En los años 80, Italia encerró una ciudad en un edificio gigante de 1 kilómetro. Ha acabado siendo uno de los mayores fracasos de vivienda social

Corviale Ciudad Edificio 01
  • El Corviale, en Roma, es un mastodóntico complejo residencial que fracasó desde su concepción

  • Quería ser una ciudad de 15 minutos, con todo a mano: comercio, oficinas, espacios de ocio...

  • Terminó con okupas, ascensores que no funcionaban y dilapidando millones en rehabilitaciones

Alejandra Otero

Al estilo de la The Line saudita pero en versión vivienda pública. Bien se puede definir así a el Corviale, un mastodóntico complejo residencial en la periferia de Roma. Fue concebido para ser completamente autónomo, estilo ciudad de 15 minutos: que sus residentes tuvieran todo lo que necesitaban a pocos pasos, desde comercios a zonas comunes, pasando por espacios de ocio y oficinas. 

Su realidad ha sido muy distinta. En vez de abrazar la vida urbana, terminó generando asilamiento, el abandono de servicios y una dependencia constante de inversión para sostenerlo, con una factura millonaria a lo largo de más de cuatro décadas.

La ciudad de 15 minutos encerrada en un gigante de hormigón

Este Corviale, también llamado Il Serpentone, se proyectó y construyó entre 1975 y 1982 como parte del programa de Vivienda Económica y Popular (PEEP I) de Roma, destinado a familias de renta baja y media-baja. Su diseño corrió a cargo de un equipo de arquitectos liderado por Mario Fiorentino, estando inspirado en la la rue intérieure de Le Corbusie.

Lo conforman tres bloques de viviendas, proyectado para albergar a unos 8.500 habitantes. Su bloque más grande, siendo su santo y seña, mide casi 1 km de largo, firmando los 30 m de alto, con once plantas: dos subterráneas para aparcamientos y almacenamiento, y las nueve rasantes en altura, esencialmente residenciales. En concepción, la idea era dotar este complejo de autonomía: una ciudad completa integrando espacios públicos, de ocio, comercios, servicios varios y oficinas. 

Lo que nos lleva a su quinta planta: era la destinada a la galería comercial y de oficinas. Fue su talón de Aquiles, pues nunca llegó a materializarse: tras inaugurarse el Corviale en 1982, la empresa encargada de las obras quebró, dejándola incompleta. Los locales a medio construir fueron ocupados por familias que no podían pagar una vivienda, pasando a ser un laberinto de ocupación ilegal.

Un diseño condenado al nacer

Los problemas estuvieron presentes en este gigante de hormigón prácticamente desde sus inicios, con problemas técnicos derivados de su diseño, provocando a su vez enfrentamientos sociales. Los puntos de conflicto fueron varios. 

Por ejemplo los 76 ascensores proyectados, diseñados para mejorar la accesibilidad al edificio y sus diferentes zonas, tampoco se completaron. Los residentes tuvieron que presionar a la autoridad de vivienda para que se comprometiera a finalizarlos, lo que no se hizo hasta seis años después de la inauguración, en 1988. Por si no fuera suficiente, se averiaban constantemente, obligando a los residentes a caminar cientos de metros y subir escaleras para salir y entrar de sus viviendas.

También el sistema central de calefacción. En el Corviale se apostó por que no fuera individual sino comunitaria, siendo más barata para los residentes. Cuatro calderas de gasóleo, ubicadas en una central térmica a 120 metros del edificio principal, eran las que daban calor mediante un sistema de tuberías a diferentes unidades del complejo. Y los gastos se dividían a partes iguales entre los residentes. 

El problema es que los residentes que ocupaban la planta intermedia se las ingeniaron para disfrutar de calefacción y agua caliente, sin pagar ni una lira. Lo que llevó a los residentes a negarse en rotundo a sufragar ese gasto, dejando de pagar una parte. Tras cortes de suministros, al final se optó por modificar el sistema para que la calefacción fuera individual y cada vivienda asumiera los gastos. Perdía así una de sus ventajas: calefacción asequible.

Un experimento urbano que sigue costando millones y millones

Estando a años luz de conseguir esa prometida autonomía, al convertirse en un edificio suburbial aislado y con falta de servicios, el debate de derribarlo estuvo sobre la mesa durante años. Llegaron a formalizarse varias propuestas. Pero el Corviale logró sobrevivir al derribo y acabó obteniendo la protección patrimonial, al considerarse una pieza singular de la historia arquitectónica italiana. 

Hoy sigue en pie, habitado por miles de personas, y dejando una factura millonaria: ningún otro conjunto residencial de Roma ha exigido tantos programas de regeneración y actuaciones de remodelación con financiación pública para subsanar  problemas derivados de su diseño original. 

En 2014 se aprobó un partida de casi 20 millones de euros para una rehabilitación integral. Para adecuar la zona de viviendas ilegales: se invirtieron 11 millones de euros para la creación de 103 apartamentos. Y otros 17 millones para mejorar los accesos. La última partida data de 2024, con el fin de remodelar carreteras, vías y espacios públicos y colindantes por un montante de 58 millones de euros.

Más allá del gasto público, el Corviale deja otra lectura: el fracaso de imponer un sistema social y comunitario desde un plano. Los barrios mutan adaptándose a las necesidades de los vecinos y no al revés. Casi medio siglo después, sigue siendo la lección de un experimento fallido: querer encerrar una ciudad en un edificio.

Imágenes | Google Maps, Wikimedia

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