
Construir juntos el avión de combate del futuro debía sellar la autonomía militar europea. Ese sueño tendrá que esperar.
Para una potencia industrial, fabricar sus propias armas pesa tanto como poseerlas, porque garantiza su independencia frente a sus aliados. Pero los grandes programas compartidos entre varios países tropiezan regularmente con una cuestión más política que técnica, saber quién manda. El caza europeo de sexta generación, desarrollado por Francia y Alemania con la participación de España, lo ha pagado siendo cancelado.
Francia y Alemania han enterrado el caza de sexta generación, el núcleo tripulado del FCAS, tras siete años de pugna entre Dassault y Airbus. La factura política supera a la técnica y Europa queda partida en tres.
Un divorcio industrial entre Airbus y Dassault
El programa SCAF (Système de Combat Aérien du Futur, o Sistema de Combate Aéreo del Futuro) debía dar a Europa su avión de combate de nueva generación, llamado a suceder a la vez al Rafale y al Eurofighter Typhoon. El NGF (New Generation Fighter), un caza pilotado destinado a encarnar esa ruptura tecnológica, era el corazón del proyecto, pero su desarrolló empezó a acumular retrasos tras retrasos y se quedó atascado durante años. La causa, un pulso entre Dassault Aviation y Airbus por el reparto industrial.
En junio de 2026, el bloqueo se hace oficial y toma un cariz decisivo. Dassault defiende una posición dominante en la fabricación. “Sabemos hacer cazas, llevamos 70 años haciéndolos, podemos hacerlos solos”, ya avisaba en 2025 el CEO de Dassault , mientras Airbus se quejaba del, a su juicio, excesivo dominio de Dassault sobre el proyecto y exigía un reparto estrictamente igualitario entre socios. El desacuerdo, más político que técnico, acabó reventando el equilibrio inicial. Pocos meses después, la cooperación a tres entre Francia (Dassault), Alemania (Airbus) y España (Airbus, INDRA) terminó en fracaso.
Dassault ya se salió en su día del programa Eurofighter y acabó haciendo el Rafale por su cuenta, con el éxito que se le conoce. Treinta años después, el patrón se repite, el socio con más oficio en cazas no acepta ser uno más del consorcio. Para Dassault y Francia era una cuestión de soberanía nacional.
Así, el gran caza común europeo ha muerto, pero no la idea de construir uno. En el salón aeronáutico de Berlín, Alemania y España han lanzado el Team Gen 6, una coalición industrial pilotada por Airbus que recupera lo que se puede salvar del SCAF. Los motores, la nube de combate que debe conectar entre sí los distintos sistemas de armas, los misiles guiados y los drones escoltas de los cazas siguen sobre la mesa; solo la estructura original para el caza propiamente dicho se ha desmoronado.
Para España, el giro cambia las reglas del juego. Relegada hasta ahora al rango de socio menor tras París y Berlín, ve a sus industriales Indra, GMV, ITP Aero y Sener entrar en el núcleo duro del nuevo dispositivo. Del lado alemán, grupos como MTU Aero Engines, Hensoldt, Diehl Defence y MBDA se incorporan al accionariado del proyecto.
Adiós, Francia. Hola, Suecia.
Sin embargo, queda un obstáculo nada menor, ¿cómo pagamos la factura de ese proyecto? Juntas, Alemania y España apenas pueden justificar un programa que se cifra en decenas de miles de millones de euros. El nombre que más se oye para apoyarlas es el del sueco Saab, cuyas necesidades encajan mejor con las de Berlín y Madrid que las del Reino Unido, Italia o Japón, ya comprometidos con su propio aparato, el GCAP.
Suecia, que ya produce el excelente caza ligero y barato Gripen, comparte de hecho la preferencia por un avión más compacto y menos costoso que los mastodontes rivales. Si Berlín, Madrid y Estocolmo acaban poniéndose de acuerdo, podría emerger una tercera vía, distinta de los otros dos proyectos europeo, el francés, con un nuevo Rafale, y el italobritánico del GCAP.
Los ejércitos del continente deben reemplazar sus aparatos actuales entre 2040 y 2045, un calendario que deja poco margen para transformar esta alianza incipiente en un avión real.
Imágenes | Rama, Tiraden
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