La biología influye, pero no determina el comportamiento de forma absoluta.
Adelantar a todo el mundo por el carril izquierdo de la autopista, lanzarse por una pista de esquí, ir cuesta abajo en bici sin tocar freno o salir alucinado de una montaña rusa. Nos gusta la velocidad y nos gusta ser el más rápido.
Hay un placer indudable en ser rápidos. La dopamina, la descarga de endorfinas y adrenalina nos hacen sentir más vivos que nunca. Nuestro cerebro podría tener así una cierta predisposición para la velocidad.
La velocidad fabrica dopamina, el sistema de recompensas y placer de nuestro cerebro
La adrenalina en la búsqueda de sensaciones fuertes no es la responsable de que nos guste correr. Al menos, no es la única. Investigaciones sugieren que la dopamina es la verdadera razón por la que preferimos afrontar desafíos más grandes o simplemente nos gusta ir rápido.
Investigadores de la Universidad de Vanderbilt hallaron que las personas con tendencia a buscar novedades y riesgos tienen menos autorreceptores dopaminérgicos, es decir, tienen menos "frenos" naturales para la dopamina. La dopamina es un mensajero químico del cerebro que regula el placer, la motivación y el movimiento. Su desequilibrio influye en el estado de ánimo, la toma de decisiones y la búsqueda de recompensas.
Al tener menos frenos, reduce su capacidad de regular la cantidad de dopamina liberada y ésta fluye con más facilidad. Las personas con menos autorreceptores, es decir, con dopamina que "fluye más libremente", tienen mayor probabilidad de involucrarse en comportamientos en los que haya un factor de novedad, como la exploración y la toma de riesgos.
Esto hace que algunas personas sean más propensas a correr riesgos, pero no explica por qué les gustas. Esto es cosa del sistema dopaminérgico mesolímbico. Y nos dice que a nuestro cerebro, le gusta la velocidad. O más bien, sencillamente nos gusta la sensación que nos deja.
Usando resonancia magnética funcional, investigadores de la central de I+D de Toyota y del “National Institute of Physiological Sciences” japonés examinaron si los estímulos visuales durante la conducción a alta velocidad activaban el sistema dopaminérgico mesolímbico. El sistema dopaminérgico mesolímbico es, simplificando, el circuito del placer y la recompensa de nuestro cerebro.
Hay una zona profunda del cerebro (llamada área tegmental ventral) que produce dopamina. Cuando algo nos emociona, nos da placer o anticipamos una recompensa, esa zona dispara y manda dopamina a otras partes del cerebro. Eso genera la sensación de "querer más" o de excitación.
Claro que no es "solo" dopamina
El sistema de recompensa de nuestro cerebro involucra también la adrenalina y endorfinas. La adrenalina, producida durante situaciones de estrés o excitación, activa la respuesta de lucha o huida del cuerpo: aumenta la frecuencia cardíaca, dilata las vías respiratorias y eleva el estado de alerta. Cuando estas subidas de adrenalina son frecuentes, pueden volverse adictivas.
Después de una actividad intensa, con mucha descarga de adrenalina, como montar en una montaña rusa, no sólo sentimos un mayor bienestar y euforia, sino que también tenemos niveles más elevados de endorfinas en sangre. Y cuanto más altos son esos niveles, más eufóricos nos sentimos.
Así, la adrenalina genera el impacto físico inmediato; la dopamina es el neurotransmisor principal que impulsa el ansia psicológica de repetir la experiencia, mientras las endorfinas se liberan durante la actividad intensa creando alivio natural del dolor y euforia.
Ahora bien, la neurociencia muestra que en las personas en las que la dopamina fluye con más facilidad pueden tener tendencia a querer ir más rápido y a gustarles la velocidad, pero esto no elimina la capacidad de tomar decisiones conscientes. La biología influye, pero no determina el comportamiento de forma absoluta.
El hecho de superar el límite de velocidad legal, o de ir más deprisa de lo que deberíamos en función de la carretera, tráfico, clima, coche y de nuestra propia habilidad, aunque sea dentro del límite legal sigue siendo una decisión voluntaria y, que en muchos casos, puede ser incluso peligrosa para terceros. La biología explica la tendencia, la propensión, pero no excusa el comportamiento.
Imágenes | BMW, Motorpasión, Arshdeep Singh
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