
El centro técnico de Shimoyama integra en un mismo edificio el diseño, la ingeniería y un taller capaz de reparar prototipos en tiempo récord
El carismático Akio Toyoda, CEO de la marca japonesa, amante confeso de los coches y piloto maestro bajo el seudónimo de ‘Morizo’ (o “maestro de conductores”), lleva décadas persiguiendo una obsesión: crear un Nürburgring propio en Japón. Esa idea ha tomado forma por fin con el Toyota Technical Center Shimoyama (TTC-S), un gigantesco complejo de 650 hectáreas donde la marca desarrolla sus coches más exigentes lejos de miradas ajenas.
El objetivo no era copiar curva por curva el Nordschleife, sino reproducir en casa la dureza técnica que ha convertido al “Infierno Verde” en el laboratorio definitivo de la industria. Bajo la filosofía del legendario piloto Hiroshi Naruse, quien defendía que “las carreteras son las que construyen los coches”, Toyota ha creado un lugar donde cada bache, cada apoyo y cada avería sirven para llevar al límite tanto a las máquinas como a los ingenieros que las desarrollan.
El "Infierno Verde" japonés: 5,3 kilómetros de castigo máximo
El corazón de este centro es el Test Course Loop 3: un circuito de montaña que condensa la esencia de los 20,8 km del Nordschleife en apenas un cuarto de su longitud. Con 75 metros de desnivel, curvas ciegas y superficies deliberadamente irregulares, este trazado somete a los vehículos a un estrés mecánico extremo para sacar a la luz cualquier debilidad.
Pero Shimoyama tiene más escenarios extremos, como pistas de alta velocidad y un durísimo circuito de tierra donde Akio Toyoda llegó a volcar un GR Yaris de rally en diciembre de 2023 mientras llevaba al límite el desarrollo de los futuros modelos de Gazoo Racing. Afortunadamente, tanto él como su copiloto salieron ilesos del accidente, que Toyota acabó utilizando como símbolo de su filosofía de “conducir, romper y reparar”.
Además de por su trazado, Shimoyama es único por su estructura operativa: en un único edificio de tres plantas, Toyota ha eliminado las barreras entre departamentos para acelerar al máximo la evolución de cada coche.
En la planta baja, un taller con capacidad para 40 vehículos permite reparar y modificar coches nada más bajarse de pista. Justo encima, los ingenieros analizan datos y buscan soluciones en tiempo real. Y en la tercera planta, los diseñadores refinan maquetas de arcilla a tamaño real mientras el coche sigue evolucionando abajo.
Lexus TZ y el laboratorio secreto donde Toyota prepara su próxima generación de movilidad
El primer gran fruto de este ecosistema es el nuevo Lexus TZ, un SUV eléctrico con tres filas de asientos desarrollado íntegramente bajo la exigencia de Shimoyama. Pero este complejo no será solo el lugar donde Toyota afine sus futuros Lexus y modelos de Gazoo Racing: también apunta a convertirse en el gran banco de pruebas de las próximas tecnologías de movilidad de la marca.
Allí ya se han realizado pruebas de movilidad aérea con helicópteros AeroToyota y no sería extraño que en el futuro acabemos viendo desarrollos todavía más experimentales, como la scooter de pila de hidrógeno patentada recientemente por Toyota, con depósitos intercambiables que funcionan de forma similar a unas baterías extraíbles.
Además, las instalaciones están preparadas para actuar como centro de respuesta ante desastres naturales junto a las comunidades de Toyota City y Okazaki, garantizando el transporte de suministros y personas en zonas aisladas cuando las carreteras dejan de ser una opción. Con una inversión cercana a los 1.850 millones de euros al cambio y 3.000 empleados trabajando de forma transversal, Shimoyama es mucho más que un circuito: es el lugar donde Toyota está desarrollando su futuro.
Imágenes | Toyota, Toyota Times
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