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La trampa técnica de la Segunda Guerra Mundial: por qué el P-51 Mustang fue el caza más decisivo de la historia, pero perdía su ventaja por un insecto

P 51 Mustang 9
  • El P-51 Mustang es uno de los aviones militares más famosos de la historia

  • Fue clave para los aliados en la Segunda Guerra Mundial

Álvaro Ruiz

Como en todas las guerras modernas, la tecnología fue decisiva en la Segunda Guerra Mundial para decidir la contienda a favor de los aliados. Una de las claves que les llevó a ganar el conflicto fue el North American P-51 Mustang, un avión que muchos historiadores consideran el caza más decisivo de la Segunda Guerra Mundial.

North American Aviation lo diseñó en 1940 y las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos (USAF) lo introdujeron en batalla en enero de 1942. Desde entonces, se convirtió en la peor pesadilla de los pilotos nazis de la Luftwaffe.

Cuando la aerodinámica empezó a ser determinante

Cualquier amante del universo bélico, de los aviones o, sencillamente, de los vehículos, sabe que el North American P-51 Mustang es uno de los aviones más especiales de la historia

North American Aviation lo desarrolló en tiempo récord y desde el primer momento sorprendió por su diseño: el fuselaje era totalmente metálico, como el Messerschmitt, pero el trabajo a nivel aerodinámico era mucho más moderno que el de cualquier otro avión de combate.

Destacaban las alas de flujo laminar. A diferencia de las alas convencionales, tenían una zona más gruesa situada en una zona muy retrasada, casi en el centro del ala, consiguiendo que el aire se deslizase de manera más suave y ordenada durante más tiempo sobre la superficie del ala. 

La ventaja de esto era doble: reducía la resistencia aerodinámica, de manera que el avión podía alcanzar más velocidad, al mismo tiempo que resultaba más eficiente y reducía el consumo de combustible.

El resultado fue un avión extremadamente rápido y con una enorme autonomía. Gracias a esa autonomía, era perfecto para llevar a cabo misiones de escolta para las que no servían otros cazas contemporáneos, como el P-47, destacando su papel en Europa para proteger a los bombarderos B-17 y B-24.

A diferencia de lo que ocurrió en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda Guerra Mundial el combate aéreo evolucionó para dejar atrás las habilidades acrobáticas y dar prioridad a los ataques a gran velocidad en los que se disparaba y se ascendía rápidamente una y otra vez. 

El avión más rápido y con más armamento es el que destacaba y el P-51 Mustang tenía ambas cosas, sobre todo, según fue evolucionando y llegaron sus variantes, especialmente la versión P-51D Mustang.

Otra de sus claves era el motor británico Rolls-Royce Merlin, que se fabricaba en EEUU bajo licencia por Packard. Los primeros P-51 utilizaban motores Allison que daban muy buen resultado a baja altura, pero no tanto a la altura que volaban los bombarderos a los que el Mustang tenía que escoltar, así que se cambió el motor por el mítico Merlin y eso permitió al P-51 ganar velocidad y rendimiento a gran altitud, superando a los cazas de la Luftwaffe.

El truco de chapa y pintura que lo hacía tan rápido

También contribuyó a su gama que fuese fácil de pilotar, y más desde que adoptó la cabina de burbuja en la versión P-51D para mejorar la visibilidad del piloto. Otra de sus ventajas es que no era demasiado caro de producir, al menos para los estándares estadounidenses, de hecho, se construyeron 15.875 unidades y acabó retirándose en 1984. Lo malo es que su fabricación tenía un proceso tan complicado como determinante.

Para aprovechar al máximo su aerodinámica, la superficie del ala debía ser extremadamente lisa y de eso se ocupaban en fábrica. Había que eliminar cualquier imperfección, cabeza de remache o unión de planchas de metal porque eso rompería el flujo del aire y generaría turbulencias.

Para conseguirlo, cada unidad recibía un tratamiento exhaustivo en el que se las uniones de los paneles y los remaches del ala se tapaban con masilla. Esa masilla se lijaba a mano hasta conseguir que no se notase absolutamente nada el cambio de un panel metálico a otro. 

P-51 Mustang en la línea de ensamblaje.

Por último, se aplicaba una capa de imprimación y luego se pintaba con laca plateada para sellar todo y suavizar al máximo la superficie. El resto del fuselaje se dejaba en metal desnudo.

Durante la guerra, en los aeródromos de campaña, los mecánicos repasaban las alas siempre que fuera posible. Como cualquier acumulación de suciedad o incluso un insecto pegado podían romper el flujo del aire y eliminar parte de su eficiencia aerodinámica, se limpiaban las alas a conciencia y se les aplicaba cera para recuperar la suavidad que tenían cuando el avión salió de fábrica.

Imágenes | Unsplash y Wikipedia

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