Es hora de hacer resumen, y con esto es con lo que me quedo

Pasado el primer empacho de fiestas navideñas, llega el momento de recapitular el año, hacer resumen, recordar lo vivido y luego fijar nuevos objetivos para el próximo. Un año más, y van seis desde que colaboro en Motorpasión, automovilísticamente el año ha sido intenso, cargado de novedades, pruebas y vídeos que ahora estáis votando como Lo Mejor de 2014 en Motorpasión.

En los últimos doce meses, y ya me voy al plano personal, he tenido la suerte de conducir muchos de los últimos modelos de coches que han llegado al mercado, juguetes de la talla del Porsche 911 GT3 o copilotar el Porsche 918 Spyder han sido parte del día a día. También he podido probar los nuevos BMW M3 y M4 Coupé en circuito, o disfrutar de un viaje en el Mercedes Clase S 350 BT, la berlina más moderna y avanzada del mundo. Pero sobre todos ellos hay un coche que destaca de manera inusual y que ha conseguido hacerse un hueco destacado en 2014, el BMW i8.

El primer deportivo híbrido enchufable de la marca alemana, segundo de la familia BMW i después del i3, ha sido sin lugar a dudas el coche que más me ha sorprendido y agradado este año. Por concepto, por lo que han conseguido con el y por las sensaciones que transmite, puedo afirmar que BMW ha conseguido posicionarse un escalón por encima, temporalmente hablando, de cualquiera de sus rivales más directos.

Muchas veces en los últimos meses y años, cuando nos preguntábamos hacia dónde fluiría la industria automovilística con la llegada de los eléctricos, híbridos y demás juguetes de los ingenieros, a los que nos gustan los coches deportivos puros nos atemorizaban las dudas. Dudas sobre si en los próximos años, con esto de tener que consumir y emitir menos que cualquier otro, íbamos a seguir teniendo al menos cuatro o cinco modelos que no sucumbiesen a esas tendencias, coches con los que poder disfrutar de la conducción como se viene haciendo de toda la vida.

La respuesta hoy en día la tengo clara. No. No va a haber de aquí a cinco o diez años coches deportivos o superdeportivos de gran volumen que no incorporen todo tipo de avances tecnológicos para hacerlos más eficientes, más comprometidos socialmente y más acordes con las tendencias de la gran industria automovilística y los siempre vigilantes grupos ecologistas. Ojo, hablo solo de coches de gran volumen. Estoy seguro que en las afueras de cualquier ciudad de Gran Bretaña habrá y seguirá habiendo empresas de apasionados que harán durante muchos años coches que sólo ellos y unos pocos fuera de sus fronteras podemos entender, como el Ariel Atom o el BAC Mono.

Ante este panorama, la llegada de BMW con un deportivo híbrido enchufable despertó muchos comentarios. ¿Sería el BMW i8 un digno deportivo para una marca con tal tradición en este sentido? ¿Serían capaces de hacer que un híbrido transmitiese las sensaciones que esperas cuando subes por ejemplo en un Porsche 911? ¿Será el i8 el superdeportivo que esperábamos para competir de tu a tu con Audi y Mercedes?

Esas dudas se teñían de negro sobre la central de la marca muniquesa, que muy tranquilamente trabajó en el desarrollo del BMW i8 desde aquel prototipo inicial llamado BMW Vision EfficientDynamics, presentado en el remoto Salón de Frankfurt de 2009. Fueron más de cinco años de trabajo hasta que este año 2014 llegó el momento más esperado, el de lanzar al mercado el BMW i8 y ponerlo en manos de los periodistas especializados para que dictasen su veredicto final.

Personalmente me considero un afortunado cuando hablo del BMW i8. Tuve la suerte de estrenar, conduciéndolo sólo durante unos kilómetros, la primera unidad que se matriculó en España. Fue una simple toma de contacto en la que estaba casi amenazado de muerte por parte de BMW España por si le ocurría algo al coche, por lo que el tiento y la cautela marcaron aquellos escasos 10 kilómetros con el BMW i8.

No me importó demasiado que aquello fuese tan breve porque sabía que sólo unas semanas después iba a tener la suerte de ir a Milán a probar, ahora si con plenas facultades y vía libre para exprimirlo, el que es para mi el coche más destacado del año 2014. Por los alrededores de la ciudad italiana pudimos hacer una ruta con el BMW i8 en el que nos demostró en todo momento que en BMW habían conseguido lo imposible, viajar en el tiempo y traer al año 2014 el deportivo con el que todos soñábamos para el año 2018.

El coche es impresionante en todos los sentidos, pero hay que matizar que las sensaciones que transmite no son comparables a las de nada que hayamos probado o conducido hasta la fecha. Ni deportivos como el Porsche 911, ni superdeportivos como el McLaren MP4-12C ni híbridos deportivos como el Fisker Karma.

Tampoco otros coches como el Audi R8 V10 que conduje hace sólo unas semanas en Montmeló o el Pagani Zonda R que copiloté allá por el 2009 son capaces de transmitir sensaciones tan únicas y singulares como las del BMW i8. Es sencillamente el coche más peculiar que he conducido este año, y aun así uno de los coches más impresionantes a nivel de prestaciones de cuantos han pasado por mis manos.

Con sus dos motores eléctricos (uno que envía fuerza al eje delantero y otro que armoniza este con el de gasolina), y el motor de gasolina de 1.5 litros, con tres cilindros y tecnología BMW TwinPower Turbo, el BMW i8 es capaz de llevarte a otra galaxia automovilísticamente hablando. Ni es el coche que más acelera, ni el que mejor se agarra al asfalto ni con el que puedes trazar una curva a más velocidad, pero es el único capaz de hacerte sentir en una máquina del tiempo.

Me costó haceros creer que en el modo eDrive, ese en el que hace uso únicamente del motor eléctrico del eje delantero y sus 131 caballos, el i8 es capaz de acelerar con la soltura que puedes esperar de un híbrido deportivo de 1.485 kilos de peso. En esa configuración, únicamente usas dos marchas de la caja de cambios y la soltura y suavidad con la que te puedes desplazar es única, perfecta para moverte por ejemplo por ciudad o hacer escapadas rápidas por la periferia de las grandes ciudades.

Cuando quieres ir un poco más allá, basta con desactivar el eDrive y seleccionar o el modo Comfort o el EcoPro para poder sentir que el futuro de los híbridos deportivos enchufables va a ser realmente apasionante si otros se atreven a intentar imitar lo que ha hecho BMW. Encastrado en su cómodo y bajo asiento, y rodeado de un interior 100% BMW y 100% vanguardista al mismo tiempo, sacar la quinta esencia a ese coche es una experencia única.

El sonido del pequeño motor, amplificado artificialmente justo detrás de tu cabeza, es capaz de ponerte los pelos de punta cada vez que pisas a fondo el acelerador con la palanca de marchas colocada a la izquierda, en modo Sport. No esperes quedarte pegado al asiento como en un Pagani Huayra, no. Eso lo hace cualquiera que tenga varios cientos de caballos escondidos en el motor. Aquí lo que sentirás es una fluidez mecánica incomparable, un cúmulo de sensaciones que estoy deseando experimentar de nuevo y que me atrevo a decir que es capaz de mantener el tipo sin demasiada complicación a deportivos de más de 300 caballos de potencia.

El futuro de los deportivos híbridos enchufables pasa por coches como este, que al mismo tiempo que te permite conducir en modo deportivo disfrutando de las sensaciones, es capaz de regenerar energía para, cuando llegues a las inevitables retenciones del tráfico urbano, usar únicamente el modo eléctrico hasta que llegues a casa, lo enchufes y cargues del todo la batería.

Desde aquella toma de contacto con el BMW i8 (parte 1 y parte 2), han pasado ya unos cuantos meses. Han sido meses en los que hemos probado muchos otros coches, algunos excelentes y otros simplemente muy buenos. Pero ninguno de ellos ha sido capaz de alcanzar el nivel de innovación y vanguardismo percibido en el i8.

Creo que después de estos meses de reposo tecnológicamente hablando, ya estamos preparados para volver a experimentar esas sensaciones, conducir el BMW i8 a nuestras anchas por la geografía española y comprobar de lo que es capaz tanto a nivel de prestaciones como a nivel de autonomía en condiciones reales. Porque el para mi mejor coche de 2014, merecerá una prueba a fondo en Motorpasión en 2015.

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