
El McLaren F1 de Rowan Atkinson, accidentado en 2011, le costó al seguro 910.000 libras, la factura más alta pagada por un turismo.
Más de un millón de euros. Es la reparación más alta jamás pagada por un seguro de coche en el Reino Unido. Fueron 910.000 libras esterlinas lo que tuvo que pagar el seguro de Rowan Atkinson para la reparación de su McLaren F1 tras un accidente sufrido en la campiña inglesa.
Lo de reparación es un eufemismo. El motor salió despedido y el coche partido en dos, por lo que McLaren tuvo que reconstruirlo. Nadie querría un coche que ha sufrido semejante accidente, ¿verdad? Pues no. Ese coche se convirtió en una mina de oro para el interpréte de Mr. Bean.
Los coches son para conducirlos
Rowan Atkinson, el actor que da vida a Mr. Bean y a Johnny English, nada tiene que ver con su personaje al volante. Aunque Mr. Bean no sabe realmente conducir y convierte cada trayecto en un desastre, Atkinson, es uno de esos actores británicos que no solamente ha ido montando una impresionante colección de coches sino que realmente saben pilotar.
Esta pasión por todo lo que tiene cuatro ruedas y un motor le llegó a Atkinson desde sus primeros años. Con 12 años, reparó el viejo Morris Minor de su madre y se fue a recorrer los campos alrededor de la granja familiar. "Conducir por el campo —contaba al 'Sunday Times'— era muy divertido, pero estaba convencido de que el coche quedaría mejor si le quitaba todos los elementos de carrocería que pudiera eliminar".
Tras estudiar ingeniería eléctrica en Oxford y Newcastle, el joven inició su carrera como cómico en los años 80 en la televisión británica. La fama y la fortuna llegaron en 1990 con la creación de ‘Mr. Bean’, serie famosa en todo el mundo. Y su garaje se fue llenando de joyas. Adiós al Morris, bienvenidos los Aston Martin V8 Vantage, McLaren F1, Mercedes SLR AMG, Lancia Thema 8.32, Honda NSX y otros como la Bentley Mulsanne Birkin Edition.
Durante años lideró el ranking de celebridades más rápidas en el "coche asequible" de 'Top Gear', y ha participado, como aficionado pero con seriedad, en carreras de montaña y pruebas de resistencia en circuito, incluso al volante de un Aston Martin V8 Vantage Zagato o de un Jaguar MkVII en eventos de coches clásicos de competición. Esta doble vida entre los platós y los boxes no es anecdótica: explica por qué Atkinson nunca ha tratado sus coches como simples objetos de exhibición.
Su Aston Martin V8 Vantage Zagato es el único del mundo de los 89 fabricados preparado para competición y para colmo, preparado a posteriori. Vamos, que no teme usar los coches por muy caros que sean. Y eso incluye al McLaren F1.
Este McLaren F1 lo compró en 1997 por 647.000 libras, cuando el modelo diseñado por Gordon Murray sólo tenía cuatro años y ya se consideraba la referencia absoluta de los superdeportivos. Tres plazas, motor central, elementos revestidos de oro para disipar el calor del V12 BMW de 6,1 litros, fue durante décadas el coche más rápido del mundo.
Atkinson no lo guardó en un garaje climatizado, lo condujo, lo llevó al límite. En 1999 un primer accidente dañó gravemente el chasis. El coche volvió a McLaren, se reparó y regresó a la carretera.
El segundo accidente, en agosto de 2011, fue mucho más grave. En un tramo de la A605, cerca de Peterborough, Atkinson perdió el control del McLaren a alta velocidad. El coche salió de la calzada, chocó contra una señal de tráfico y luego contra un árbol. El impacto fue brutal. La parte trasera quedó destruida y el V12 terminó a unos 20 metros del coche. Atkinson salió con una lesión en el hombro, nada más, algo casi milagroso teniendo en cuenta el estado del McLaren.
Ante un F1 tan dañado, surgió la pregunta obvia: ¿era siniestro total? Atkinson con la ayuda de McLaren decidieron que no lo era. La marca de Woking optó por reconstruir el coche casi desde cero en lugar de declararlo siniestro total, una elección que demuestra la rareza de estos chasis de fibra de carbono, de los que solo se fabricaron 64 unidades de calle (y una cuarentena de carreras). McLaren tardó casi un año, movilizó a los técnicos especializados que habían ensamblado el coche originalmente y fue necesaria la fabricación de piezas que ya no existían en stock.
El coste, por su parte, pasó a la historia. El seguro pagó alrededor de 910.000 libras por la reparación, más de lo que había costado el coche 14 años antes. Esta cantidad sigue siendo, hasta hoy, la indemnización más alta jamás abonada en el Reino Unido por un siniestro con un solo vehículo implicado.
La cifra puede sorprender para un coche de edición limitada, pero refleja exactamente lo que cuesta preservar un objeto industrial convertido, con el tiempo, en una pieza de patrimonio mecánico.
Atkinson volvió a ponerse al volante de su McLaren tan pronto como pudo. Continuó usándolo varios años más, acumulando cerca de 64.000 kilómetros con el mismo coche, antes de venderlo en 2015 por 8 millones de libras, una cifra que ilustra hasta qué punto ha subido el valor de los F1 desde los años 90. Así, el actor asociado para siempre a la torpeza cómica ha demostrado ser todo lo contrario.
Imágenes | TJ
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