingeniería de tráfico han demostrado que el cambio frecuente en condiciones de congestión no reduce el tiempo de viaje de forma significativa y contribuye a desestabilizar el flujo general. Cada cambio fuerza a los vehículos del carril receptor a frenar, propagando ondas hacia atrás que perpetúan el atasco más allá del punto original.

Imágenes | Mundo Desconcertante, Marc Mongenet, Florian Pépellin

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