
El alto precio de la vivienda en España obliga a miles de trabajadores a ser ‘viajeros pendulares’, recorriendo largas distancias de una provincia a otra cada día para trabajar.
Son las cinco de la mañana en Valladolid y empieza el día de Beatriz y de su hijo Dylan, de sólo dos años. Encadenan autobús, tren de media distancia y cercanías hasta Chamartín, donde llega antes de las ocho. Tres horas de desplazamiento que convierten su acceso al trabajo en "un maratón". Podría usar el AVE, que tarda sólo 53 minutos. El problema es que el AVE a diario no es viable económicamente.
Su caso, difundido en La Tarde de COPE, refleja el efecto expulsión: cada vez más personas residen donde les alcanza el sueldo, no donde están sus puestos de trabajo.
400 km cada día sólo para poder ir a trabajar
El caso de Beatriz, que trabaja a más de 200 km de su hogar, no es una anécdota y menos aún un caso aislado. Es tan común en nuestro país que ya tiene nombre, el efecto expulsión. Según una investigación de los diarios del grupo Vocento, casi 900.000 personas cruzan cada día los límites de su provincia para ir a trabajar, lo que representa más del 4% del empleo total del país, la cifra más alta registrada hasta ahora.
Madrid actúa como el gran polo de atracción con 246.000 trabajadores que llegan a la capital desde otras provincias, un 83% más que hace diez años, mientras que Toledo aporta 77.000 y Guadalajara, 43.500. Valladolid, mejor conectada gracias al AVE, se ha sumado a este corredor con su propio flujo diario.
El caso de Beatriz ilustra el llamado efecto expulsión. La gente ya no vive donde trabaja, sino donde puede permitirse una vivienda. Han sido expulsados por los precios de las viviendas en su lugar de trabajo. Su viaje de tres horas, relatado en el programa de la COPE, es solo un ejemplo de un problema estructural.
El Banco de España calcula que España arrastra un déficit de 750.000 viviendas acumulado entre 2021 y 2025. El año pasado se crearon 240.000 nuevos hogares, pero solo se terminaron 92.000 viviendas, de modo que por cada casa que llega al mercado aparecen casi tres familias buscando dónde vivir. Más de la mitad de este desequilibrio se concentra en seis provincias: Madrid, Barcelona, Alicante, Valencia, Murcia y Málaga, las mismas que aglutinan la mayoría del empleo.
Los sectores que más alimentan esta movilidad son la administración pública, educación y sanidad, que concentran el 28% de los empleos interprovinciales, seguidos por transporte y comunicaciones (15%) y finanzas y servicios profesionales (otro 15%).
Como señalaba el periodista Julio Llorente, la solución no pasa sólo por construir más, sino por distribuir mejor las oportunidades laborales para evitar que Madrid siga actuando como un imán que absorbe población desde media España.
Imágenes | Ayşe Key, Samirah A.
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