La OTAN enterró 5.300 km de tuberías en plena Guerra Fría para no depender de la Unión Soviética. Hoy nos llevan el combustible que necesitamos

Oleaoducto Rafale

La OTAN temía quedarse sin combustible: su solución fue un oleoducto de más de 5.000 km.

Daniel Murias

El carburante es esencial en tiempos de paz y más aún en caso de conflicto. A principios de los años cincuenta, los planificadores de la OTAN sabían que en una guerra contra el Pacto de Varsovia, los camiones cisterna serían de los objetivos más fáciles de destruir. Sin combustible, los tanques dejarían de avanzar, los cazas no podrían despegar y la logística aliada se vendría abajo en cuestión de días.

Los ejércitos modernos dependen de un flujo constante de gasolina, diésel y queroseno, y mover millones de litros por carretera dejaba ese flujo a merced de bombardeos y sabotajes desde las primeras horas, algo ya se había vivido en la Segunda Guerra Mundial. Si las carreteras quedaban inutilizadas el primer día, la Alianza podría perder la guerra sin haber disparado apenas un tiro.

Abastecer las bases sin ser vistos

La alternativa fue enterrar el combustible. Las obras del Central Europe Pipeline System, conocido por sus siglas CEPS, arrancaron a comienzos de los cincuenta y la red entró en servicio en 1959. Con el tiempo se extendió por Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y Luxemburgo hasta sumar unos 5.279 kilómetros de tuberías de entre 15 y 30 centímetros de diámetro, que enlazan refinerías, puertos, depósitos y bases aéreas. 

Su gestión corre a cargo de un programa específico dentro de la agencia de apoyo y adquisiciones de la OTAN, la NSPA, en el que participan los cinco países por los que pasa la red y Estados Unidos.

Al discurrir bajo tierra, la infraestructura queda fuera de la vista y mucho mejor protegida que cualquier convoy de cisternas. Hoy sigue conectada a 20 bases aéreas militares, y sus 36 depósitos almacenan cerca de un millón de metros cúbicos de combustible. Durante décadas, además, permaneció lejos del foco público, y esa discreción formaba parte del diseño, ya que su misión era garantizar que, incluso bajo un ataque masivo, el queroseno siguiera llegando a los aviones.

Con el final de la Guerra Fría la red se redujo de forma notable, porque cerraron bases que dependían de ella, como Bitburg, en Alemania, o Soesterberg, en los Países Bajos. Sin embargo, no desapareció, ya que desde los años sesenta ofrecía su capacidad también a clientes civiles y esa vía acabó salvándola. 

Hoy mueve en torno a 13 millones de metros cúbicos de producto al año, sobre todo queroseno, y abastece de forma directa a los aeropuertos de Bruselas, Lieja, Ámsterdam, Luxemburgo, Colonia/Bonn y Fráncfort. Solo el tramo neerlandés transporta más de 4,5 millones de metros cúbicos anuales y Schiphol (el aeropuerto de Amsterdam) se lleva alrededor del 40 % de ese volumen. Cerca del 90 % del combustible que circula es ya para usuarios civiles.

Lejos de quedarse en reliquia, la red siguió creciendo. En octubre de 2008 se completaron 80 kilómetros nuevos entre Aalen y Leipheim, y en 2023 realizó sus primeras entregas de combustible sostenible de aviación al aeropuerto de Bruselas. Una infraestructura concebida para el peor escenario militar sostiene así una parte relevante del tráfico aéreo comercial de Europa Occidental sin que los pasajeros lo sepan.

Todo cambió en 2014, cuando la agresión rusa contra Ucrania devolvió el sentido militar a la infraestructura. Los puntos más orientales del CEPS están en Neuburg, en Baviera, y en Bramsche, en Baja Sajonia, mientras que los ejércitos de Polonia o Rumanía dependen de conexiones por carretera y ferrocarril que quedarían cortas en un conflicto frente a Rusia y que, además, delatan dónde se concentran las tropas. La Alianza pasó entonces de debatir si mantener el CEPS a planificar un East European Pipeline System que lo prolongue hacia el este.

El Consejo del Atlántico Norte aprobó el 22 de julio de 2026 un programa de capacidades de suministro de combustible valorado en 27.000 millones de euros, frente a los 21.000 que se barajaban en marzo. El programa moderniza la infraestructura existente y financia nuevas tuberías para conectar Polonia, Chequia y Eslovaquia al CEPS, y Rumanía y Bulgaria al sistema griego.

Pero su expansión no es lo más llamativo de este oleoducto. Resulta que un sistema diseñado en una óptica bélica resultó ser también rentable en tiempos de paz, hasta el punto de que en Alemania los contratos comerciales cubren hasta el 70 % de sus costes anuales de operación. 

Aun así, la pregunta que lo originó, cómo asegurar el suministro cuando las carreteras pueden quedar inservibles desde el primer día, no ha perdido vigencia, y la respuesta que la OTAN dio en los cincuenta continúa siendo, en lo esencial, la misma.

Imágenes | B92, , NARA, OTAN

En Motorpasión | Alemania ha vuelto a votar que no a los límites de velocidad. La ausencia de límites como 'icono cultural' aunque la gasolina esté demasiado cara 

Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com

VER 1 Comentario
↑