
• Por primera vez un Range Rover no será un todoterreno o un SUV convencional.
• Lo he visto en persona casi en exclusiva y te cuento mis primeras impresiones con él.
Range Rover acaba de confirmar que está desarrollando un quinto miembro para su familia de coches bajo el nombre Range Rover GT. Mientras muchos imaginábamos otro SUV de lujo con una silueta más deportiva, la realidad es bien distinta. Después de poder verlo en persona en Goodwood junto a un grupo muy reducido de periodistas europeos y siendo únicamente dos los españoles invitados, la sensación ha sido muy distinta. El nuevo Range Rover GT no transmite la imagen de un SUV coupé tradicional. Más bien parece una enorme berlina familiar de lujo que, simplemente, va unos centímetros más alta que un turismo convencional. Te lo cuento.
Un Range Rover que rompe con todo lo que conocíamos hasta ahora
Durante más de medio siglo, el apellido Range Rover ha estado ligado a vehículos de gran presencia, líneas muy verticales y una imagen claramente todoterreno en sus orígenes y SUV en los últimos años. El nuevo GT cambia completamente esa filosofía.
Las primeras fotografías pueden hacer pensar que simplemente estamos ante otro SUV de estilo coupé. Sin embargo, esa percepción desaparece cuando lo tienes delante.
Lo que realmente llama la atención es la longitud visual del conjunto. El capó parece interminable, la cintura es muy baja y la línea del techo desciende con muchísima suavidad hasta la zaga, recordando más a modelos como un Porsche Taycan Sport Turismo, un Audi A6 Avant e-tron o incluso a algunos shooting brake de lujo que a un SUV convencional.
La carrocería resulta sorprendentemente estilizada, aunque es cierto que el vinilo de camuflaje que tenía aplicado el prototipo que pudimos ver, no dejaba ver por completo sus trazos definitivos. Incluso la altura libre al suelo parece menor de lo esperado, reforzando esa sensación de estar ante una berlina familiar elevada y no ante un todocamino.
Creo que precisamente ahí reside el mayor acierto del proyecto: no intenta parecer un SUV deportivo. Intenta crear una categoría completamente nueva dentro de la propia marca.
En directo parece incluso más bajo de lo que sugieren las fotos
Uno de los aspectos que más me sorprendió fue cómo cambian las proporciones cuando lo observas en persona. Las imágenes oficiales todavía muestran el coche completamente camuflado, pero ese camuflaje no consigue ocultar unas superficies extremadamente limpias.
No existen nervaduras exageradas. No aparecen pasos de rueda musculosos. No hay artificios estéticos. Todo el diseño está construido mediante grandes volúmenes muy puros, casi escultóricos.
Es un planteamiento muy diferente al de la mayoría de SUV actuales, donde abundan las líneas marcadas para transmitir deportividad. Es algo que ya vemos en coches como el Range Rover o el Range Rover Sport donde las líneas limpias mandan, y aquí se lleva a otro nivel haciendo que cuanto menos ocurra sobre la carrocería, más elegante parece el conjunto.
El interior apuesta por el minimalismo más extremo y la digitalización como nueva forma del lujo
Si el exterior ya supone una revolución dentro de Range Rover, el interior lleva esa filosofía un paso más allá. Es, probablemente, el habitáculo más minimalista que ha diseñado la marca hasta la fecha.
Prácticamente desaparecen todos los botones físicos, que quedan reducidos a los mandos multifuncionales en el volante, que desgraciadamente tampoco son físicos.
La consola central queda completamente despejada. Las salidas de ventilación prácticamente se esconden dentro del salpicadero. Las pantallas adquieren todo el protagonismo, mientras que los materiales buscan transmitir calma más que espectacularidad. Hay una pantalla situada tras el volante, pero en posición elevada como si se tratase de una pantalla de proyección.
Mi primera impresión fue que el diseño recuerda más al mobiliario contemporáneo de alta gama que al interior de un automóvil. Todo transmite una enorme sensación de orden.
No pretende impresionar mediante decenas de mandos o elementos decorativos. Busca exactamente lo contrario: eliminar todo aquello que no sea imprescindible.
Ese minimalismo puede generar división entre los aficionados más tradicionales, pero resulta coherente con la nueva dirección estética que Range Rover quiere adoptar.
Un nuevo concepto de Gran Turismo
Range Rover define este modelo como el coche más parecido a un turismo que jamás ha fabricado. Después de verlo, resulta difícil encontrar una definición mejor.
No transmite la sensación de querer ser el SUV más deportivo del mercado. Tampoco pretende sustituir al Range Rover Sport ni al Velar como se llegó a especular.
Más bien busca convertirse en un gran rutero de lujo para recorrer cientos de kilómetros con el máximo confort, combinando una posición de conducción ligeramente elevada con un comportamiento mucho más cercano al de una gran berlina.
Precisamente esa filosofía explica también su denominación GT: Grand Touring. No es casualidad. Todo en este coche parece diseñado para viajar.
Un adelanto de la próxima generación de Range Rover
Más allá del propio modelo, el GT sirve también como escaparate tecnológico de lo que veremos durante los próximos años dentro de Jaguar Land Rover y más concretamente bajo la marca de lujo Range Rover.
Será el primer modelo desarrollado sobre la nueva plataforma EMA, concebida inicialmente para versiones eléctricas de 800 voltios, aunque también podrá albergar futuras variantes híbridas, lo cual es una buena noticia.
Será un coche fabricado en Halewood, Reino Unido, reforzando la apuesta del fabricante británico por la producción local.
Pero más allá de eso, el GT también anticipa el nuevo lenguaje de diseño interior de la marca, mucho más limpio, digital y minimalista que el utilizado hasta ahora. No parece simplemente un nuevo modelo. Me dio la impresión de estar viendo el coche encargado de enseñar hacia dónde quiere dirigirse Range Rover durante los próximos años.
Primeras conclusiones
Todavía quedan muchos datos por conocer. No sabemos (o no podemos contaros) su potencia definitiva, su autonomía ni cómo será exactamente su comportamiento dinámico. Pero después de haber podido verlo en persona, sí hay una conclusión que me llevo muy clara.
El nuevo Range Rover GT no intenta reinventar el SUV. Intenta hacer que dejemos de pensar en Range Rover exclusivamente como un fabricante de SUV.
Su silueta, sus proporciones y, sobre todo, la limpieza extrema de un interior que apuesta por el minimalismo absoluto, hacen que la sensación sea mucho más cercana a la de una gran berlina familiar de lujo que a la de un todocamino tradicional.
Y precisamente por eso puede convertirse en uno de los lanzamientos más interesantes de Range Rover de los últimos años, y tal vez el hecho de que el fabricante de los SUV por excelencia desarrolle un coche así, sirva de pistoletazo de salida a un giro que muchos estamos deseando ver en la industria del automóvil: la vuelta de las grandes berlinas y el fin de la hegemonía de los coches de tipo SUV como el todo por el todo en un mercado excesivamente masificado de oferta SUV. Veremos.
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