Probamos el Mercedes-Benz Clase C 300 e: una berlina híbrida enchufable que penaliza maletero para ganarse la etiqueta CERO

Nota de Motorpasión

El Mercedes-Benz C 300 e es uno de los 22 modelos híbridos enchufables que la firma de la estrella comercializa en España. En el caso de la berlina media de Mercedes-Benz cuenta con dos opciones PHEV, el C 300 de diésel, que ya tuvimos ocasión de probar en su carroceria familiar, y el C 300 e gasolina, que es hoy nuestro protagonista, pues nos hemos puesto a sus mandos.

Poco le queda de vida al actual Clase C: Mercedes-Benz España nos confirma que la nueva generación tiene previsto ver la luz el año que viene. Su plataforma no estaba concebida en su nacimiento para acoger mecánicas electrificadas. Y se nota. No obstante, la firma ha hecho el esfuerzo por colarse en el segmento PHEV de las berlinas medias premium.

El C 300 e es un coche interesante que hace gala de las bondades propias de la Clase C y una estupenda entrega de 320 CV totales (es el más potente de la gama con permiso de los AMG), a lo que se añade su reducido consumo y emisiones, que le permiten disponer de la etiqueta CERO de la DGT y estar exento del impuesto de matriculación.

Su precio parte de los 53.625 euros, por lo que puede, aunque por poco, beneficiarse de las ayudas del Plan Renove 2020 y MOVES II, ya que el precio límite para acogerse a ambos planes es de 54.450 euros (45.000 euros + IVA).

Idéntica habitabilidad que el Clase C térmico, excepto el maletero

A nivel exterior, estamos ante todo un Clase C: el Mercedes-Benz C 300 e sólo se distingue de sus hermanos térmicos por la denominación y por el emblema EQ en el lateral. Algo que comparte con el resto de la familia EQ Power, que es como se denomina la gama híbrida enchufable de la marca.

Así, calca las cotas exteriores de cualquiera de la familia C, en formato berlina, ya que como el resto también cuenta con carrocería familiar Estate. Y en términos de habitabilidad en el habitáculo, también ofrece la misma que las variantes térmicas, pues la batería se ubica en el maletero y el motor eléctrico va acoplado en la caja de cambios.

LONGITUD

ANCHURA

ALTURA

BATALLA

MALETERO

MERCEDES C 300 E

4.686 mm

1.810 mm

1..444 mm

2.840 mm

300 litros

De esta manera, y gracias a una generosa batalla de 2,84 metros, las plazas traseras, que son muy cómodas incluso la central, ofrecen un amplio espacio para las piernas hasta con la banqueta delantera bastante retrasada.

Por su parte las delanteras son también confortables y espaciosas, pese al gigantesco túnel central que separa ambos asientos. Los cinturones de seguridad delanteros pueden además regularse en altura, lo que se agradece sobre todo si no eres muy alto como era el caso.

Su punto débil es la capacidad de carga del maletero, que no sólo se ve notablemente reducida por la batería, sino que además el piso va escalonado y no es plano. Por ello, aunque promete 300 litros sobre el papel (el térmico ofrece 455 litros), colocar la carga puede resultar complicado. Sin embargo, al abatir los asientos traseros (40-20-40) podemos contar con un extra de espacio.

Al volante del Mercedes-Benz C 300 e: jugando con su mecánica híbrida

El Mercedes-Benz C 300 e equipa un propulsor gasolina de 2.0 litros y cuatro cilindros, con 211 CV y 350 Nm de par, que suma fuerzas con un bloque eléctrico de 90 kW (122 CV) y 400 Nm. En conjunto suman un total de 320 CV y 700 Nm. Ambos se gestionan desde el cambio 9-G TRONIC de nueve velocidades, llevando toda la potencia al eje trasero.

A diferencia de los Clase A, B o GLE, el C 300 e pertenece a la anterior generación de híbridos enchufables de la marca, por lo que la batería de iones litio que alimenta el motor eléctrico es de menor capacidad, 13,5 kWh, y, por tanto, ofrece una autonomía eléctrica más ajustada, que se fija en un máximo de 50 kilómetros.

Reales son algo menos, claro: haciendo una conducción normal está aproximadamente entre los 35 y los 40 kilómetros. Cuando nos pusimos a sus mandos, el C 300 e tenía la batería casi completamente cargada, indicando que tenía 35 kilómetros de autonomía eléctrica. Al terminar la ruta, de unos 45 minutos, estaba cerca de la mitad y prometiendo 17 kilómetros restantes.

Eso sí, yendo más fino, se puede conseguir mantener algo más la carga de la batería. Y, más aún, si jugamos con los modos de conducción, como el E-Save, que conserva la carga de la batería dando prioridad al motor térmico.

Llegados a este punto hay que hacer un alto en los modos de conducción. El C 300 e dispone de cuatro modos en lo que respecta a su mecánica eléctrificada: Hybrid (que alterna automáticamente el propulsor gasolina y el eléctrico), E-Mode (sólo eléctrico), el mencionado E-Save y Charge, que sólo activa el térmico que ayuda además a cargar la batería.

Y estos se combinan con los habituales que ofrece el selector Dynamic (Eco, Comfort, Sport e Individual). De los cuatro sólo el Eco y el Comfort permiten activar el E-Mode, así como el Individual dependiendo de la configuración que pongamos.

Esto se traduce en que ir cambiando entre conducción puramente eléctrica o hibrida es algo más engorroso que en los PHEV de nueva generación de Mercedes-Benz, que disponen de los modos de conducción eléctricos integrados en el selector Dynamic: en el C 300 e para cambiar entre los modos electrificados tenemos que hacerlo mediante el botón ubicado en el túnel central.

Además, tampoco cuenta con los niveles de recuperación de los nuevos híbridos enchufables de la firma germana (D Auto, D+, D, D-, D--), que también permiten gestionar mejor la carga de la batería.

En nuestro caso, sólo activamos dos opciones, Hybrid, cuando recorrimos unos pocos kilómetros de autovía, y E-Mode, en ciudad, que representó más del 90 % de nuestro recorrido. De esta manera logramos un consumo de 1,7 l/100 km, una cifra notable para su potencia y peso (casi dos toneladas). Por su parte el gasto eléctrico, lejos de ser comedido, tampoco fue excesivo dadas sus características: 22,9 kWh/100 km.

El C 300 e homologa un consumo de entre 47 y 44 l/100 km y una emisiones de entre 47 y 44 g/km de CO₂ en ciclo mixto. Su consumo eléctrico homologado, también combinado, se fija en 15,6 kWh/100 km y 14,9 kWh/100 km.

A nivel dinámico, aunque no lo probamos en un trazado ni mucho menos exigente, se comporta bien y responde rápidamente si hundimos el pie en el acelerador (incluso en modo eléctrico). Puede ser brioso, recordándonos que ofrece 320 CV, como sosegado si realizamos una conducción más tranquila.

Asimismo, es una berlina ágil incluso para moverse entre el tráfico y en calles estrechas (su ángulo de giro es de 11,2 metros), y está bien aislado acústicamente, apenas escuchándose en el interior su motor. Sin embargo, en lo que a conducción se refiere y como buen Clase C, su hábitat predilecto son las vías rápidas, aunque en su caso adolecerá el consumo si nos pasamos pisando el acelerador.

Además, el puesto de conducción es cómodo y desde el volante se pueden manejar muchos de parámetros (control de crucero, instrumentación, control por voz...), incluyendo el display multimedia, aunque en esencia este se maneja desde el controlador táctil ubicado en el túnel central.

Con punto de carga incluido

Dado que el Mercedes-Benz C 300 e es un híbrido enchufable toca hacer mención a su sistema de carga, que también es menos avanzada que la que ofrecen los PHEV de nueva generación de la marca. Éste sólo soporta corriente alterna (CA), no contando con el segundo conector de corriente continúa (CC), aunque bien es cierto que este es opcional en los nuevos PHEV.

Además, en su caso se integra de serie el de hasta 7,4 kW de potencia (siendo un extra en el A 250 e y en los GLE PHEV). Sobre el papel, este sistema permite cargar su batería (del 10 al 100 %) en una hora y media enchufado a un Wallbox de 7,4 kW y en dos horas y 45 minutos en uno de 3,7 kW. También puede recargarse enchufado a una toma doméstica de 2,3 kW, pero necesitará cinco horas para cargarse por completo.

Otra de las ventajas del C 300 e, también común a toda la familia EQ Power, es que, gracias al acuerdo con Iberdrola, viene acompañado de la instalación gratuita de un punto de carga doméstico, incluyendo tres años de garantía y asistencia técnica de mano de la eléctrica. Una oferta que sólo estará activa hasta el fin de este año.

Y aunque se puede contratar tarifa con cualquier operador, Iberdrola pone a disposición de los clientes de Mercedes-Benz una tarifa específica que promete 0,03 euros por kW en horario valle (desde las 23:00 hasta las 7:00 horas). Además, ofrece seis meses de recarga gratis en los puntos de carga públicos de Iberdrola, que ascienden a 5.000 en España.

El cable de carga doméstica se incluye de serie (monofásico 2,3 kW, ocho metros), pero los de Wallbox y puntos de carga públicos se ofrecen como extras (22 y 11 kW)

La tecnología más interesante es opcional

Dado que el Mercedes-Benz Clase C está en el último tramo de su vida comercial, también adolece un poco en lo que respecta a su tecnología respecto a los últimos estrenos. Por ejemplo, no incorpora las dos enormes pantallas unidas por un sólo marco (instrumentación y multimedia que pueden ser de hasta 12,3 pulgadas según modelo), ni tampoco el nuevo sistema de infoentretenimiento MBUX, por lo que sus funciones por voz son un poco más limitadas respecto al nuevo asistente virtual.

Además, la instrumentación digital es opcional (se incluye en los paquetes Premium y Premium Plus), que sí equipaba la unidad que hemos probado, y es algo menos visual que la nueva. Eso sí, permite seleccionar varios diseños, así como mostrar el navegador, los datos de viaje o la reproducción multimedia, entre otros, dentro de los cuales navegamos por amplias funciones. Todo ello desde uno de los pequeños pad táctiles ubicados en el volante.

No son de serie tampoco sistemas de asistencia a la conducción como el control de ángulo muerto (598 euros), el control de velocidad adaptativo con asistente de distancia Distronic (799 euros) o el avisador por cambio de carril involuntario activo (1.040 euros). El controlador táctil del sistema multimedia es asimismo un extra (169 euros), así como el head-up display (1.198 euros) o la carga inalámbrica para dispositivos móviles (242 euros).

Y todo ello teniendo en cuenta que hablamos de un coche que parte de los 53.625 euros, sin promociones aplicadas. Es de esperar que la nueva generación sí cuente con varias de estas bondades de serie, pues muchos coches pertenecientes a segmentos inferiores ya lo hacen.

Sin embargo, el C 300 e sí que cuenta con un amplio equipamiento de serie en lo que respecta al confort y estética. Además, su diseño tanto a nivel exterior como en el habitáculo es muy atractivo, aunque en el último caso recurre de forma excesiva al piano negro que recubre tanto consola como túnel central.

De esta manera, encontramos entre otros el freno de estacionamiento eléctrico, el ajuste eléctrico para los asientos delanteros (lumbar y altura), el volante multifunción en cuero con controles táctiles, la cámara marcha atrás o el sistema multimedia con funciones Connect (lleva SIM integrada).

Sea como fuere, si optamos por equiparlo con las opciones tecnológicas más interesantes, su precio se eleva bastante, por lo que puede quedarse fuera de los incentivos a la compra, ya que, aunque siempre se puede jugar con las promociones del concesionario, el margen es estrecho pues su base está casi en el límite.

En definitiva, nos ha gustado bastante el C 300 e teniendo en cuenta el segmento en el que se mueve, aunque estamos expectantes de ver a la nueva entrega que, seguramente, mejorará sus carencias.

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Algunas de las fotos utilizadas para ilustrar el artículo corresponden al Mercedes-Benz C 300 de

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