
Ya está a la venta desde 95.630 euros, únicamente con motores diésel TDI de seis cilindros
Dos décadas después de llegar el primer Audi Q7, la compañía de los cuatro aros lanza la tercera generación de este SUV grande de alta gama.
Ya está disponible con cinco, seis o siete plazas y con dos motores, ambos diésel MHEV con la etiqueta ECO de la DGT: un V6 TDI de 3.0 litros de 245 CV y el mismo bloque con 299 CV. Más adelante llegarán versiones PHEV con la etiqueta CERO de la DGT.
El Audi más grande que se puede comprar. Hasta que llegue el Q9
Han pasado 20 años desde que Audi lanzó el primer Audi Q7 y, por lo tanto, su primer SUV. Desde entonces, han cambiado muchas cosas: los todocaminos han pasado a dominar el mercado, la industria del automóvil se ha electrificado de múltiples formas, los motores diésel prácticamente han desaparecido y las marcas chinas han conseguido poner contra las cuerdas a los fabricantes occidentales, incluso en el segmento de los SUV grandes de gama alta del que forma parte el Q7.
Como la segunda entrega del Q7 llevaba demasiado tiempo a la venta, Audi ha decidido renovar este todocamino, no solo para plantar cara a sus cada vez más peligrosos rivales chinos, sino también para luchar contra los adversarios tradicionales, que no son pocos: BMW X5, Mercedes-Benz GLE, Volvo XC90, Porsche Cayenne, Range Rover Sport y Lexus RX (el Volkswagen Touareg también debería estar en esta lista, pero se ha dejado de fabricar sin sucesor).
De paso, con este nuevo Q7, Audi estrena buque insignia, al menos hasta que llegue el inminente Q9 porque el Audi A8 ya no se comercializa. Eso significa que, si Audi ha tratado siempre con mimo al Q7, ahora lo hace con más razón porque este todocamino es uno de los principales escaparates de su tecnología en todo el mundo.
Salta a la vista nada más verlo. Además de adoptar el lenguaje de diseño de los últimos lanzamientos de la marca de Ingolstadt, estrena soluciones que no tiene ningún otro Audi, como la parrilla iluminada y la posibilidad de montar llantas de hasta 23” con el acabado Black line tope de gama, e incluso cosas que no hemos visto en ningún otro coche, como la proyección de los intermitentes en el suelo.
Como te contó mi compañera Irene Mendoza hace unos días, los intermitentes llevan más de 100 años haciendo lo mismo, pero Audi los ha reinventado y el primer modelo que incorpora esta tecnología es el Q7, aunque pronto llegará también al Q9.
Audi Q7
A través de unos pequeños proyectores integrados en los faros delanteros y en los pilotos traseros, cuando las luces están encendidas y se ponen en marcha los intermitentes, el Q7 proyecta unas flechas luminosas de color naranja sobre el asfalto. El objetivo es que el resto de usuarios de la vía tengan más posibilidades de ver estas indicaciones.
Evidentemente, estas flechas solo se ven en condiciones de poca luz, idealmente por la noche, y son útiles, tanto en carretera, por ejemplo, para indicar que se va a adelantar o que se va a cambiar de carril, como en ciudad, ya sea para indicar que se va a salir de un aparcamiento o que se va a abandonar una rotonda, entre otras cosas.
Toda la tecnología que sirva para ampliar las posibilidades de que se vea una advertencia, debería ser bienvenida. Ojo, los intermitentes de toda la vida siguen en su sitio, simplemente esta proyección se suma a esas indicaciones.
A estos nuevos intermitentes se suman otras tecnologías que ya conocíamos, como los faros Matrix LED digitales (que también pueden proyectar cosas sobre el asfalto o en la pared de enfrente, como el logotipo de los cuatro aros al encender el coche) o los pilotos que, al igual que los faros delanteros, permiten cambiar el diseño de la firma lumínica.
Lo que también es novedad es el tamaño del coche. No tanto por lo que mide, sino porque no sigue la tendencia que tiene prácticamente cualquier modelo de crecer respecto a su generación anterior: mide 5,05 metros de largo, prácticamente un centímetro menos que su predecesor.
Sigue siendo enorme, pero no es más largo, de hecho, al tenerlo delante he pensado que sería bastante más corto que el Q7 anterior, y es por culpa de un diseño con formas más SUV que antes, especialmente en la parte trasera: la segunda generación del Q7 tenía ciertos rasgos de “ranchera”, con una luna trasera y un pilar D más inclinados, mientras que el nuevo Q7 tiene formas más “cuadriculadas”. Sea como sea, si a alguien se le queda pequeño el Q7, que tenga en cuenta que el Q9 llega hasta los 5,30 metros de largo...
Siguiendo con las novedades, una de las cosas que más llama la atención del nuevo Q7 son sus puertas, más bien la forma en la que se abren y se cierran porque tienen apertura y cierre eléctrico.
No es la primera que vemos este sistema en un coche, es más, se está poniendo de moda entre los modelos premium, pero, aunque funciona bien y es cómodo, cuesta acostumbrarse porque todos tendemos a abrir la puerta tirando del tirador y a empujarla para cerrarla, como hemos hecho siempre, por lo que requiere un periodo de adaptación mentalizarse de que el coche hace estos procesos automáticamente.
Es como cuando pasas de un coche con portón del maletero convencional a uno que tiene portón eléctrico: las primeras aperturas y los primeros cierres, por inercia, los hacemos manualmente, hasta que nos acostumbramos a dejar trabajar al sistema.
Con todo, no es una de esas tecnologías ultra útiles que nos cambia la vida; ya digo que es cómodo, pero en otras ocasiones es todo lo contrario, por ejemplo, cuando se abre una puerta trasera para dejar un abrigo porque lo que podría hacerse en un abrir y cerrar de ojos acaba llevando más tiempo de la cuenta (el sistema necesita sus tiempos para abrir y cerrar).
Eso sí, si cualquier puerta detecta un obstáculo, como una pared, otro coche o una persona, la apertura se frena en seco, de manera que con este sistema no debería haber opciones de dar portazos a otros vehículos. Se agradece.
Audi Q7: así es por dentro
Por supuesto, el portón trasero es eléctrico y da acceso a un maletero gigante, como es habitual desde que llegó el primer Q7. Esta vez, la capacidad es de 670 litros con la configuración de cinco asientos y de 581 litros con el interior de siete plazas.
Esta última opción también es un clásico en el Q7 desde que llegó hace 20 años y en esta tercera entrega no podía faltar la posibilidad de tener tres filas de asientos; también existe la posibilidad de configurar el interior con seis plazas, con dos asientos independientes en la fila central.
Y ya que estamos con las funciones eléctricas, el plegado de las dos filas traseras de asientos también es eléctrico y basta con pulsar otro botón para desplegarlos, también de forma eléctrica. Cuando están plegados, el maletero pasa a tener 2.075 litros en la versión de cinco plazas y 1.980 litros en el siete plazas: el Q7 se convierte en una “furgoneta”.
Sin salir del interior, en la parte delantera, las funciones controladas eléctricamente llegan hasta los aireadores del climatizador. Para orientar las rejillas, hay que hacerlo a través de la pantalla táctil.
Personalmente, no me parece algo positivo porque se tarda más tiempo que con unos controles físicos de los de siempre, por no hablar de que el conductor puede distraerse si lo hace durante la conducción porque hay que mirar sí o sí a la pantalla táctil central para orientar el flujo de aire en la posición que se quiera.
A veces, las marcas “se pasan” de modernas y este es uno de esos casos. Lo peor de todo es que no es algo exclusivo de Audi porque cada vez hay más coches con este tipo de controles, tanto europeos como chinos.
El lado bueno de esto es que el diseño del salpicadero es más limpio y a eso hay que sumar la ausencia casi total de botones: ni siquiera los hay para controlar la temperatura del climatizador, algo que también hay que hacer desde la pantalla central o a través del control por voz.
Al igual que con el exterior, el nuevo Q7 adopta el lenguaje de diseño de los últimos Audi en el interior, y la falta de botones es una de las consecuencias, aunque, por suerte, hay botones físicos para funciones clave, como subir y bajar el volumen del audio, regular los retrovisores, ajustar la posición de los asientos delanteros (y de los traseros si son eléctricos) y, por supuesto, para utilizar los elevalunas.
Otra consecuencia de este nuevo diseño interior de Audi es que las pantallas acaparan todo el protagonismo, incluyendo una tercera que puede ir opcionalmente delante del pasajero. Sí, se agradecería tener más botones, pero ya que Audi lo ha apostado (casi) todo a las pantallas, lo ha hecho bien y, tanto el cuadro como el multimedia con Google integrado, aprueban con nota.
También cabe destacar que alguien en Alemania ha pensado en algo tan práctico como poner accesos directos personalizables al desplegar la pantalla central desde arriba para, entre otras cosas, poder apagar el aviso por exceso de velocidad o desconectar algunos ADAS, como el asistente de mantenimiento en el carril, sin tener que navegar por varios menús.
De paso, también es justo decir que los de Ingolstadt han acertado de lleno con otra cuestión: por fin han eliminado el plástico negro piano del interior. O prácticamente porque apenas quedan superficies rematadas en este acabado que atrae tanto la suciedad y que se raya con tanta facilidad. Ese tipo de plásticos no quedan bien en ningún coche, pero menos en uno de gama alta como este, así que nadie lo va a echar de menos.
Esa ausencia del negro piano, en mi opinión, incrementa la percepción de calidad, tanto a la vista como al tacto, aunque, en general, este Q7 no ha dado un salto en este sentido respecto a su predecesor. Está bien hecho, como cabe esperar en un coche de este segmento, pero no está mejor hecho que el Q7 anterior, ni por los materiales que utiliza ni por los ajustes.
Sí mejora la insonorización del interior. El trabajo que ha hecho Audi en este apartado es francamente bueno. El silencio a la hora de rodar es otra de las cosas que todo el mundo esperar encontrar en un coche de esta gama, y el Q7 cumple con creces. Igual que con la posición de conducción: es facilísimo encontrarse cómodo, tanto por lo buenos que son los asientos, como por los múltiples ajustes que tienen.
La unidad de pruebas que he conducido en la toma de contacto equipaba los asientos delanteros deportivos plus opcionales y me han parecido soberbios, por comodidad y por sujeción. Además, vienen con dos altavoces incorporados a ambos lados del reposacabezas que forman parte de un sistema de sonido Bang & Olufsen premium con sonido 4D opcional que suena sencillamente espectacular.
Si me preguntas, este sistema de sonido es un imprescindible para los más melómanos, aunque no es barato porque cuesta 1.115 euros, pero Audi obliga a coger también el Paquete Premium (13.185 euros) para configurarlo y esa combinación obligada, que incluye el asistente de conducción adaptativo plus o el techo corredizo panorámico con regulación de transparencia eléctrica, entre otras cosas, incrementa la factura final del coche en 14.300 euros.
Lo cierto es que las posibilidades a la hora de configurar este coche son enormes, tanto por fuera como por dentro, y eso que Audi nos asegura que han reducido opciones, como el catálogo de llantas, que ya no es tan completo como antes, o la gama de motores, que se limita a dos opciones, por ahora (más adelante se incorporarán alternativas PHEV).
Audi Q7: así va
En realidad, el nuevo Q7 solo se ofrece con un bloque, pero está disponible con dos niveles de potencia. Se trata del V6 TDI de 3.0 litros, que puede escogerse con 245 CV o con 299 CV, siempre ligado a la tracción integral quattro y al cambio automático Tiptronic de convertidor de par con ocho relaciones.
Sí, has leído bien: TDI. A finales de 2026, resulta extraño hablar del lanzamiento de un coche diésel, y todavía más del lanzamiento de un modelo que, de momento, lo apuesta todo al diésel, y con un bloque bastante grande para los estándares actuales, con 3.0 litros y seis cilindros en uve, si bien es verdad que este V6 está electrificado con un sistema de hibridación ligera de 48 V en sus dos niveles de potencia, por lo que tiene la etiqueta ECO de la DGT.
Atrás (muy atrás) quedan los tiempos en los que el Q7 podía montar un motor V12 TDI de 6.0 litros con 500 CV y 1.000 Nm de par (qué locura), pero que un SUV de semejantes dimensiones y peso (más de 2.400 kg) se ofrezca con mecánicas diésel es, sin duda, una buena noticia. Le pese a quien le pese, este tipo de motores le sientan como anillo al dedo a un coche como este.
La unidad que he probado llevaba el V6 TDI de 299 CV y ha gustado porque empuja y mueve con bastante soltura a esta “mole”, pero es suave, agradable y relativamente silencioso. En este sentido, los TDI han mejorado mucho respecto a esos V6 TDI de 3.0 litros que utilizaba el primer Q7, y también a nivel de consumos porque es fácil ver medias de unos 8-8,5 l/100 km.
El sistema MHEV contribuye al agrado de uso (y a contener el consumo) porque permite moverse en modo completamente eléctrico en momentos puntuales, como al hacer maniobras o al circular a punta de gas en ciertas situaciones.
Pero no todo es mérito del motor (y de lo bien que va el cambio). La puesta a punto tiene buena parte de la culpa de que el Q7 se sienta ágil. Es un adjetivo que, a priori, no tiene sentido utilizar en un coche tan grande y pesado, pero la verdad es que es ágil, y más con la suspensión neumática S opcional que llevaba la unidad probada y con la dirección en las cuatro ruedas (también opcional).
Con esta suspensión es un coche cómodo, pero el tarado es más bien firme, por lo que no es “barco” que tenga inercias raras en las curvas o las frenadas, mientras que la dirección permite girar con muchísima más facilidad de lo que se esperaría en semejante “tanque”, tanto en carretera como al maniobrar a baja velocidad.
Todo esto no deja de ser tecnología, como la proyección de los intermitentes o las puertas eléctricas, pero aplicada al plano dinámico. Como ves, el nuevo Q7 está cargadísimo de tecnología, y se puede cargar todavía más a base de talonario con todos los opcionales que están disponibles al configurarlo.
Precio del Audi Q7
El peligro que tiene es que el precio puede dispararse considerablemente, y eso que sin extras no es precisamente barato porque parte desde los 95.630 euros en España con el acabado básico Advanced y el motor TDI de 245 CV; con la misma terminación y el motor TDI de 299 CV arranca en 98.500 euros.
El acabado intermedio es el S line, con un precio de partida de 101.330 euros para la versión de 245 CV y de 104.200 euros para la de 299 CV, mientras que el tope de gama Black line parte desde los 108.630 euros con 245 CV y desde 115.760 euros con 299 CV.
Imágenes | Audi
En Motorpasión | He probado el Audi Q5 TDI de 204 CV y todavía me pregunto por qué quieren matar a los coches diésel, porque siguen siendo súper racionales
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