Así era el Verdeja, el tanque español que nunca se pudo fabricar: nació de la chatarra en plena Guerra Civil y acabó siendo superior a los T-26 soviéticos

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España intentó crear un carro de combate que estuviera al nivel de los soviéticos, los alemanes y los italianos: el Verdeja

Álvaro Ruiz

Desde principios de los años 2000, el Leopardo 2E es un motivo de orgullo para el Ejército de Tierra de España porque es un carro de combate nacional que no tiene nada que envidiar a los tanques de otros países. Pero mucho antes de que existiese el Leopardo 2E, España intentó tener su propio carro de combate.

El primer intento realmente serio fue el Verdeja, un carro blindado ligero que nació en plena Guerra Civil para que dejásemos de depender de los tanques alemanes, soviéticos e italianos.

Nació en el momento equivocado

Hoy por hoy, el ejército español tiene su propio tanque, el puntero Leopardo 2E, pero no siempre ha sido así. Durante décadas, nuestras fuerzas armadas han dependido de los tanques desarrollados por otros países, aunque es algo que se intentó cambiar hace muchos años. Eso sí, sin éxito.

Hace casi 100 años, España improvisó un carro de combate que se quedó en nada, el Trubia Naval, pero supuso el primer intento de la industria española por desarrollar vehículos militares propios y abrió las puertas a que nos pusiéramos más serios con este asunto.

En 1937, en plena Guerra Civil, el capitán Félix Verdeja Bardales, del bando sublevado, consciente del problema que tenía España con los carros de combate, con pocas unidades de tanques italianos y alemanes que no lo tenían fácil para enfrentarse a los T-26 soviéticos del ejército republicano, se dio cuenta de que podría diseñar un carro de combate español.

En 1938, Verdeja presentó oficialmente el proyecto de un tanque ligero y recibió el permiso para construir un primer prototipo en un almacén en Cariñena, Zaragoza. Para darle forma, se utilizaron restos de blindaje y de equipos usados de otros tanques ligeros, mientras que el motor, un Ford V8, se sacó de coche civil y se combinó con la transmisión de un tanque Panzer I alemán.

Entre el 10 y el 20 de enero de 1939, se hicieron pruebas con este prototipo y fueron un éxito, de manera que el capitán Verdeja recibió luz verde para construir el modelo definitivo. 

Entre sus ventajas estaba la sencillez, un tamaño compacto (era muy característica su baja altura), su relativa agilidad, su buena potencia de fuego y la facilidad de mantenimiento. Una de sus claves era la capacidad para montar un cañón de 45 mm procedente de material soviético capturado (del T-26), lo cual era extremadamente útil en ese momento.

La cuestión es que, justo en ese momento, la Guerra Civil terminó y las prioridades cambiaron. Pese a ello, con el paso de los años, se hizo un segundo prototipo más avanzado, el Verdeja 2, pero la situación no permitió llevarlo a producción: una cosa era fabricar un prototipo y otra muy distinta era fabricar cientos de unidades idénticas. España no tenía una industria capaz de hacer eso después de 1939.

Además, en esa época estaba teniendo lugar la Segunda Guerra Mundial y ese conflicto hizo que el diseño de los carros de combate evolucionase a una velocidad extraordinaria. Aparecieron modelos como el Panzer III, el Panzer IV, el T-34, el Sherman, el Panther o el Cromwell y todos dejaron obsoleto al Verdeja 2 como carro de combate principal.

Pese a todo, hubo un intento de crear un Verdeja 3 mucho más moderno, pero se quedó en nada. Hoy en día, se conservan algunos prototipos de la familia Verdeja. Sencillamente, este carro de combate nació en un mal momento.

Imágenes | Wikipedia

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