
Su diseño apenas ha cambiado en casi 90 años: toda una pieza de ingeniería nacida a las puertas de la Segunda Guerra Mundial
En 1937, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, donde fue tan importante la guerra relámpago, Hitler y los altos mandos militares del ejército nazi anticiparon que la logística del combustible sería decisiva. Los alemanes encargaron un recipiente que fuera indestructible, a prueba de fugas, sencillo de transportar y rápido de vaciar.
Así nació el Wehrmachtskanister alemán, cuyo diseño era tan eficaz que no tardaron en copiarlo los Aliados, bautizándolo como Jerrycan. Lo que hoy identificamos como la clásica garrafa de gasolina ha sobrevivido casi 90 años sin apenas cambios: se sigue usando por ejércitos en todo el planeta y se asocia también a expediciones todoterreno, encaramado a todoterrenos como los Toyota Land Cruiser o Jeep Wrangler para poder repostar en medio de la nada.
El bidón de los bidones que Alemania no consiguió ocultar
El diseño del Wehrmachtskanister, derivado del término alemán Wehrmacht-Einheitskanister (Bidón de Unidad de las Fuerzas Armadas), se le atribuye a Vinzenz Grünvoge. En 1937 era el ingeniero jefe de la firma Müller, empresa metalúrgica especializada en la fabricación de contenedores industriales y piezas de chapa. Hasta 1938, Müller confeccionó en serie y cientos de unidades de este revolucionario bidón, hoy estándar imperecedero. Y tal fue su éxito, que luego se sumaron otras empresas para producirlo en masa para abastecer al ejército nazi.
Pero esta joya de la logística no tardó en filtrarse al bando Aliado, aunque los estadounidenses fueron al principio escépticos. Paul Pleiss, ingeniero norteamericano fue quien se dio cuenta del avance que suponía en comparación a los bidones usados hasta el momento. Empleado de la alemana Ambi-Budd Presswerk (ABP) en Berlín, filial de la estadounidense Budd, y especializada en la fabricación de carrocerías de coches de BMW o Ford, Pleiss consiguió el diseño por pura casualidad.
Se señala que poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, en junio de 1939, planeó con un compañero alemán de ABP un viaje por la India en un coche que él mismo había modificado. Para el periplo necesitaban recipientes para llevar agua, así que el germano se apropió de tres bidones Wehrmachtskanister en una reserva cercana al aeropuerto de Berlín. Entonces desconocían cual valiosa propiedad intelectual estaba en su poder.
Rápidamente Pleiss se dio cuenta del maravilloso diseño, a años luz de los anticuados bidones norteamericanos adoptados en la Primera Guerra Mundial y siendo mucho más práctico que los británicos en hojalata de baja calidad. Tras estallar la guerra en septiembre, y siendo llamado a filas su compañero alemán, la leyenda dice que le facilitó los planos, además de quedarse los tres ejemplares. Pleiss consiguió llegar con los detalles técnicos a EEUU, mientras que los bidones los envió en barco en el vehículo.
Si bien el ejército estadounidense no se mostró muy interesado en producir estos bidones en un primer momento, los británicos sí que lo acogieron con los brazos abiertos. Les parecía un gran avance en comparación a los vetustos recipientes que exigían un embudo, se hinchaban con el calor y sufrían fugas. En 1943, el Reino Unido comenzó su producción en masa, rebautizándolo como Jerrycan, en referencia a 'Jerry', el apodo británico para los alemanes. Y en 1944, se sumaron los estadounidenses y el resto de Aliados.
Una joya de la ingeniería sin tornillos
Este Jerrycan, o Wehrmachtskanister, era una estupenda obra de ingeniería. De forma rectangular, estaba compuesto de dos mitades planas que iban soldadas, cada una con una X estampada que aportaba su rigidez estructural sin sumar peso alguno. Este sencillo diseño permitía que fabricarlo como churros fuera fácil y barato.
Su otra gran piedra angular eran las tres asas superiores, que permitían que un soldado llevara en dos en cada mano si estaban vacíos, o bien uno lleno entre dos personas. Su capacidad era de unos 20 litros y apenas variaba en peso estando lleno: poco más de 20 kilos.
Su soldadura estaba hundida, para evitar roces y perforaciones, neutralizando las fugas. Y además de ser completamente estanco, otra de sus virtudes era la cámara de aire interior: servía para hacerlo inmune a cambios de temperatura y a su vez le permitía flotar en el agua si caía de aviones o barcos.
Finalmente, disponía de una boquilla corta, asegurada con un cierre a presión, que eliminaba la necesidad de usar un embudo tanto para llenarlo como para verter líquido. Además, el interior estaba revestido en un material plástico impermeable, similar al de los barriles de cerveza, lo que permitía usarlo tanto para agua como para combustible.
Icono todoterreno que no ha cambiado en nueve décadas
El Jerrycan fue tan popular que se ha convertido en uno de los objetos más reconocibles de la Segunda Guerra Mundial en el imaginario colectivo: aparece constantemente en películas del conflicto bélico, como también en narraciones de aventura, exploración o distopías apocalípticas. En definitiva, cualquier historia que exija autonomía para transportar agua o gasolina.
Pero más allá del cine y la ficción, se sigue utilizando actualmente tanto por el ámbito militar, como el sector civil y privado. Si bien su familia ha ido ampliándose, con bidones de diferentes tamaños, formas o materiales, su diseño permanece intacto. También sus usos, para transportar agua y combustible.
Más allá del ejército, se ha adoptado extensivamente en el mundo 4x4 para travesías por zonas inhóspitas, pues mantiene sus ventajas: indestructible, sin fugas, capaz de flotar y de fácil llenado y vaciado. Muchos todoterrenos preparados para expediciones o rutas suelen llevarlos en el portón trasero o en la baca del techo, siendo un icono visual asociado a la aventura.
Así, 89 años después, y aunque Hitler perdió la guerra, este bidón diseñado para imponerse a sus rivales sobrevive imperecedero. Pocas piezas de ingeniería nacidas en los años 30 han llegado hasta hoy siendo tan fieles a su diseño original, sin apenas variar en forma y concepto. Larga vida al Jerrycan.
Imágenes | Wikimedia, Unsplash
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