
Nueve creadores de contenido franceses compitieron en una carrera de resistencia con Citroën Ami modificados
La prueba reunió a unos 150.000 espectadores en directo y superó el millón de visualizaciones en internet
Una carrera de Citroën Ami se ha convertido en uno de los fenómenos virales del fin de semana en Francia. El responsable ha sido Sylvain Lyve, periodista y creador de contenido especializado en motor que formó parte de ‘Vilebrequin’, el canal de YouTube que durante años fue una referencia para los aficionados en el país.
Lyve reunió a nueve streamers y youtubers en un velódromo para enfrentarse a un reto que parecía mucho más sencillo de lo que realmente era: completar 100 vueltas con unos Citroën Ami modificados sin dejar que la batería cayera por debajo del 10 %.
Y lo que parecía absurdo en principio, al final fue una carrera marcada por la estrategia, los rebufos y un desenlace que mantuvo la incertidumbre hasta las últimas vueltas: su retransmisión terminó reuniendo a unos 150.000 espectadores en directo en Twitch y acumulando más de un millón de visualizaciones en apenas unos días.
Una carrera donde la estrategia importaba más que la velocidad
Bautizada como L.A.C.O.U.R.S.E. (“L'Ami Challenge Original Ultra Racing Sport Event”), la prueba se disputó en el velódromo Stade Isidore Thivrier de Commentry, un óvalo de solo 445 metros que resultó perfecto para las dimensiones del pequeño eléctrico francés. Sobre la pista se reunieron nombres conocidos del streaming francés como Maxime Biaggi, Étoiles, Baghera, LittleBigWhale o LeBouseuh.
Aunque el Citroën Ami está limitado de serie a 45 km/h, para esta competición se eliminó la restricción electrónica y algunos coches llegaron a rozar los 60 km/h. Aun así, la velocidad no era el verdadero desafío: los participantes debían completar unos 45 kilómetros sin que la batería descendiera por debajo del 10 %, momento en el que el coche activa el conocido “modo tortuga” y reduce drásticamente sus prestaciones.
Eso convirtió la carrera en un ejercicio constante de cálculo y provocó estrategias muy distintas: algunos intentaron escaparse desde el principio, otros apostaron por conservar energía y lanzar el ataque final. También jugaron mucho con el rebufo. Igual que sucede en otras competiciones ovales como la NASCAR (aunque salvando mucho las distancias, claro), los pilotos descubrieron que rodar pegados a otro Ami ayudaba a mantener la velocidad y ahorrar energía.
LACOURSE
La teoría parecía sencilla, pero la práctica fue mucho más caótica y divertida: los coches acumulaban distintos niveles de desgaste y algunas unidades se mostraron más eficientes que otras. Además, el peralte del velódromo y el deteriorado estado del firme añadían una dificultad extra que nadie había previsto.
El desenlace llegó en las últimas vueltas, cuando varios coches empezaron a mostrar avisos preocupantes en sus cuadros de instrumentos. Contra pronóstico, los nueve Citroën Ami cruzaron la meta. Y la carrera también dejó una curiosidad difícil de imaginar en cualquier otro contexto: uno de los participantes que terminó en el podio ni siquiera tenía permiso de conducir.
La victoria fue para Maxime Biaggi, seguido de Étoiles y LittleBigWhale, pero el verdadero ganador fue el espectáculo: una idea aparentemente ridícula que demostró que para enganchar a miles de aficionados no siempre hacen falta superdeportivos extremos, sino una buena historia y un reto lo suficientemente loco como para querer ver cómo termina.
Imágenes | Sylvain Lyve
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