
Un teniente australiano, una fragata española y siete buques repostando para huir de un huracán.
Al pisar la cubierta de la fragata Álvaro de Bazán, Nicholas Newton tuvo la sensación de no haber cambiado de barco. El oficial del destructor australiano HMAS Sydney embarcó en el buque español durante unas maniobras y no tardó en reconocer cada rincón. “Era exactamente el mismo barco que el Sydney”, resumió. No era casualidad, los destructores de la clase Hobart de la Marina australiana derivan del proyecto de las fragatas españolas F-100.
La paternidad del diseño corresponde a Navantia, cuyo proyecto sirvió de punto de partida para el programa australiano, que dio lugar a tres destructores botados en astilleros del propio país. El Sydney, el último de la serie, se incorporó al servicio el 18 de mayo de 2020.
Un barco familiar, una rutina ajena
Newton contó su experiencia en un artículo publicado el 27 de agosto por Navy News, el medio oficial de la Marina australiana. Embarcó en la fragata española durante el ejercicio Pacific Dragon cerca de Hawai como oficial de operaciones del estado mayor multinacional a bordo. Las maniobras se centraron en defensa aérea y antimisiles y reunieron a buques de siete naciones.
La comparación del australiano se limitaba al barco en sí, porque la vida a bordo era otro cantar. “Su día a día era completamente diferente”, reconocía. Una familiaridad parecida vivió el comodoro John Stavridis a bordo de otra fragata española, capaz de operar uno de los motores sin descifrar el idioma de los paneles.
En el caso de los Hobart, Navantia aportó el proyecto, la dirección de la construcción y parte de los equipos y sistemas, mientras que la construcción fue obra del astillero australiano ASC. Eso sí, compartir diseño no equivale a compartirlo todo. El armamento, las capacidades y los procedimientos de las dos armadas presentan diferencias notables.
La defensa aérea es la razón de ser del Sydney. Su núcleo es Aegis, el sistema que enlaza la información del radar con los medios de combate. Según la Marina australiana, en combinación con los misiles SM-2 permite interceptar aviones y misiles a más de 150 kilómetros. Esa misma tecnología está ligada a los ensayos de defensa aérea de la propia Álvaro de Bazán.
El resto del armamento también tiene cabida a bordo, con misiles antibuque, un cañón naval, torpedos y sonares contra amenazas submarinas, además de capacidad para operar un helicóptero de vigilancia y respuesta. La defensa aérea manda, pero el buque es polivalente y puede apoyar a otras unidades en despliegue.
Las maniobras depararon a Newton un imprevisto de calado, un huracán se acercaba y siete buques necesitaban repostar antes de poner rumbo a aguas seguras. Nicholas Newton nunca esperó acabar en un buque de guerra español coordinando el reabastecimiento en plena mar de siete barcos de diferentes armadas con un huracán acercándose. Su paso por la fragata española acabó convirtiéndose, sin proponérselo, en un ejercicio de coordinación ante una emergencia real.
“Hubo algunos momentos de tensión mientras coordinábamos el reabastecimiento en la mar de siete buques y los dirigíamos hacia zonas seguras, eso seguro. Pero también fue una resolución de problemas muy interesante y una gran experiencia”, asegura Newton.
El buque de aprovisionamiento USNS Washington Chambers repostó a los siete buques antes de que el huracán Lala, con vientos de hasta 121 km/h, descargara sobre la zona.
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