Este camión de Mercedes era tan caro y avanzado que cuatro trabajadores murieron por salvarlo en Chernóbil

La madrugada del 26 de abril de 1986, en la planta de Chernóbil (cerca de la ciudad de Pripyat, en la entonces República Socialista Soviética de Ucrania) ocurrió uno de los peores accidentes nucleares de la historia, con consecuencias catastróficas a nivel humano y medioambiental.

Tras el accidente se usaron cientos de vehículos de todo tipo (aviones, camiones, coches…) para la extinción del incendio en la central, las labores de limpieza o el transporte de heridos. Después, convertidos en peligrosos artefactos radioactivos, quedaron abandonados en las inmediaciones de la central durante décadas.

Uno de ellos es un misterioso camión rojo de Mercedes-Benz, que estaba en el sitio y el momento equivocados cuando todo saltó por los aires.

El misterioso camión rojo de la planta nuclear de Chernóbil

El incidente de Chernóbil ha protagonizado decenas de películas y series que analizan cómo sucedió todo, y hasta sus dramáticas consecuencias, pasando por las cruciales lecciones aprendidas en materia de gestión de seguridad y de residuos en las centrales nucleares para que algo así no vuelva a suceder.

Pero también hay quienes se han detenido en el misterio que rodea a la central desde hace más de treinta años, como hacen desde el canal de YouTube ‘That Chernobyl Guy’.

En uno de sus últimos vídeos, rescatan una parte de la historia de un camión Mercedes-Benz rojo, que aparece en varias imágenes en el corazón del desastre de 1986, “bastante entero” para lo que cabría esperar. El camión, un robusto clase LK, al parecer era tan importante para los soviéticos que se cree que varios trabajadores murieron intentando salvarlo.

De por sí el modelo del camión ya es curioso pues, en la década de 1980, en la Unión Soviética no había la misma variedad de vehículos que en Occidente. Entonces, la gran mayoría eran modelos de producción propia (Lada, GAZ, UAZ y Moskvitch), que se ensamblaban en Rusia, aunque varios automóviles y camiones ucranianos también eran bastante comunes.

Sin embargo, en aquella época los camiones de la serie LK de Mercedes-Benz se hicieron muy populares por su alta calidad de fabricación y durabilidad.

Además, incorporaban avances tecnológicos y características innovadoras para entonces, y la gama ofrecía una amplia versatilidad de mecánicas y configuraciones para adaptarse a distintas necesidades de transporte y carga, lo que los convirtió en la elección ideal para diversas aplicaciones industriales y comerciales en toda Europa.

Por otra parte, las turbinas recién rediseñadas e instaladas en los cuatro reactores nucleares de la central de Chernóbil (en teoría, con una tecnología más simple y barata de lo habitual) necesitaban ajustes frecuentes, por ejemplo, para tratar de evitar las peligrosas vibraciones en su interior al producir energía y que pudieran mantenerse funcionando por más tiempo.

Para hacer esto, los técnicos necesitaban un práctico laboratorio móvil que pudiera viajar lo más rápido posible de reactor a reactor realizando las mediciones, pruebas y ajustes necesarios.

Aquí entra en escena este camión rojo de la clase LK de Mercedes-Benz, que estaría equipado con lo último en sistemas de control y monitoreo, así como con medidas de protección contra la radiación para garantizar la seguridad de la tripulación e incluso un área de almacenamiento segura para guardar equipos, herramientas y materiales necesarios para las operaciones nucleares.

Lógicamente, su adaptación específica todavía hoy se desconoce, por el hermetismo que caracterizaba a las operaciones de este tipo en la Unión Soviética, pero era un vehículo tan raro, tan caro y tan tecnológicamente avanzado e importante que sus técnicos murieron siguiendo órdenes tratando de protegerlo por encima de su propia seguridad.

El flamante camión apenas llevaba operativo unos meses, cuando se dirigía al reactor número cuatro de la central, epicentro de la tragedia. Los técnicos, encargados de ajustar la vibración de la turbina del reactor, se encontraron con un desafío: era imposible medir desde fuera, por lo que se metieron con el camión hasta el interior del reactor, pese a la peligrosidad de la maniobra.

La fatalidad quiso que, en ese mismo momento, los trabajadores de la central estuvieran tratando de comprobar si el reactor funcionaba en caso de un corte masivo de energía… lo que desencadenó la tragedia.

Poco después de estallar el reactor, el techo colapsó, aplastando parte del camión y a su tripulación de cuatro personas, que en lugar de huir en los primeros minutos, seguían tratando de salvar el Mercedes-Benz en vez de preservar sus propias vidas.

El desenlace de la historia queda abierto por los encubrimientos al estilo soviético y, sobre todo, por la sospecha de que la mano invisible de la KGB podría estar detrás de la misteriosa desaparición del camión del lugar donde debía seguir hoy.

Quizá su destino final haya sido el mismo que el de los otros vehículos y aeronaves abandonados en las inmediaciones de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, epicentro de la catástrofe: sólo dentro de la zona de exclusión y 25 km al suroeste de la central (una zona conocida como ‘Rassokha’) quedaron unos 1.350 vehículos diseminados, que actualmente o se han convertido en una atracción turística o han sido engullidos por la maleza.

Imagen de apertura: Motorpasión generada con IA Microsoft Bing

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