
El empresario tuvo que abandonar muchas ideas, entre ellas el motor en X, despedirse de dos empresas que fracasaron y de una ciudad entera que plantó en el Amazonas
Sabemos que Henry Ford no nació con un cargo debajo del brazo: trabajó en un taller de maquinaria con 12 años, construyó su primer motor de vapor a los 15 y se convirtió en aprendiz de maquinista con 16. Pero no nos engañemos, Ford no fue ningún samaritano; simplemente entendió que un trabajador contento es más productivo que uno que no lo está, y eso recae directamente en los beneficios.
Pero además de aplicar esta doctrina a la industria del automóvil, tenía muy claro que nada estaba asegurado y que la adaptabilidad era la clave para alcanzar el objetivo final.
Ningún método es sagrado si deja de funcionar
Henry Ford llegó a decir en 1922 que ninguno de sus trabajadores debía considerarse un experto, y de ser así, tendría que ser despedido: "Nadie se considera un experto si realmente conoce su trabajo". Y es que si se llega a ese nivel en el que nada se puede ya mejorar, llega el estancamiento.
Para el empresario, que tuvo que reinventar su negocio y aprender a capitalizar fracasos comerciales, como sus dos primeras empresas (Detroit Automobile Company y Henry Ford Company), experimentar, observar y aprender de otros era la base del éxito. Y es que antes de revolucionar el mundo con el Modelo T y la línea de ensamblaje, implementó métodos de negocio, modelos de automóviles y proyectos sociológicos que fracasaron rotundamente.
Uno de sus fracasos fue en Motor en X: entre 1920 y 1927 se obsesionó con desarrollar un motor X-8 (ocho cilindros dispuestos en forma de "X" alrededor de un solo cigüeñal) para sustituir a los motores convencionales, pero tenía un diseño mecánico defectuoso.
Por eso advertía: "Prepárate para revisar cualquier sistema, abandonar cualquier método, tirar cualquier teoría, si el éxito del trabajo lo requiere". Eso significa básicamente que ningún método es "sagrado" si deja de funcionar, así que hay coger con pinzas las tradiciones y no dejar nunca de aprender: el conocimiento absoluto no existe al fin y al cabo.
Así que aplicó esta mentalidad a la cadena de producción, identificando lo que le hacía perder dinero o tiempo y cambiando de rumbo. Decidió que sus trabajadores debían tener una condiciones laborales dignas para evitar revueltas, absentismo y aumentar la productividad, y darles además tiempo libre -que sería vigilado- para que pudieran seguir consumiendo y cerrar así el ciclo.
Imagen | Magnific, Wikimedia
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