Trump amenaza con prolongar la guerra comercial con China hasta finales de 2020: "No tengo fecha límite"

Martes 3 de noviembre de 2020. Esta es la fecha de las próximas elecciones en Estados Unidos y es más que probable que para entonces la guerra comercial que libra el país con China siga su tortuoso camino. "No tengo fecha límite, no. De alguna manera, creo que es mejor esperar hasta después de las elecciones con China", ha dicho en declaraciones recogidas por Autonews el presidente estadounidense, Donald Trump.

Una guerra que comenzó en marzo de 2018 y que está afectando no solo a la industria de los coches, el acero y los carburantes a nivel global, sino que podría costar a la zona euro 23.000 millones.

16 meses de guerra y sin fin a la vista

"De alguna manera, me gusta la idea de esperar hasta después de las elecciones para el acuerdo con China. Pero quieren llegar a un acuerdo ahora, y veremos si el acuerdo será correcto o no", ha explicado el presidente republicano en la cumbre de la OTAN.

Esto tira por tierra las esperanzas del país comunista de alcanzar un acuerdo comercial preliminar que tendría que haberse firmado a mediados de noviembre, en una cumbre de líderes de Asia y el Pacífico en Chile. Pero fue cancelada.

Y Trump no tiene prisa. Tiene a China experimentando su crecimiento económico más lento en casi tres décadas, con una industria automotriz decelerando cada vez más su ritmo de ventas. "China lo está pagando, y China está teniendo, con mucho, el peor año que han tenido en 57 años. Así que veremos qué sucede" se jacta Trump.

China de momento ha dejado claro que no habrá principio de tregua hasta que EEUU retire los aranceles existentes sobre los bienes chinos, algo que el país americano no está dispuesto a hacer, pues es la soga con la que aprieta el cuello del presidente chino, Xi Jinping.

Según el Banco de España, China sufrirá más el efecto de la guerra por su mayor dependencia de las importaciones norteamericanas, y experimentará una pérdida de crecimiento del 0,38 %, mientras que para EEUU sería del 0,26 %.

En medio de las idas y venidas (en octubre se alcanzó un principio de acuerdo que quedó en agua de borrajas), ayer por la noche EEUU anunció nuevos aranceles para Francia -además de los de Brasil y Argentina- sobre 2.400 millones de euros en productos del país galo como represalia al impuesto de las grandes tecnológicas estadounidenses, como Google, Amazon, Apple o Facebook.

Con esta situación, es más que probable que el día 15 de diciembre se reactive una nueva ola arancelaria para China, con una subida del 25 % al 30 % de los aranceles a productos chinos por valor de 250.000 millones de dólares.

Y todavía queda por saber si finalmente Washington impondrá tasas comerciales a los coches europeos para proteger la industria estadounidense y su seguridad nacional.

Las consecuencias en Europa

La sombra de una subida de aranceles a la industria automotriz europea por parte de EEUU lleva mucho tiempo sobrevolando las reuniones diplomáticas.

En octubre la Administración Trump obtuvo el permiso de la Organización Mundial del Comercio para imponer aranceles por valor de 7.500 millones de dólares a productos europeos como el whisky, el queso o el aceite de oliva, así como productos de Airbus.

Pero la Comisión Europa ha asegurado que Washington no impondrá aranceles del hasta el 25 % a los vehículos europeos. Veremos.

En este contexto el Banco de España ha pronosticado que esta guerra comercial va a golpear con dureza el crecimiento europeo; costará a la zona euro 23.000 millones de euros. Pero además de una pérdida del crecimiento económico en las dos potencias, el PIB mundial se reducirá un 0,25 %.

En España, las más afectadas son ya las empresas exportadoras y las compañías de la esfera automotriz, el acero y los combustibles. Arcelormittal y Acerinox, Repsol, CIE Automotive y Gestamp son algunos de los más perjudicados.

Eso sin hablar de los fabricantes que producen en EEUU y en China, como Ford y Tesla (dos principales exportadores de vehículos al mercado chino junto a BMW y Mercedes-Benz) o General Motors y Volvo (que fabrican en China para exportar a EEUU).

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