
La multa por utilizar de forma indebida una plaza reservada para personas con movilidad reducida es de 200 euros
Encarna y su hijo Hugo, un niño de 12 años con movilidad reducida y un grado de discapacidad del 80%, sufrieron el incivismo de un conductor que utilizó de manera indebida una plaza de aparcamiento reservada para personas con movilidad reducida.
Esta madre ha contado su experiencia en Tododisca y recuerda que, por desgracia, es algo que pasa con demasiada frecuencia, a pesar de que conlleva una multa de 200 euros e incluso la retirada con grúa del vehículo del infractor.
Ni un momento, ni siquiera mientras estás dentro del coche
En España, hay demasiados conductores que no respetan ciertas plazas de aparcamiento. Están los que utilizan las plazas XL para familias cuando van solos en el coche, los que aparcan en zonas de carga, los que dejan su coche de gasolina en una plaza para cargar eléctricos y los que no tienen ninguna consideración y utilizan las plazas reservadas para personas con movilidad reducida (PMR), sin serlo.
Si bien es cierto que estas últimas plazas son las que más se respetan a nivel social (faltaría más), todos los días hay casos de gente que las utiliza de forma indebida.
Uno de estos casos es el que vivió en primera persona Encarna, una madre de un niño con 80% de discapacidad y movilidad reducida que ha hablado de ello en el medio Tododisca, en un artículo publicado por Francisco Zuasti.
Encarna, de 43 años, explica que su hijo Hugo, de 12 años, tiene distrofia muscular de Duchenne y que utiliza silla de ruedas eléctrica, dada su movilidad reducida y su grado de discapacidad del 80%.
Para ellos, las plazas reservadas para personas con movilidad reducida son de vital importancia y, ojo, no hay que olvidar que no son un privilegio, sino un derecho y una necesidad.
Pues bien, hay gente que no lo tiene claro o que directamente tienen un problema muy grave de falta de empatía. Encarna y su hijo se encontraron con una de estas personas: cuando llevaba a Hugo a fisioterapia en el centro de su ciudad, donde solo hay dos plazas reservadas para personas con movilidad reducida, había un coche sin tarjeta de PMR aparcado en una de esas plazas, la única que quedaba libre porque la otra estaba ocupada por un vehículo que sí tenía la tarjeta de PMR.
Encarna cuenta que el conductor estaba dentro del vehículo y con el motor encendido: “Le pedí por favor que se moviera, que llevaba a mi hijo en silla y necesitaba la rampa. Me contestó que la calle era pública, que él también pagaba impuestos y que no iba a tardar”.
Evidentemente, esta contestación estuvo completamente fuera de lugar, de hecho, ese conductor no debería dejar el coche ni siquiera un momento. Encarna le contestó que ella también paga impuestos y que precisamente, gracias a eso, existen estas plazas, pero, lejos de terminar con la discusión, Tododisca asegura que la conversación subió de tono:
“Me llamó exagerada delante de mi hijo. Hugo me preguntó después por qué ese señor estaba enfadado con él. Eso es lo que más me dolió”, aclara Encarna. Lo que terminó haciendo fue llamar a la Policía Local, pero señala que el coche se había marchado cuando los agentes aparecieron por allí, 20 minutos después.
“Perdimos la sesión de fisioterapia. Y la siguiente semana, otra vez lo mismo con otro coche”, lamenta Encarna, que indica que desde entonces ya no actúa de la misma forma y evita entrar en discusiones: “Hago una foto donde se vea la matrícula y la señal, y llamo a la policía. No quiero que mi hijo vea a su madre gritando en la calle cada martes”.
Imágenes | Citroën, Toyota, Hyundai y Unsplash
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