Un expiloto en su garaje adelantó por 10 años a Bugatti: el Jiménez Novia fue el primer hiperdeportivo con motor W16 nacido con el corazón de cuatro motos

Jimenez Novia

Motor W16, velocidad punta de 380 km/h y 0 a 100 km/h en 3,2 s. La ficha técnica parece la de un Bugatti Veyron, pero es la de un coche artesanal

Daniel Murias

A finales de los años 90, todavía era posible improvisarse fabricante de coches en Europa. Fabricante de coches artesanales, por supuesto, pero aún así, fabricante. Muy pocos siguen en activo, la mayoría no han sobrevivido. De estos fabricantes fugaces hay uno que se adelantó 10 años al Bugatti Veyron y su motor W16, el Jimenez Novia.

El Novia es, probablemente, el coche menos conocido y a la vez con más motivos para ser recordado en la historia del motor. Se construyó una sola unidad, en un pequeño taller del sur de Francia de forma autodidacta y sin embargo tenía un nivel tecnológico sin igual, lo que llevó a su creador a trabajar después para Eurocopter en el mecanizado de piezas de alta precisión.

A la base, sólo quería una réplica de Porsche 917

El creador de este peculiar coche fue Ramón Jiménez, hijo de emigrantes españoles en el sur de Francia. Jiménez fue piloto de motociclismo, corrió en "tres y medio" y para Yamaha. Una vez retirado de los circuitos, abrió un concesionario Yamaha. 

El proyecto arrancó en 1985 sin tenerlo previsto, cuando compró en Estados Unidos un kit de réplica del Porsche 917 para ser montado sobre una plataforma de Volkswagen Escarabajo. Al llegar a su taller decidió que el pequeño boxer 4 de Volkswagen no estaba a la altura de un 917 y optó por construir su propio motor a partir de cuatro motores Yamaha FZR1000 Exup, de 1.003 cc y cinco válvulas por cilindro cada uno. 

Cuatro bloques de cuatro cilindros, tenemos un W16.  Lo primero fue probarlos en el banco, para ver si podía funcionar. Los cuatro bloques están acoplados por cadena sobre un banco, con gestión de encendido e inyección desarrollada por la firma local Sybèle. Sacó más de 600 CV, en una época en la que el McLaren F1 acaba justo de salir. Tras un cuarto de hora en el banco de pruebas, Jiménez decidió que sí, que era una buena idea.

Lo siguiente fue comprarse un ordenador, conseguir autocad y diseñar su propio bloque inspirado en los cuatro motores Yamaha que había unido. Porque sí, Ramón es la definición misma del genio autodidacta. 

El resultado final fue un bloque único fundido con cuatro filas de cuatro cilindros en W, 4.118 cc y 80 válvulas. La pieza más singular del motor son sus dos cigüeñales, mecanizados a mano por el propio Jiménez a partir de barras de acero después de que Chambon —proveedor habitual de cigüeñales para equipos de Fórmula 1 y prototipos— rechazara con sorna el encargo. 

Los dos cigüeñales giran en sentido contrario y se sincronizan mediante un tren de engranajes cónicos de origen aeronáutico, procedente de Eurocopter, empresa para la que Jiménez realizaba trabajos de mecanizado de precisión. 

El resultado fue un motor que rendía entre 567 CV a 10.000 rpm, entregaba 432 Nm a 7.500 rpm y un corte de inyección a 11.500 rpm. El motor iba asociado a un cambio manual Hewland de seis velocidades. 

Con eso, el Novia alcanzó una velocidad punta verificada de 380 km/h en un tramo cerrado de la autopista A7 francesa, y completaba el 0-100 km/h en unos 3,1 segundos. El coche era como un Bugatti o un McLaren F1 que gritaba como un Honda VTEC de S2000; algo único.

La carrocería es igual de artesanal que el motor. Jiménez utilizó el kit de poliéster original que trajo de EEUU como molde maestro para fabricar una carrocería en fibra de carbono sobre un chasis monocasco de panel de abeja en aluminio. Para curar las piezas construyó su propio horno autoclave con paneles de tablero alveolar comprados en una tienda de bricolaje, aprovechando el calor de la caldera del taller y controlando el proceso con un termostato y un temporizador de cocina. 

Ramón Jiménez expuso el coche en el Salón de París de 1995. Cuando los jefes de Michelin vieron ese coche con neumáticos Avon se interesaron por el coche. “¿Por qué no lleva gomas nuestras?” dijo el máximo responsable viendo el coche. El Jiménez tendría neumáticos Michelin, pero para eso tenía que pasar primero por el banco de pruebas del fabricante.

Pasaron el chasis por el banco de rigidez, el resultado se comparó favorablemente con el de la carrocería del Bugatti EB110, cuya suspensión fue desarrollada por Michelin tras la salida del ingeniero Paolo Stanzani de Bugatti. Los ingenieros apenas encontraron margen de mejora en la geometría diseñada por Jiménez, mientras que la suspensión del EB110 fue rediseñada por completo.

El objetivo final era homologar el coche para competir en la categoría GT1 de Le Mans, lo que exigía fabricar al menos diez unidades de calle más un ejemplar adicional para pruebas de choque. 

Sin embargo, el proyecto murió cuando el reglamento de Le Mans se endureció tras la polémica del Dauer 962, un Porsche 962 prototipo homologado como coche de calle por el preparador Dauer que ganó la carrera en 1994: la FIA cerró esa vía y el Novia, concebido bajo la misma lógica, perdió su única salida deportiva. Sin clientes ni inversores dispuestos a financiar la producción, Jiménez archivó el proyecto.

Del Jimenez Novia solo se construyó un ejemplar, que Jiménez mantuvo siempre en su poder. Actualmente, estaría guardado en las instalaciones de Jimenez Motor Laser, la empresa de mecanizado que Jiménez creó junto a sus hijos tras el cierre de este proyecto y que llegó a tener como cliente a Eurocopter, antes de que ésta fuera absorbida por Airbus.

Imágenes | Jimenez

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