
Antiguas minas de carbón inundadas, grandes embalses, estanques agrícolas... cada vez son más los países que se apuntan a instalar paneles fotovoltaicos sobre el agua, y como no podría ser de otra forma China lidera este camino. De hecho el bloque Asia-Pacifico domina el 40% del mercado mundial de energía fotovoltaica flotante.
Se sabe que tiene muchas ventajas, pero sus inconvenientes no se han estudiado todo lo que debería. Ahora un estudio de la Universidad Cornell ha analizado las consecuencias ambientales de esta tecnología.
Metano y dióxido de carbono disueltos en el agua: la cara B de este tipo de energía
La instalación de paneles solares sobre el agua tiene muchas ventajas; una de las principales es una mayor eficiencia por enfriamiento natural, ya que el agua de los embalses, presas o estanques industriales donde se instalan actúan como un refrigerante natural.
Además el agua puede reflejar parte de la radiación solar hacia los paneles y reducir la evaporación de la superficie, algo importante en zonas de sequía y que además puede ayudar a generar energía hidroeléctrica por la noche o en picos de demanda. Sin embargo esta tecnología tiene sus sombras, y los investigadores de la Universidad neoyorquina de Cornell han querido hacer un experimento para sacarlas a la luz.
Para llevar a cabo su investigación, los científicos instalaron paneles fotovoltaicos sobre tres estanques experimentales en el Cornell Experimental Pond Facility. En total, cubrieron el 70% de su superficie. Por otro lado, dejaron estanques al descubierto como grupos de control para el experimento.
El resultado: estos paneles pueden incrementar significativamente la emisión de gases de efecto invernadero, como metano y dióxido de carbono disueltos en el agua, de los organismos que habitan el estanque. Las emisiones de gases de efecto invernadero de los estanques semicubiertos fueron casi un 27% mayores en comparación con los estanques sin cubrir de paneles solares.
Además, observaron una disminución considerable en la disponibilidad de oxígeno disuelto, lo que puede afectar a la vida acuática y alterar procesos ecológicos como la descomposición y la actividad microbiana. Como siempre, la energía sostenible tiene un impacto en el medio ambiente que solo es posible comprender gracias a la Ciencia.
Imágenes | Jason Koski/Universidad de Cornell
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