La primera furgoneta camper de la historia es más antigua de lo que crees y ahora sale a subasta

Las furgonetas camper viven su mejor momento. Cada vez son más las personas que se animan a viajar en este tipo de vehículos, ya sea comprando una nueva, de segunda mano o fabricándola con sus propias manos, como hizo Jesús Martín.

Pero que nadie piense que son un invento de este siglo. Ni siquiera de finales del pasado. Mucho antes de que comenzase el boom actual por las furgonetas camper ya había gente que viajaba a sus anchas con ellas. De hecho, hay que remontarse más de 100 años atrás para hablar de la primera camper de la historia, que ahora sale a subasta.

Para viajar libremente antes de la Primera Guerra Mundial

Se trata de un modelo fabricado antes de la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1914, sobre la base de un Ford T. En ese momento, el primer coche de producción de la historia llevaba menos de un año a la venta y la familia Bentall lo consideró perfecto para convertirlo en una casa con ruedas.

Los fundadores de la cadena de grandes almacenes británica Betall viajaban por todo el Reino Unido y pensaron que modificando un Ford T podían estar más cómodos que en un simple carromato, sin necesidad de dormir en hoteles.

La precursora de la Volkswagen California o la Mercedes-Benz Marco Polo se asentaba sobre el chasis de un Ford Model T modificado por la compañía Baico, que se encargaba de alargarlo y reforzarlo.

De la carrocería, íntegramente fabricada en madera, se encargó Dunton of Reading, una empresa que creó todo tipo de caravanas y carretas entre 1884 y 1920.

La distribución del interior de esta furgoneta camper no es muy diferente al de las camper actuales, aunque el diseño de todos los componentes no tiene nada que ver.

Su estilo es similar al de las casas americanas de esa época, con muebles y suelo de madera, cortinas de terciopelo para preservar la privacidad o una estufa de leña que servía para calentar el habitáculo y cocinar. Solo faltaba la nevera, pero, obviamente no existían algunas cosas en ese momento, como los paneles solares, las baterías o la calefacción estacionaria.

El conductor se sentaba en un enorme sofá tapizado en cuero que podía girar sobre sí mismo para convertirse en el sofá de la sala de estar. No es lo mismo que un asiento independiente actual, pero su función es idéntica.

Cuatro literas permitían dormir a toda la familia en su interior y los armarios de madera eran más que suficiente para guardar su equipaje para viajes de varios días.

Es más, parece que tiene más espacio de carga distribuido en armarios y cajones que muchas camper modernas, salvando ciertas excepciones. Por no hablar de la amplitud interior, decorado con cuadros en las paredes y con mucha luz gracias a los enormes ventanales.

Lo cierto es que para tener 108 años no le falta ningún detalle. Tiene escaleras para acceder al interior a través de uno de los laterales de la carrocería, lámparas de gas, tanto por fuera como por dentro, y hasta un buzón en el exterior.

La casa de subastas Bonhams acaba de ponerla a la venta y se espera que alcance un precio de entre 20.000 y 30.000 libras, entre 23.350 y 35.000 euros al cambio actual. Es bastante menos de lo que cuesta una Volkswagen Grand California nueva. La subasta tendrá lugar el próximo 10 de septiembre.

El comprador se llevará todo tipo de utensilios de principios del siglo XX junto a su histórica furgoneta camper, como los citados cuadros, las lámparas de latón, un bidón de combustible, ollas, sartenes y hasta una rueda de repuesto.

Por el estado de esta furgoneta camper tampoco debe preocuparse. Fue restaurada por completo en la década de 1970 y desde entonces ha participado en varios concursos de elegancia y exhibiciones.

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